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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2018

Por qu se vota a Bolsonaro

Carlos Sixirei Paredes
Ibero Amrica Social


El huevo de la serpiente comenz a incubarse en 2010 cuando Dilma Rousseff sucede a Lula en la jefatura del Estado. Una eleccin que fue aceptada disciplinariamente por el PT pero no entusiasm ni a las bases ni a los electores para quien el hasta entonces ministro de Justicia Tasio Genro reuna ms apoyos y mejores condiciones. Dilma, recibi una gran herencia en forma de apoyo electoral y de excelente situacin econmica. Pero no tardaran en presentarse los nubarrones de la crisis que no fue bien administrada y el PT comenz a perder votos. Ciertamente la figura de Lula concitaba todava muchos apoyos tanto en el Nordeste del pas como entre los sectores sociales ms desfavorecidos la suma de los cuales garantizaba el xito electoral aunque fuera por la mnima. Y por la mnima gan Dilma en las elecciones de 2014 reuniendo en la segunda vuelta el 51,58% de los sufragios frente al 48,42% de su rival el pesedebista Acio Neves.

Para entonces la clase media blanca haba iniciado su rebelin. A los escndalos de corrupcin se sum la mala gestin del Mundial de Ftbol que origin un gasto enorme, muy superior al previsto anteriormente, con estadios que se entregaban con considerable retraso, exigencias leoninas por parte de la FIFA y todo tipo de corruptelas, algo no solo inevitable, sino congnito en el mundo de relaciones que en Brasil existen entre administraciones pblica y empresarios, y esto al margen de quien gobierne y que ocurrira igualmente si en Brasilia hubiera un gabinete de arcngeles.

Los resultados de las elecciones presidenciales resultaron un claro mensaje para la derecha: Dilma, aunque ganadora, haba salido muy debilitada. Incluso los aliados del gobierno, y muy especialmente el conservador PMDB, olieron sangre. La veda se haba abierto para tumbar a una presidenta que reuna las condiciones para su expulsin: ser mujer y ser de izquierdas.

La campaa de acoso y derribo que se abri alentada por la prensa opositora que era casi toda, encontr terreno abonado en la clase media urbana, blanca y meridional, fundamentalmente las clases medias carioca y paulista que protagonizaron en aquellos aos las mayores protestas y las ms amplias movilizaciones.

Esta clase media, que se haba beneficiado de las polticas econmicas y del crecimiento econmico de la segunda presidencia de Lula, no estaba dispuesta a aceptar que se haba acabado la fiesta. Y como la crisis ya no permita las alegras consumistas de aos anteriores, se volvi no solo contra el gobierno sino tambin contra los sectores sociales que lo apoyaban. De pronto comenzaron a surgir y a multiplicarse gestos de racismo, xenofobia e intolerancia poltica. Lo ocurrido con el fenmeno rolezinho en las Navidades de 2014 result muy ilustrativo. Jvenes de la periferia, especialmente negros, invadan con su msica y su jolgorio los centros comerciales de lujo, no con la intencin de armar escndalo, sino de comprar. Y la clase media se sinti atacada en uno de sus smbolos ms identitarios: el consumo. Gracias a las ayudas estatales, los pobres podan viajar en avin, podan ahorrar algn dinero y entrar en lugares antes vedados hasta como objetos de deseo. La clase media estaba pagando con sus impuestos que los pobres invadieran aeropuertos, shoppings y cafeteras. Y hasta ah no estaba dispuesta a llegar. Comenz la sublevacin y comenz la crtica enfurecida hacia unos programas sociales que solo servan para mantener vagos y delincuentes a cuenta del dinero de la sufrida mesocracia.

De eso a la cada de Dilma no medi mucho. Dilma fue condenada por haber hecho un cambio contable en una partida de los presupuestos del Estado, prctica habitual en Brasil al menos desde 1990 sin que nunca nadie dijera nada. No lo fue por corrupcin, aunque estaba rodeada de oleadas de escndalos que por entonces ya afectaban a su mentor, Lula. La corrupcin a lo grande vino con su sucesor Temer, que contina al da de hoy ocupando su despacho en Brasilia sin que nadie haya movido un dedo para echarlo.

Un personajillo sin mayor trascendencia poltica como el ex militar, ex catlico y ex casi todo llamado Jair Bolsonaro, vio la onda y por donde iban los tiros del sentimiento de la clase media a propsito del impeachment a Dilma, y se subi al carro con todo el apoyo del evangelismo detrs. Y de sectores catlicos de extrema derecha tambin. Lo que poda parecer ridculo acab convirtindose en una realidad explosiva. La clase media brasilea se mir en Trump. En Estados Unidos la eleccin de tan bufonesco personaje no trajo, hasta el momento, el apocalipsis anunciado. Por el contrario, el matonismo daba sus frutos: ver la negociacin del TLC y como se hizo, a travs de un trgala; ver lo nunca visto, al presidente de Corea del Norte solicitando y resolicitando entrevistas con el lder norteamericano: ver el choque comercial con China y con la UE sin pararse a analizar las posibles consecuenciasTodo ello era una invitacin a hacer lo mismo. Y como no haya un milagro de ltima hora es lo que se va a hacer al menos en trminos de poltica interna y, hasta donde se pueda y lo dejen, en poltica externa. A todo ello cabe aadir que Bolsonaro no es un fascista. Le falta ideologa, le falta el proceso intelectual y doctrinal que lleva a plantear un proyecto poltico como es el fascismo. Bolsonaro es simplemente un ejemplo fantstico del gorilismo militar de los aos sesenta y setenta del siglo pasado. Su discurso simplista, ofensivo y machista enamora a sus seguidores que se sienten identificados con las soluciones a la violenta, con las respuestas fciles y rotundas aunque sean completamente falsas y con el palo y tente tieso como blsamo de Fierabrs para enderezar Brasil. Y luego hay otros que lo siguen por asco, por cansancio y por desesperacin.

En un tan pattico como intil llamamiento, Manuel Castells se diriga no ha mucho a travs de las redes a los intelectuales del mundo para intentar frenar lo que ya parece que es inevitable. Hace bien en dirigirse a los del mundo. A los de Brasil resultara una prdida de tiempo. Los intelectuales que giran en torno al PSDB y a Fernando Henrique Cardoso por ejemplo, mirarn con repugnancia a Bolsonaro (ay, la droite divine! que tambin existe) pero se van a guardar muy bien de oponerse a la marea que viene. Y los de izquierda llevan una dcada discutiendo de si son galgos o podencos. La izquierda representada por el PT y los movimientos de concienciacin social suscitan odios africanos y con el llamamiento a la violencia se ha abierto el camino para que cualquier ciudadano comn se tome la justicia por la mano y ataque a comunistas y no solo verbalmente. Y hasta donde se puede llegar en esta espiral loca ya hace a algn tiempo que qued claro. Brasil hoy es un casi Berln 1933. El teln est a punto de caer sobre la democracia. Y no se necesita Gestapo. Es suficiente la triple alianza de bala, buey y biblia.

Carlos Sixirei Paredes es profesor de la Universidad de Vigo, autor de El Brasil de Vargas (Madrid, 1988) y Un modo de ver las cosas. La imagen periodstica del Brasil de Lula a travs del diario El Pas (Vigo, 2017).

Fuente: https://iberoamericasocial.com/bolso-mito-razones/



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