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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2018

Sobre el dinero (I)

Alfredo Apilnez
Rebelin


Los mitos de la ortodoxia: el dinero-lubricante

Hay que preguntarse si la economa pura es una ciencia o si es alguna otra cosa, aunque trabaje con un mtodo que, en cuanto mtodo, tiene su rigor cientfico. La teologa muestra que existen actividades de este gnero. Tambin la teologa parte de una serie de hiptesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal slidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, es con eso la teologa una ciencia? (Antonio Gramsci)

No debiera resultar difcil concitar acuerdo unnime acerca de la consideracin del dinero como el elemento ms importante de la vida social. En su extraordinario fresco del mundo econmico precapitalista, el reputado maestro de la escuela de los Annales, Fernand Braudel, recoge la lapidaria sentencia de Scipion de Gramont: El dinero, decan los siete sabios de Grecia, es la sangre y el alma de los hombres y aqul que no lo tiene es un muerto que camina entre los vivos. Similar dramatismo desprende la famosa cita marxiana : El dinero, en cuanto tiene la propiedad de comprarlo todo, de apropiarse de todos los objetos, es, pues, el objeto por excelencia. Es la alcahueta entre la necesidad y el objeto, entre la vida humana y su medio de subsistencia.

En el tiempo transcurrido desde tan descarnadas afirmaciones, el vil metal ha penetrado, en una escala sin precedentes, en todos los aspectos de la reproduccin social. No deja por tanto de resultar pasmosa, como seala la economista postkeynesiana Ann Pettifor, autora del best seller La produccin del dinero, la ignorancia entre los usuarios del poderoso caballero acerca del papel neurlgico que juega en los engranajes de la maquinaria econmica que determinan sus propias condiciones de vida: Una de las constataciones ms impactantes de la ltima fase de la evolucin del capitalismo es la total incomprensin de la naturaleza del dinero en nuestras sociedades.

Dirase pues que no hemos avanzado mucho en el conocimiento comn sobre la materia pecuniaria desde la irnica reflexin de un arbitrista francs del siglo XVII, recogida por el historiador marxista, experto en historia monetaria, Pierre Vilar : Como la justicia, la moneda es una necesidad de todos; tiene que inspirar confianza a todos; posee el mismo valor en el bolsillo del pobre que en el del rico; la nica diferencia est en la cantidad (sic). Hasta ah todos estaramos sin duda de acuerdo. Pero qu ocurre cuando escarbamos un poco ms all del conocimiento trivial sobre el objeto por excelencia? Un pramo de confusin y falsos mitos se extiende ante nosotros. En ninguna poca ha sido mayor el contraste entre la relevancia del dinero en la financiarizada vida cotidiana y la incomprensin de los mecanismos de su creacin y de las funciones que desempea en las calderas de la sala de mquinas del capitalismo neoliberal. Tratndose de un elemento tan relevante para una ciudadana endeudada y bancarizada hasta las cejas el 96% de la poblacin tiene algn tipo de producto bancario- un mayor conocimiento sobre el particular parecera sin duda ms apropiado. La cosa empeora an ms cuando se constata que la ofuscacin y las falsedades acerca de la cuestin monetaria campan por sus respetos entre el respetable.

Segn los resultados de una encuesta promovida por el Cobden Centre , organizacin britnica en pos del dinero honesto y el progreso social, alrededor del 61% del pblico sostiene la idea de que los bancos son simples intermediarios que canalizan el ahorro hacia los esforzados emprendedores y una proporcin similar cree que el dinero lo crea el Estado o un banco pblico la poderosa metfora de la impresora de billetes-. Nada ms lejos, en ambos casos, de la realidad. Cmo explicar pues que un asunto que concierne, de forma perentoria, a la totalidad de la poblacin concite asimismo tales niveles de confusionismo? A qu achacar el grueso velo de misterio y mistificacin que cae sobre lo que es una imperiosa necesidad de todos? Quizs la confidencia del magnate criptofascista Henry Ford no anduviera tan desencaminada: Si la gente entendiese cmo funciona nuestro sistema financiero, creo que habra una revolucin antes de maana. Pettifor avanza una hiptesis similar acerca de tan sorprendente fenmeno: esta incomprensin se deriva de los esfuerzos deliberados del sector financiero para oscurecer sus actividades con el objetivo de mantener su omnipotencia. Bum! El elemento esencial de la vida econmica queda totalmente excluido del debate pblico y alejado del escrutinio de sus propios usuarios para preservar los turbios privilegios del sistema financiero global? No se trata obviamente de una tesis peregrina pero, podemos contentarnos con una hiptesis de clara estirpe conspiratoria? Habr alguna causa ms profunda que explique el apagn generalizado en el conocimiento ciudadano acerca de las formidables implicaciones del hecho monetario?

El asombro que produce el fenmeno en una sociedad sojuzgada, para ms inri, por la dependencia de las finanzas que, a travs de la deuda a muerte , condicionan las decisiones claves de consumo e inversin de familias y empresas- se reduce enormemente al indagar en la visin cannica sobre el funcionamiento de la banca y la naturaleza y las funciones del dinero que puebla todos los textos acadmicos de la teora econmica ortodoxa. El xito abrumador del empeo de oscurantismo monetario sera pues imposible sin la activa complicidad de la disciplina reforzada con sus potentes altavoces poltico-mediticos- cuya funcin principal sera precisamente iluminar los intrincados engranajes que acciona la maquinaria financiera en las economas modernas. Valgan, como botn de muestra de la manera en la que se atizan los mitos populares sobre la creacin de dinero, las siguientes declaraciones de Milton Friedman , el pope del monetarismo, la doctrina en boga en la profesin, en las tribunas mediticas y aunque ahora se considere de buen tono renegar sonoramente de sus rgidos y crueles preceptos- en los altos despachos de los banqueros centrales: La funcin mayor de la Reserva Federal es determinar el suministro de dinero. Tiene poder para aumentar o disminuir el suministro de dinero de todos los modos que ella escoge. El hecho de que actualmente el 97% del circulante en las economas desarrolladas sea dinero-deuda fabricado por la banca privada ilustra la magnitud de la falacia cometida -sin duda con pleno conocimiento de causa- por el alma mater de los Chicago boys, el economista ms influyente del ltimo medio siglo. El heterodoxo John Kenneth Galbraith , autor de un ameno texto divulgativo sobre la historia del poderoso caballero, resalta el trasfondo del cambalache: El estudio del tema del dinero, por encima de otros campos econmicos, es el tema en el cual la complejidad se utiliza para disfrazar la verdad o para evadirla, en vez de revelarla.

En qu consiste la grosera deformacin del funcionamiento del sistema financiero y la naturaleza del dinero perpetrada por el paradigma terico que la curia de la iglesia neoclsica disemina por todos los foros y plataformas mediticas sobre la ignara ciudadana? La respuesta no puede dejar de producir perplejidad: para la escuela marginalista -neoclsica y para su descendiente bastardo, el monetarismo friedmaniano- el dinero y la deuda son cuestiones accesorias, innecesarias en la descripcin del sistema econmico, en la asignacin de los recursos productivos y en el funcionamiento de los mercados de bienes y servicios. Aunque pueda resultar increble para un profano, como refiere el economista Jordi Llanos , el dinero y el sistema financiero carecen de importancia para el paradigma dominante, que slo se preocupa por describir de forma trivial sus funciones en la circulacin. As pues, para la ortodoxia, el dinero no importa en la determinacin de las variables econmicas bsicas. Se trata de un elemento exgeno y neutral, sin influencia en los aspectos reales, como la produccin y el empleo, y totalmente ignorado en los sofisticados modelos que describen los sacrosantos equilibrios en los mercados y la determinacin de los precios relativos. El economista britnico John Stuart Mill , ms conocido por sus teoras poltico-morales que por el rigor de sus anlisis econmicos, resume elocuentemente la posicin oficial: En resumen, no puede haber una cosa intrnsecamente ms insignificante (sic) en la economa de la sociedad que el dinero: un artilugio para ahorrar tiempo y trabajo. Es una mquina para hacer rpida y cmodamente lo que se hara, aunque de manera menos rpida y cmoda, sin ella. No resulta pues extrao que, tratndose de algo tan insignificante, no se considere necesario profundizar en el conocimiento de su papel en la vida econmica y pueda desaparecer alegremente del debate pblico y del conocimiento comn.

No siempre ha sido as. El dinero y con l, el otro elefante en la habitacin de la ortodoxia neoclsica: la generacin del excedente y el origen del beneficio empresarial- ha sido un elemento significativo en el anlisis econmico a lo largo de la historia: Petty, Quesnay, Ricardo, Marx, Schumpeter, Fisher y Keynes, entre otros, han considerado el dinero como un engranaje fundamental en el funcionamiento del motor econmico del circuito monetario de produccin que es el capitalismo. El lema el dinero importa opuesto a la insignificancia del numerario para la ortodoxia- en el funcionamiento de la sala de mquinas del sistema podra ser un mnimo comn denominador de las posiciones heterodoxas postkeynesianas y marxistas e incluso en algn ilustre representante del mainstream como Knut Wicksell -. Que una afirmacin de este tenor, considerada una obviedad por cualquier lego en la materia, sea la marca de la heterodoxia en teora econmica, frente al axioma de la neutralidad postulado por el credo neoclsico, da una idea del nivel de enajenacin alcanzado por la teora dominante. Las investigaciones acerca de la naturaleza del dinero y la riqueza provocaron en todas las pocas ros de tinta y violentas polmicas. La contundente cita de Aristteles base de su clsica distincin entre economa y crematstica- sirve de marco para las discusiones escolsticas sobre el fenmeno monetario: El tipo ms odiado, y con mayor razn, es la usura, que extrae provecho del dinero mismo, y no de su objeto natural. Pues el dinero se cre para emplearse en intercambios, y no para crecer con intereses el dinero no engendra dinero-. Toms de Mercado y el resto de los arbitristas espaoles del siglo XVI, obsesionados con la investigacin acerca de la relacin entre la llegada masiva de metales preciosos americanos y los infaustos males de Espaa; los clsicos de la filosofa moderna Hume, Locke o William Petty-, con sus disquisiciones en torno a la teora cuantitativa y la relacin entre la abundancia de circulante y la malhadada inflacin, o las interminables disquisiciones teolgicas sobre la usura y la prohibicin del inters, inseparables del desarrollo de la banca moderna en los albores de la reforma protestante, muestran palmariamente que las reflexiones acerca del fenmeno monetario y sus interrelaciones con la produccin, la riqueza de las naciones y los niveles de precios dominan los albores de la economa poltica. Pierre Vilar ilustra con una ancdota la virulencia de las disputas monetarias: en la novela picaresca El diablo cojuelo se describe a un arbitrista, tan absorto en su obsesin por la inflacin galopante en la que se ahoga la Espaa del siglo de Oro, que se ha vaciado un ojo con su pluma pero sigue escribiendo sin haberlo notado.

Todava en una fecha tan tarda como 1658, un siglo despus de que se aceptara el cargo del ignominioso inters como algo legalmente aprobado y socialmente aceptado, se declara oficialmente en los calvinistas Pases Bajos que las prcticas financieras slo estarn sujetas al poder civil. Como ironizaba, segn relata Vilar, el Primer Ministro britnico Gladstone, en medio del fragor de los debates sobre la poltica monetaria en los albores de la revolucin industrial inglesa: En un debate parlamentario sobre las Bank-Acts de Sir Robert Peel, introducidas en 1844 y 1845, Gladstone haca notar que la especulacin sobre la esencia del dinero haba hecho perder la cabeza a ms personas que el amor.

El bello smil, con el que define el papel del dinero en la economa moderna el historiador francs -uno de los fundadores de la escuela de los Annales Marc Bloch, nos sirve de somero resumen de las mltiples aristas del fenmeno monetario: se tratara de algo as como un sismgrafo que, no contento con indicar los terremotos, algunas veces los provocase. Magnfica sntesis.

Inflacin: la coartada perfecta

La inflacin es una enfermedad, una peligrosa y a veces fatal enfermedad que, si no es controlada a tiempo, puede destrozar una sociedad (Milton Friedman)

Cmo se ha llegado, precisamente cuando el dinero -junto con su madrastra, la deuda- se ha convertido, en una economa financiarizada en una escala sin precedentes, en el primum mobile de la vida econmica, a la formidable deformacin de su neurlgica funcin llevada a cabo por los usurpadores de la ciencia lgubre de los clsicos?

La fenomenal maniobra de ocultacin tiene su origen en el relato mtico primigenio, omnipresente en los manuales de cabecera de la corriente dominante, que constituye la visin cannica sobre la evolucin econmica de nuestra laboriosa especie: la natural propensin al intercambio y a la divisin del trabajo del homo oeconomicus , hilos conductores del desarrollo del comercio y de la produccin de mercancas para la satisfaccin de las insaciables necesidades humanas. En los albores del capitalismo industrial britnico, el fundador de la economa poltica moderna, el escocs Adam Smith , sienta las bases de la fbula destinada a la entronizacin del capitalismo como el destino ineludible de la evolucin natural de las sociedades primitivas: el ser humano tiene una inclinacin natural a intercambiar. En esta mitolgica configuracin socio-histrica, construida anacrnicamente a imagen y semejanza del sujeto econmico funcional al capitalismo naciente, se inserta como anillo al dedo la concepcin del dinero-mercanca-medio de cambio, que funge como mero agilizador de las transacciones (como vehculo para transportar el valor de las cosas, deca el economista clsico, John Babtiste Say, autor de la homnima ley que fue objeto del despiadado ataque de Marx y Keynes). Se degrada pues el dinero a la condicin de velo, cuyo fulgor no hace sino ocultar los mecanismos reales que determinan las magnitudes econmicas precios relativos y cantidades de equilibrio en los beatficos mercados- y la equitativa distribucin de la renta entre los afanosos participantes en el libre juego de la oferta y la demanda. La fbula del origen del dinero como medio de superacin del trueque, tan funcional a la idlica descripcin del capitalismo como un sistema de produccin e intercambio de bienes y servicios progresivamente perfeccionado y autorregulado la mano invisible de Smith- para la satisfaccin de necesidades a travs de la divisin del trabajo fue definitivamente entronizada en el panten marginalista tras la mutacin radical de la disciplina acaecida en la dcada de 1870. Carl Menger, fundador de la rama austriaca del marginalismo, que desembocar en los delirios libertarianos de la poderossima secta de Mont Pelerin de Hayek y Friedman -falsa heterodoxia que, bajo un manto de radicalismo e iconoclastia, comparte los postulados bsicos de los apologistas del capital-, resume el dogma hegemnico en un famoso panfleto : El dinero no ha sido generado por la ley. En sus orgenes es una institucin social y no estatal ligada al intercambio. De hecho, esta teora deduce la existencia de un primitivo mundo idlico las famosas robinsonadas , objeto de la mofa implacable de Marx- en el que surge la propensin natural al intercambio slo a partir de consideraciones lgicas y abstractas, sin considerar en ningn momento la informacin proporcionada por el registro histrico y arqueolgico. La conclusin de Menger tiene un intenso regusto a peticin de principio: Por eso los seres humanos, con creciente conocimiento de sus intereses, sin convencin ni compulsin legal, ni consideracin por los intereses generales, empezaron a intercambiar sus mercancas por los bienes ms vendibles. Por lo tanto, el dinero es el resultado espontneo, no premeditado, de esfuerzos individuales de los miembros de la sociedad. Es lo que expresa, en una actualizacin del mito marginalista al paradigma neoclsico actual, la famosa sentencia de Samuelson y Nordhaus: el dinero no se busca por s mismo, sino por las cosas que se pueden comprar con l.

Y qu decir del papel del Estado, omnipresente desde los tiempos babilnicos, con sus perentorias exigencias fiscales en numerario, causa recurrente de revueltas sociales a lo largo de la historia? O de los prestamistas de todas las pocas, con su permanente trfico de ttulos de crdito y mltiples signos monetarios y unidades de cuenta para el registro y el pago de las deudas? Silencio sepulcral. Alfred Marshall , gran valedor de la ortodoxia a finales del siglo XIX su cannico manual, con mnimas modificaciones, sigue siendo la base del catecismo inculcado en todas las facultades de economa- populariz definitivamente el smil del dinero-lubricante que resume la postura oficial sobre el poderoso caballero: Puede, pues, compararse al aceite necesario para que una mquina funcione fcilmente. Una mquina no puede funcionar a menos que se engrase, de lo que un novicio pudiera inferir que cuanto ms aceite se ponga mejor funcionar, pero, en realidad, si se pone ms aceite del necesario la mquina quedar obstruida. Esta msica celestial, propalada machaconamente desde todas las tribunas mediticas y presente en todos los manuales con los que se lava el cerebro a los cachorros de economistas, es la principal responsable del velo de misterio e ignorancia popular que cubre todas las cuestiones relacionadas con el objeto por excelencia. El anlisis de la naturaleza del dinero y la deuda y su interrelacin con la progresiva financiarizacin del sistema de la mercanca corri el mismo destino que el estudio del origen de la ganancia del capital, condenado al ostracismo junto con la teora objetiva del valor trabajo, pilar de la economa poltica clsica desde Adam Smith. En la idlica nebulosa de los equilibrios de los modelos neoclsicos, la impureza monetaria fue extirpada en el cannico modelo de equilibrio general de Walras , el numerario representa nicamente la vara de medir que permite la comparacin de precios y cantidades de equilibrio- en aras de la perfeccin de la modelizacin matemtica caracterstica de la economa vulgar as descrita por Marx por su empeo en borrar cualquier referencia a la teora clsica del valor y la distribucin de la renta que pudiera contaminar de contenido social la asptica fbula marginalista-. Como concluye el economista poskeynesiano Steve Keen en su notable obra La economa desenmascarada, una demoledora crtica de los fundamentos de la ortodoxia, esta ligera omisin pone a la economa neoclsica fuera de la realidad: si ests construyendo un modelo sin dinero, no ests modelizando el capitalismo. Esteban Cruz Hidalgo , uno de los mayores adalides de la teora monetaria moderna, en cuyo seno recalan en la actualidad los ms conspicuos reformistas monetarios, refleja la omnipresencia de la doctrina dominante: Esta postura constituye la visin predominante sobre el dinero en los manuales de macroeconoma, los cuales mantienen con profusin el legado histrico y artificial del dinero-mercanca y del patrn oro, lo que entendemos es un fatal malentendido para la comprensin de la importancia del dinero para la produccin, y por tanto, para el empleo. No se trata, sin embargo, de un fatal malentendido. Tal deformacin de un elemento esencial del funcionamiento del modo de produccin capitalista no es en absoluto absurda ni inocente, sino que tiene unas implicaciones polticas e histricas de enorme calado.

El antroplogo britnico David Graeber, autor de un monumental estudio histrico sobre el dinero, En deuda , donde defiende la tesis del origen y evolucin de los usos del dinero principalmente como unidad de cuenta para el pago de obligaciones e impuestos, describe, con suma perspicacia, las nada inocentes implicaciones polticas del mito del dinero-lubricante: Es esta concepcin la que nos permite continuar hablando sobre el dinero como si fuera un recurso limitado como la bauxita o el petrleo, para decir simplemente no hay suficiente dinero para financiar programas sociales y para hablar de la inmoralidad de la deuda gubernamental o del gasto pblico. La obra de Graeber -y de los economistas de la teora monetaria moderna como Randall Wray apunta, en las antpodas del relato cannico, a un origen estatal del dinero, refrendado por un apabullante aparato probatorio basado en el registro histrico-antropolgico. La relevancia del dinero metlico-mercanca, en comparacin con cualquier signo monetario aceptado por la comunidad como reflejo de las obligaciones contradas, queda pues enormemente reducida: el mercado primitivo no sera un espacio para el trueque ni el ncleo central de las relaciones econmicas, como postula la msica celestial marginalista-neoclsica, sino un lugar para la obtencin de los medios de pago de las deudas contradas con el Estado y entre particulares.

Ah reside el quid de la cuestin: el relato mitolgico no se sustenta por s mismo sino por su papel legitimador de la poltica del capital y de su funcin encubridora de la autntica naturaleza del dinero y de la deuda en la fase actual del capitalismo neoliberal. El hecho pasmoso es que la doctrina dominante pone slo el acento en el control del dficit y la deuda pblicos, en su ardoroso afn por prevenir la ominosa inflacin, ignorando olmpicamente el papel crucial de la enorme pirmide de deuda privada en la gestacin de las burbujas de activos causantes, sin ir ms lejos, del colapso de la ltima dcada. Pero las fbulas incorporadas al acervo popular mantienen su poder persuasivo ms all de la refutacin racional. Cualquiera puede aceptar, y as se ha inoculado en el inconsciente colectivo como algo a todas luces evidente, que si el dinero es el lubricante de los intercambios, al echar demasiado, cul si de una biela se tratara, la mquina quedar obstruida. En el captulo titulado Cmo curar la inflacin? de su exitosa, y profundamente manipuladora, serie televisiva Libre para elegir el apstol de la ortodoxia monetarista Milton Friedman se recrea apareciendo repetidas veces con la impresora que fabrica los dlares en la cmara acorazada de la Reserva Federal- en la idea del dinero como stock, que se vuelca irresponsablemente a la circulacin por el gobierno despilfarrador provocando inflacin el peor de los males- y miseria rampantes. Existe pues un hilo conductor entre el mito ortodoxo del dinero-lubricante y las polticas del austericidio neoliberal. Las pertinaces patraas acerca de la consolidacin fiscal y la acuciante necesidad de reduccin del dficit, esgrimiendo el espantajo de la inflacin como herramienta disciplinaria, encajan a la perfeccin con las leyendas inoculadas en la sabidura popular. Al relacionar el dinero nicamente con la circulacin sosteniendo, contra toda evidencia, la irrelevancia e inocuidad de la deuda privada en la generacin de actividad econmica, al considerar a los bancos como meros intermediarios que canalizan el ahorro hacia la inversin-, resulta evidente que si se vierte demasiado al cauce de los intercambios, no hay otra cosa que el caudaloso flujo pueda hacer salvo desbordarse. No resulta un razonamiento de una lgica aplastante? Cmo negar el irresistible atractivo del sano sentido comn de la identificacin del Estado con una familia que ha de apretarse dolorosamente el cinturn despus de los excesos cometidos? Recordemos que la sacrosanta estabilidad de precios sigue siendo el target primordial de toda la banca central actual con el integrista BCE en posicin destacada- y la coartada omnipresente para estigmatizar las polticas redistributivas de estirpe keynesiana. El economista Marco Antonio Moreno resume el punto esencial del trampantojo inflacionario: El control de la inflacin ha sido la trampa del modelo econmico vigente. Y, como muestra de ello, basta revisar los datos de la distribucin del ingreso en todos los pases que han seguido la norma: en todos se ha ampliado la brecha entre ricos y pobres, con la omnipresente coartada del cuidado de los precios. El deletreo pero irresistible influjo de tales planteamientos recuerda a las palabras de Keynes sobre la descarnada aspereza de la ciencia lgubre de Ricardo y Malthus, dos de los padres de la economa clsica: Que sus conclusiones aplicadas a la realidad sean austeras y desagradables le confiere una virtud moral. Que presente muchas injusticias sociales y otras crueldades evidentes la justifica como el inevitable tributo a pagar para proseguir en la marcha hacia el progreso. Que provea ciertas justificaciones a la actividad del capitalismo individual le permite obtener el apoyo de las fuerzas sociales dominantes agrupadas en apoyo de dicha autoridad.

Evitemos pues, como destaca Clarke , caer en la trampa de entrar en una discusin cientfica honesta de los fundamentos de la fbula monetarista pues ello slo supondra atribuir muchsima coherencia y poder a teoras que sirven ms para legitimar que para guiar la prctica poltica. Las ideas del monetarismo son importantes pero su importancia es ideolgica, proporcionando coherencia y direccin a las fuerzas polticas que poseen races ms profundas.

Legitimar la poltica del capital en la fase neoliberal y esconder bajo siete llaves la funcin real de las finanzas en la sala de mquinas del sistema deviene pues la agenda oculta tras el mito del dinero-lubricante y su correlato poltico neoliberal-monetarista basado en el ataque al Estado del bienestar a travs del espantajo inflacionario. Un somero recorrido por el desarrollo histrico del sistema financiero moderno, mostrando su progresiva adaptacin a las necesidades de rentabilidad del capitalismo crecientemente financiarizado, mostrar la enorme utilidad del relato hegemnico en pos de camuflar los dos motores que propulsan actualmente la acuciante bsqueda de la rentabilidad del sistema de la mercanca: la creciente explotacin del trabajo y el uso del poder colosal que proporciona el control privado de la generacin de dinero-deuda como matrices de la, crecientemente degenerativa, pugna por la reproduccin del sistema.

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2018/11/04/sobre-el-dinero-i/


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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