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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2018

Francia
Represin sin precedentes que no resuelve la crisis

Guillermo Almeyra
Rebelin


El gobierno de los multimillonarios, ante el resultado para l alarmante de la manifestacin en Pars del 1 de diciembre, hizo todo lo posible para atemorizar a la poblacin diciendo que este 8 de diciembre, en el acto 4 del conflicto con los Chalecos Amarillos, stos iran a Pars para destruir y matar.

Inculc adems pnico entre los policas, que pidieron que interviniera el ejrcito, y estimul el cierre y el acorazamiento de todos los negocios de los Champs Elyses, moviliz 89 mil robotcops y los blindados de la Gendarmera y, cuando estall el movimiento de los estudiantes secundarios (los lycens), los reprimi con detenciones masivas y teniendo esposados y de rodillas o arrodillados con las manos sobre la cabeza a decenas de adolescentes entre 12 y 15 aos. Macron prepar as la opinin pblica para una grave restriccin de la libertad de manifestar y de las libertades democrticas y para una militarizacin del territorio.

Pars desde hace 50 aos es una vitrina para el turismo de lujo, una ciudad conservadora y rica, un nuevo Versalles ajeno a la vida cotidiana de los franceses. Esa ciudad hostil y carsima que expuls a los obreros, los artesanos, el pequeo comercio, los estudiantes pobres, los trabajadores en general a los suburbios mucho menos caros donde ellos se mezclan hoy con los desocupados, los trabajadores inmigrados y los bajos fondos.

La Francia popular que vive en las zonas rurales o en las ciudades medias donde las clases todava estn entremezcladas aunque en barrios diferentes no tiene nada que ver con ese Pars al que ahora trata de rescatar para cambiar el rumbo del pas. Esa Francia profunda recuerda y reclama los Estados Generales y los Cuadernos de Reivindicaciones que precedieron la Revolucin Francesa en 1788 y, en las ciudades medianas como Narbonne, Marsella, Lyon- recuerdan tambin las insurrecciones de 1830, 1848 y la Comuna de Pars, que intentaron replicar, o 1936 y 1968, con sus grandes conquistas. Es una Francia que sabe que las conquistas se logran en la calle, no en las negociaciones en fro. El ex banquero Macron no comprende que en el ADN del pueblo francs estn sobre todo las insurrecciones populares. Como mira hacia las clases dominantes y la alta pequeoburguesa, que aoran la monarqua, sus oropeles y sus modales, cree poder moverse como un nuevo Bonaparte. Olvida que el pueblo francs de a pie no toma como modelo al Antiguo Rgimen sino a los sansculottes que cortaron la cabeza al rey, parsito y traidor a la Nacin trabajadora.

Al dejar fuera de juego a las municipalidades del norte (organizadas como comunas) o del sur (que fueron muchas veces repblicas independientes), prescinde brutalmente de instrumentos de mediacin, de amortiguadores sociales. Como no tiene un partido sino un mero instrumento electoral transitorio y, adems, pasa por encima del Parlamento y hasta de sus ministros, tampoco tiene contacto con los electores y las lites locales.

Con su desprecio por la gente y su arrogancia, termin as por reunir a todos contra su persona: desde los jueces, abogados, guardia-crceles y alcaldes hasta los trabajadores industriales, de los servicios (transporte, escuelas, sanidad), los jubilados, cuya situacin empeor, y los empleados pblicos, pues amenaza con despedir 150 mil. Polticamente, se opone a la derecha y la extrema derecha, que son nacionalistas y estn contra la Unin Europea, al centroizquierda (Verdes y socialistas) y a los comunistas y los socialistas ms radicales de la Francia Insumisa.

Ahora debe hacer frente a una crisis econmica que l provoc, a una crisis social profunda y a una crisis poltica que debe enfrentar sin nadie atrs, ni partido, ni popularidad (que cay al 25 por ciento). Su nica carta fuerte consiste en que los Chalecos Amarillos recin ahora estn coagulando sus reivindicaciones econmicas y polticas heterogneas y carecen de organizacin y de dirigentes polticos capaces de orientar el movimiento hacia una alternativa democrtica al rgimen y social al sistema capitalista recuperando la vieja solidaridad obrera, las soluciones colectivas y el odio al Estado que el comunismo de Maurice Thorez y Stalin o la socialdemocracia de Len Blum, Franois Mitterrand y Franois Hollande trataron de enterrar.

Qu puede hacer Macron cuando cada sbado tendr una nueva oleada de Chalecos amarillos en Pars? Ya tuvo que ceder con el impuesto al disel y varios de sus proyectos y, si quiere ser por lo menos escuchado, deber conceder de inmediato un aumento salarial concreto y anular sus planes ms impopulares. Podr intentar salvar la cara y no reintroducir el impuesto a la renta dirigido contra los muy ricos, pero deber recurrir a tasas a las empresas que reemplacen los impuestos indirectos a todos los trabajadores que deber eliminar. No podr seguir defendiendo al gran capital diciendo al mismo tiempo que no es ni de izquierda ni de derecha porque quien trata de sentarse entre dos sillas se da un porrazo.

Con el odio popular que se ha granjeado deber ahora enfrentar la rabia de los capitalistas, que se sentirn engaados y traicionados. Adems, el movimiento de los Chalecos Amarillos es contagioso y en Blgica, Holanda y Bulgaria ya est activo en medio de una crisis que amenaza a la U.E., con la Merkel que se va y con su propio prestigio por los suelos y en una economa mundial al borde de una nueva precipitacin como la de 2008 de la cual Francia comenzaba a levantarse, y tambin al borde de una profunda crisis ambiental mundial con riesgos, por si fuera poco, de guerra atmica.

Macron pudo llegar al gobierno aprovechando la profunda derrota de los trabajadores y su debilitamiento por la desindustrializacin desde los aos 90. Ahora involuntariamente prepara las bases para la reconquista del terreno perdido por los oprimidos y un nivel de conciencia superior de stos que recurrir a la memoria profunda popular y a las grandes tradiciones histricas de Francia. Entramos en un perodo confuso y peligroso pero que podra ser tambin prometedor.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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