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(defendiendo el libre mercado)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2018

Historia de un naufragio anunciado

Arturo Borra
Rebelin


La fosa del Mediterrneo

Poner cifras a las muertes recurrentes que se producen en el Mediterrneo es una tarea difcil pero necesaria para dimensionar en cierta medida la magnitud del desastre que se est produciendo ahora mismo en las puertas (entrecerradas) de Europa. Los muertos, sin embargo, no son meras cifras. Son vidas interrumpidas de forma abrupta, prdidas irreparables, contadas en varios miles cada ao, que nunca tendrn oportunidad de arribar a la orilla de sus sueos, aunque las cifras mismas corran el riesgo de convertirse en una simple abstraccin, despojada del contenido dramtico que eso supone tanto paras las familias que quedan atrs como para los que perecen en esa ruta mortfera. Lo cierto es que las vctimas se multiplican: segn la Organizacin Internacional para las Migraciones (OIM), ms de 17000 seres humanos han perdido la vida en los ltimos 3 aos en su intento de arribar al continente europeo. Las estimaciones, sin embargo, son mnimas. Si repasamos la informacin proporcionada por el Proyecto de Migrantes Desaparecidos (Missing Migrants Project), estas estimaciones solo tienen en cuenta las muertes que se producen en trnsito. Y, por si fuera poco, las estadsticas nada pueden decirnos sobre aquellos cuerpos desaparecidos que jams sern identificados ni localizados.

Por supuesto, no es superfluo reflexionar sobre el papel que estn jugando los estados nacionales, los organismos internacionales y las propias sociedades tanto en la produccin de esas catstrofes de gran escala como en la elaboracin de polticas y prcticas que apunten a combatir las causas que generan los desplazamientos forzados y a reducir drsticamente una sangra humana que se repite entre la indiferencia y el estupor. Lo que est en juego, una vez ms, es el sufrimiento que cientos de miles de seres humanos padecen como consecuencia de unas polticas migratorias y de asilo que les deniegan de forma regular el acceso legal y seguro a territorio europeo, a menudo invocando problemas de seguridad o de control de fronteras.

La gestin de las fronteras o los controles securitarios, sin embargo, nunca podrn justificar estas muertes por goteo ni deberan estar por encima del socorro a personas en situacin desesperada. No se trata de ninguna fatalidad trgica. Al contrario, los naufragios que se repiten cada da podran evitarse en gran parte si los estados utilizaran sus recursos e instrumentos para ese fin prioritario que debera ser salvar vidas. Las escasas iniciativas por parte de la UE para afrontar este gravsimo problema, a pesar de su carcter recurrente, corrobora una voluntad poltica que da las espaldas a todo ese dolor annimo de una multitud de personas abandonadas a su suerte. Esa voluntad parece ms bien orientada a transferir a terceros pases la gestin de la llamada crisis de refugiados (como es el caso de Turqua o Libia), aceptar a regaadientes mano de obra dispuesta a trabajar en mercados laborales generalmente precarios y temporales (en condiciones de desigualdad) y expulsar a quienes apenas cuentan desde esta perspectiva oficial.

Detrs de las cifras estn las vidas perdidas y, con ellas, sus aspiraciones que jams encontrarn un espacio hospitalario donde realizarse. Hace falta insistir en que huir de una guerra, del cambio climtico, de alguna forma de persecucin o de situaciones de pobreza extrema son razones suficientes para intentar ponerse a salvo? La produccin de masas desplazadas, claro est, no es producto de la generacin espontnea, sino de la creciente desigualdad entre Norte y Sur global, as como de unas polticas que expulsan a millones de personas de sus hogares. Negar la relacin entre estos desplazamientos colectivos y las actuaciones de los estados europeos forma parte del problema. El caso de Libia puede ayudar a comprender mejor la profunda interrelacin entre estos fenmenos.

El caso de Libia

Como es sabido, tras la cada de Gadafi en 2011, precipitada por la intervencin blica de la OTAN, Libia entr en un proceso de desintegracin que ha llevado al pas a una situacin de creciente deterioro econmico, violencia poltica e impunidad judicial. Con un estado fallido, la sociedad libia se ha visto desde entonces afectada por la corrupcin y el vaco polticos y los continuos abusos contra migrantes y desplazados en trnsito. Dada la ubicacin estratgica de Libia, el pas se ha convertido en el principal lugar de paso en frica para quienes huyen de la guerra y las persecuciones antes de intentar arribar a Europa.

A pesar de la importancia de este enclave y de la vulnerabilidad de quienes se agolpan ah a la espera de una oportunidad para lanzarse al mar, tal como denuncia ACNUR, en los ltimos aos no han cesado de incrementarse las torturas, la esclavitud y el trfico y trata de personas con fines de explotacin sexual y laboral, as como violaciones y abusos de todo tipo padecidos especialmente por mujeres y nios. No es solo que Libia es la ruta ms mortfera: la vulneracin de derechos humanos se ha convertido en una prctica cotidiana, incluyendo la retencin ilegal de miles de personas desplazadas. Ni siquiera el trato inhumano que reciben estas vctimas parece ser razn suficiente para que los estados europeos faciliten el ejercicio del derecho de asilo y desarrollen medidas ms efectivas de asistencia humanitaria. La escasa preocupacin gubernamental ante esta situacin se traduce en escasez de medios para el rescate de personas, en obstculos sistemticos para solicitar asilo y en la falta de respuestas efectivas para revertir un drama colectivo del que los estados europeos son corresponsables. Es esa falta de voluntad poltica y no las inclemencias naturales las que estn convirtiendo el Mediterrneo en una enorme fosa comn.

La creacin de vas seguras y legales

La creacin de un dispositivo europeo de salvamento y de corredores humanitarios podra reducir de forma notable la multiplicacin de muertes en el Mediterrneo, as como la adopcin de medidas complementarias de proteccin que garanticen el cumplimiento de los derechos humanos de las personas migrantes y desplazadas. Sin lugar a dudas, la falta de vas legales y seguras, la poltica de cierre de fronteras y la vulneracin recurrente del derecho de asilo (especialmente en la frontera Sur) forman parte de las causas que provocan semejante catstrofe. La puesta en marcha de operaciones de rescate ms efectivas y, en general, la implementacin de medidas urgentes de socorro y proteccin dirigidas a los colectivos damnificados no es ninguna imposibilidad.

Es momento de exigir a los gobiernos europeos el cambio sustancial de sus polticas migratorias y de asilo, ms all de gestos aislados ms o menos bien intencionados. Ante una situacin semejante, en pleno siglo XXI, la pasividad nos convierte en cmplices de un sistema de control fronterizo basado en el rechazo de quienes son vctimas de mltiples formas de violencia. Frente a la xenofobia y el racismo que se extienden como una plaga en los pases occidentales, necesitamos construir un proyecto europeo justo, inclusivo e igualitario, capaz de acoger a quienes el sistema mundial arroja fuera de sus hogares en busca de una vida mejor. Lo menos que cabe exigir en estas condiciones es el cumplimiento efectivo de la legislacin internacional en materia de asilo y, en particular, de garantizar el ejercicio de dicho derecho en las fronteras.

No es tiempo de grandes declaraciones de intenciones. Es momento de actuar. Junto a todas esas muertes evitables, tambin naufraga la promesa de una Europa a la altura de sus mejores ideales, comenzando por aquellos que ella misma postul en la Declaracin Universal de los Derechos Humanos. La hospitalidad ante el otro, especialmente si se halla en situacin de indefensin, no solo es una cuestin tica: es la prueba de fuego que deben afrontar los estados europeos frente a un orden mundial injusto y desigual que ellos mismos han contribuido a crear. En esa prueba se juega el porvenir de nuestra democracia como proyecto de sociedad en la que nuestros derechos y conquistas no reposen en el sufrimiento de los dems.

 



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