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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2018

Por qu Afganistn sigue siendo el peor lugar del mundo para ser mujer?

Lauren Bohn
Time

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Era una maana soleada de principios de diciembre del ao pasado cuando Jadija, de 23 aos, se prendi fuego. Le dio un beso de despedida a su hijo Mohamed, de tres meses, y recit una breve oracin.

Por favor, Dios mo, acaba con este sufrimiento, suplic en el patio baado por el sol de su casa en Herat, Afganistn, mientras verta el queroseno de un cndil de cobre sobre su pequeo cuerpo. Despus, encendi una cerilla. Lo ltimo que escuch fueron los gorjeos de los pjaros.

A la maana siguiente, comprendi que su oracin no haba sido escuchada. Jadiya, que pidi a TIME que no se publicara su apellido ni el de su familia, se despert en el hospital de Herat, en la nica unidad de quemados existente en Afganistn, con el cuerpo cubierto de vendajes y quemaduras de tercer grado.

"No estoy viva, pero no estoy muerta, me dijo Jadiya ms tarde esa semana llorando y cogiendo las manos de su hermana Aisha. Intent escapar y he fracasado. Como la mayora de las mujeres afganas, Jadiya es vctima de abusos domsticos. Explic que durante cuatro aos su marido haba estado golpendola y dicindole que era fea y tonta, que no era nadie.

Las mujeres no tenemos ninguna opcin, deca Jadiya el pasado diciembre en el hospital, mientras las lgrimas le corran por el rostro, un remiendo de cicatrices recin quemadas que la hacan apenas reconocible. Si la hubiera, no me hubiera casado con l. Todas llevamos esposas en este pas.

La decisin de Jadiya de prenderse fuego hizo que arrestaran a su esposo por cargos de violencia domstica, una situacin inusual en un pas donde el abuso contra las mujeres rara vez se penaliza. Pero incluso mientras estaba cumpliendo su sentencia de prisin, Jadiya se senta ms atrapada an que cuando intent quitarse la vida. Los padres de su esposo, que cuidaban de su hijo, le dieron el siguiente ultimtum: si le contaba a la polica que haba mentido, que en realidad su esposo no la haba maltratado, y si regresaba a casa, podra ver a su hijo. Si se negaba, nunca volvera a verlo.

En un pas atormentado por dcadas de guerra y escasez de recursos, la historia de Jadiya muestra cmo las mujeres afganas luchan por vivir con dignidad. Tambin pone de relieve que, ante el escaso apoyo gubernamental y la disminucin de la ayuda internacional, las mujeres se estn amparando mutuamente.


Fila de mujeres esperando para votar en las elecciones legislativas de la provincia de Herat, 20 de octubre de 2018
(Foto: Hoshang Hashimi AFP/Getty Images)

No estaba previsto que as ocurriera en Afganistn, un pas de 35 millones de personas donde Estados Unidos viene librando su guerra ms larga. Una guerra que en su da se catalog en parte como una lucha por los derechos y la dignidad de las mujeres. Los talibanes gobernaron en Afganistn desde 1996 hasta 2001, un perodo en el que las mujeres fueron esencialmente invisibles en la vida pblica y tenan prohibido ir a la escuela o a trabajar. En un discurso radiado de 2001 a la nacin, la primera dama Laura Bush inst a los estadounidenses a unirse a nuestra familia para trabajar y garantizar la dignidad y la oportunidad para todas las mujeres y nias de Afganistn". En 2004, el presidente George W. Bush declar la victoria sobre el pas.

Pero diecisiete aos y 2 billones de dlares despus, el pas sigue an en crisis mientras los talibn mantienen su control sobre casi el 60% del pas, el mayor territorio que han dominado desde 2001. En octubre, la ONU dijo que la cifra de muertes de civiles en Afganistn fue la ms alta desde 2014: de enero a septiembre de 2018, murieron al menos 2.798 civiles y ms de 5.000 resultaron heridos. La encuesta ms reciente de Gallup sobre los afganos, realizada en julio, revel niveles de optimismo sorprendentemente bajos: las calificaciones de los afganos de sus propias vidas son ms bajas que en cualquier otro pas en cualquier otro ao anterior.

Como en todas las sociedades desgarradas por la guerra, las mujeres sufren de manera desproporcionada. Afganistn sigue siendo el peor lugar del mundo para ser mujer. A pesar de los esfuerzos del gobierno afgano y de los donantes internacionales desde 2001 para educar a las nias, se estima que dos tercios de las nias afganas no asisten a la escuela. El 87% de las mujeres afganas son analfabetas, mientras que entre el 70% y el 80% se enfrentan a un matrimonio forzado, muchas de ellas antes de la edad de 16 aos. Un informe de un comit de vigilancia elaborado el pasado septiembre calific el programa de promocin de la USAID, por valor de 280 millones de dlares que factur la mayor inversin del gobierno de los EE. UU. para promover los derechos de las mujeres a nivel mundial, de fracaso y desperdicio del dinero de los contribuyentes.

Las estadsticas del gobierno de 2014 muestran que el 80% de todos los suicidios son cometidos por mujeres, lo que hace de Afganistn uno de los pocos lugares del mundo donde las tasas de suicidios son ms altas entre las mujeres. Los psiclogos atribuyen esta anomala a un ciclo interminable de violencia domstica y pobreza. La encuesta Global Rights 2008 encontr que casi el 90% de las mujeres afganas han sufrido maltrato domstico.

Me duele decir esto, pero la situacin solo va a peor, dijo Yamila Naseri, abogada de 31 aos en Medica Afghanistan, una ONG establecida por Medica Mondiale, con sede en Alemania, que defiende a mujeres y nias en la guerra y crisis en zonas de todo el mundo. Naseri supervisa el caso de Jadiya, as como los casos de docenas de otras mujeres que buscan refugio o divorciarse de maridos presuntamente maltratadores. Frente a lo que ella llama una guerra contra las mujeres, est liderando una coalicin informal pero decidida de mujeres psiclogas, mdicas y activistas en Herat que se encargan de casos como el de Jadiya.

Me reno casi todos los das con Jadiya, dijo, mientras reciba la llamada de una activista. A principios de esa semana, un hombre afirm que su esposa haba muerto de una larga enfermedad, pero las activistas sospechan que la asesin. Hacemos cuanto podemos para ayudar a estas mujeres, pero a veces no podemos. Y eso es muy duro de aceptar.

Herat, una provincia en el oeste de Afganistn cerca de la frontera con Irn, tiene algunas de las tasas ms altas de violencia contra las mujeres del pas y algunas de las tasas ms altas de suicidio entre las mujeres. La psicloga Naema Nikaed, que trabajaba con Jadiya, dijo que cada semana se estaba encargando de tratar varios casos de intento de suicidio. Pero la mayora no se denuncian por temor a empaar el honor de la familia.

El gobierno dice que est dando prioridad a las mujeres, me dijo una diplomtica afgana, que habl conmigo a condicin de mantener el anonimato durante la Cumbre de la OTAN en Bruselas en julio. Pero en realidad no es as. Apoyar a las mujeres en Afganistn es algo para lo que pagan personas en todo el mundo, pero el dinero y la ayuda nunca les llega. La corrupcin se lo traga todo, el monstruo de la guerra. Transparency International clasific a Afganistn como el cuarto pas ms corrupto del mundo, sosteniendo que la corrupcin impide que la ayuda humanitaria llegue hasta donde es ms necesaria.

En la cumbre de la OTAN, le pregunt al presidente Ashraf Ghani por qu dos tercios de las nias todava no asisten a la escuela. En su respuesta culp en gran medida a que las cifras de los esfuerzos de la ayuda occidental estaban mal concebidos y mal orientados al no conocer las realidades sobre el terreno.

Yendo al grano, cuntas escuelas de nias en la pubertad cuentan con aseos? Eso es fundamental, dijo. Cuntas escuelas de nias estn a tres kilmetros de distancia? El problema aqu es que los expertos internacionales eran androcntricos. Hablaban mucho sobre gnero y sus folletos eran brillantes pero carecan de contenido.

Pero las activistas dicen que su administracin no se ha responsabilizado de los claros descensos de los derechos de las mujeres. En 2015, Farjunda Malikzada, de 27 aos de edad, fue golpeada hasta morir por una turba en Kabul despus de haber sido acusada falsamente de quemar el Corn. El gobierno hizo bien poco para impartir justicia e ignor las demandas de incrementar las actuaciones que sirvieran para combatir la violencia contra las mujeres.

Adems, en febrero de 2018, Afganistn promulg un nuevo cdigo penal que la Misin de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistn (UNAMA) seal como un hito en la reforma de la justicia penal del pas. Sin embargo, un captulo del cdigo se elimin antes de que se aprobara: el captulo que penaliza la violencia contra las mujeres. En junio, un informe de las Naciones Unidas critic al sistema de justicia penal afgano por ignorar la violencia contra las mujeres.

Se supona que los derechos de las mujeres eran la historia de xito de la invasin de 2001, dijo Naseri. Pero el legado de la guerra sigue matando a nuestras mujeres.


Mujeres afganas portando mscaras con el rostro de Farjunda, de 27 aos, que muri apaleada por una muchedumbre tras ser falsamente acusada de quemar un Corn, durante una protesta celebrada en Kabul el 6 de julio de 2015
(Foto Haroon Sabawoon-Anadolu Agency/Getty Images)

Naseri conoce este legado demasiado bien. Su propia madre se vio obligada a casarse con su padre cuando tena solo 12 aos y explica que luego estuvo maltratndola durante aos. Para ir a la escuela, Naseri y su madre urdieron toda una serie de mentiras para que su padre la dejara salir de la casa. Le dijeron que iba a la mezquita o que estudiaba el Corn. La escuela no era lugar para las nias, sostena l. Finalmente, le convencieron para que la dejara ir a la universidad, convirtindose en la primera y nica mujer en su familia con un ttulo.

Frente a tanta opresin, Naseri se comprometi a hacerse abogada para ayudar a mujeres como su propia madre y hermana, a la que forzaron a casarse a la edad de 14 aos.

Las mujeres afganas debemos tomar las riendas de las cuestiones que nos afectan. No podemos esperar a que el gobierno y las organizaciones humanitarias internacionales nos salven o nos liberen, dijo en su oficina en Medica . Al otro lado del pasillo, una nia de 16 aos llamada Sahar estaba sentada esperando para hablar con Naseri. Su madre la llev a Medica despus de que intentara saltar desde el balcn del sexto piso de su edificio. Iba a casarse con su primo en unos das y cont que su to la haba estado violando desde que tena 10 aos.

Al hacer este trabajo solas, los riesgos son altos. En cualquier momento, podran asesinarnos, dijo Naseri. No hay una semana, dijo, que no reciban amenazas de muerte. El ao pasado, una multitud de hombres enojados llegaron al centro amenazando con quemarlo, afirmando que Naseri estaba promoviendo el divorcio y daando el tejido de la sociedad afgana.

Conozco bien lo que es ser una vctima, dijo Naseri. Cuando estaba en la universidad se enamor de un compaero, con el que acab casndose, siendo la primera mujer en su familia cuyo matrimonio no fue fruto de un arreglo.

En marzo, en el Da Internacional de la Mujer, dio a luz a un nio. Me niego a criar a mi hijo en un mundo donde pueda pensar que las mujeres son ciudadanos de segunda clase.


Nias afganas de un colegio de la provincia de Herat, 17 octubre 2017 (Foto: Hoshang Hashimi AFP/Getty Images)

El pasado diciembre, los pasillos del Hospital Herat estaban llenos de pacientes sentadas en el piso en espera de que las atendieran. Todo all es de color blanquecino: las sillas, las paredes, los suelos. Los gemidos de dolor se hacan eco a travs de la unidad de quemados del hospital.

Hasina Ersad, de 29 aos, la doctora de Jadiya, la estuvo visitando varias veces al da durante meses. He visto mujeres como Jadiya toda mi vida, dijo Ersad. Ella es la razn de que quisiera hacerme doctora.

Jadiya dijo que los abusos y malos tratos empezaron tan pronto se cas. Su padre, Mohamed, era pobre y la vendi. Su marido le prometi que podra ir al colegio y perseguir su objetivo de convertirse en esteticista, pero le bast la primera semana de matrimonio para comprender que eso no iba a suceder nunca. Su suegra le dijo que su objetivo era criar hijos. Tras varios abortos involuntarios, finalmente dio a luz a su hijo Mohamed. Pens que los abusos se acabaran tras nacer el nio pero todo fue a peor.

La hermana de Jadiya, Aisha, dice que los abusos domsticos son algo generalizado. Mi marido me estuvo pegando durante aos, dijo encogindose de hombros.

El marido de Aisha tiene 71 aos, ella 26. Dice que a lo largo de los aos pens en divorciarse, pero que conoce bien la realidad: hubiera perdido la custodia de sus tres hijos y probablemente nunca se hubiera casado de nuevo. En caso de divorcio, las mujeres obtienen la custodia de los hijos hasta que estos cumplen siete aos, despus se los entregan a los padres.

No fuimos unas nias con suerte, dijo Aisha mientras Jadiya se esfuerza por asentir con la cabeza. En realidad, ninguna nia es afortunada en Afganistn.

Naema Nikaed, la psicloga de Jadiya y una de las pocas que en Afganistn tratan a las supervivientes de suicidio, dijo que ella y sus colegas estaban siendo testigos de un aumento de los suicidios de las mujeres en los ltimos aos.

Si el gobierno no empieza a dar prioridad a la vida de las mujeres, en Afganistn vamos a vivir una guerra eterna, dijo. A primera hora de ese da, Nikaed haba visitado a una paciente de 15 aos que haba ingerido una sobredosis de pastillas sin identificar.

Luchar contra esta discriminacin y salvar vidas es algo que slo depende de nosotras, de las mujeres como Yamila, como yo misma y otras. Nadie puede salvarnos, solo nosotras.


Nadia, de 22 aos, una mujer afgana que est tratando de divorciarse de su marido, se sienta con su padre durante una entrevista con un periodista de AFP en la oficina de su abogado en Jalalabad el 16 de enero de 2017. Cuando el marido adicto a la herona de Nadia comenz a agredirla con una vara de metal, hizo algo impensable para muchas mujeres en Afganistn, lo dej. El abuso domstico es endmico en Afganistn, pero un nmero creciente de mujeres afganas estn adoptando el divorcio como una nueva forma de empoderamiento.
Foto: Nurullah Shirzada AFP/Getty Images

Cuando Jadiya tena tres aos, su madre muri por las complicaciones de un parto, quedando entonces su padre Mohamed encargado de criar a Jadiya y a sus cuatro hermanos. (Afganistn tiene una de las tasas de mortalidad materna ms elevadas del mundo.)

Siempre quise ofrecerles a mis hijas una vida mejor, pero cmo hacerlo?, pregunta Mohamed mientras intenta, en la esquina de una calle bulliciosa, conseguir un trabajo para el da. Es una fra maana de diciembre y l y otros hombres se calientan las manos sobre un fuego improvisado. Slo tiene 50 aos, pero su rostro aparece prematuramente envejecido por los aos de depresin y miseria.

El padre y la madre de Mohamed murieron cuando tena un ao y cont que tuvo que criarse con un to abusador que le rob su tierra. La guerra ha afectado a todo el pas, dijo. Es lo nico que hemos conocido y nos ha dejado destrozados y ciegos.

Cuando Jadiya tena 15 aos, empez a buscar dotes. La oferta ms alta provino de una familia de clase trabajadora de Herat que tena una reputacin bastante buena. Mohamed recibi 3.400 dlares por Jadiya.

Mohamed dijo comprender que su hija se sienta infeliz, pero que no tiene otra opcin. Aunque su marido sea un maltratador, se expresa con decisin acerca de lo que su hija debera hacer: permanecer con l. No puedo cuidar de ella. Ojal pudiera, pero est mejor con ellos, dijo. Confe en m, est mejor con ellos.

Para llegar hasta la casa de Jadiya y sus suegros, hay que atravesar un laberinto de calles llenas de basura y pequeas tiendas que solo venden refrescos y patatas fritas. En la esquina, hay una escuelita preescolar llena de nios pequeos con camisas azules al lado de una tienda de belleza donde a veces Jadiya trabajaba, su nico alivio de la vida familiar. En la pequea sala de estar de la familia, los suegros de Jadiya me dijeron que su hijo nunca toc a Jadiya y que, por culpa de ella, haban perdido su reputacin. Cuando su hijo les llam desde la prisin, donde se le permita hacer una llamada diaria, les dijo que era inocente.

La mejor amiga de Naseri, Hassina Nikzad, directora de la Red de Mujeres de Afganistn, visit a Jadiya semanalmente y le record que poda solicitar el divorcio. Pero, adnde ir? Mam est muerta y pap es muy mayor, le dijo llorando a su hermana Aisha. Nikzad sugiri que poda trasladarse a un refugio y aprender un oficio, por ejemplo, modista. Jadiya mene la cabeza y mir hacia abajo.

En diciembre pasado, Nikzad me dijo que no estaba segura de que Jadiya fuera a divorciarse. A menudo es ms fcil seguir en la situacin dolorosa. Comenzar una nueva vida en Afganistn parece imposible, dijo. No se nos da ninguna oportunidad, y mucho menos una segunda oportunidad".


Mujeres afganas trabajando en la tierra en un parque en la ciudad de Herat el 2 de junio de 2018. Segn el Banco Mundial, el 19% de las mujeres afganas tenan empleos oficiales en 2017.
(Foto: Hoshang Hashimi - AFP/Getty Images)

El pasado mes de julio, cuando Jadiya dej el hospital, le dijo a Naseri que ya haba tomado una decisin. Aunque Naseri sugiri que se trasladara a un refugio, Jadiya decidi regresar con los padres de su esposo. El dolor de no ver a su hijo era demasiado difcil de soportar, y criar a un nio en un refugio le pareca demasiado abrumador.

Pero despus de un mes viviendo con sus suegros, Jadiya, llorando, llam a Naseri en medio de la noche. Sus suegros se haban negado a dejarla tocar a su hijo. Y su marido segua asegurando que planeaba castigarla en cuanto saliera de la crcel.

Como no haba un espacio adecuado en el refugio de Herat, Jadiya decidi quedarse en el apartamento de una nica habitacin de su padre. Pero su madrastra dej claro que Jadiya no era bienvenida all.

No me arrepiento de lo que hice, pero sigo an encadenada, me dijo Jadiya en noviembre por Skype. Llevaba varios meses sin poder ver a su hijo. Un da intentar explicarle a mi hijo por qu hice esto. Espero que lo entienda. Naseri la abraz mientras sollozaba.

A finales de noviembre, el esposo de Jadiya sali de la crcel. Poco despus, Naseri intent ponerse en contacto con ella, pero no pudo conseguirlo. Su telfono est apagado desde entonces. Naseri sospecha que Jadiya huy hacia Irn a travs de la frontera. Es poco probable que vuelva a ver a su hijo, al menos durante bastante tiempo.

Para Naseri, Jadiya es una de tantas vctimas invisibles en la guerra del pas contra las mujeres. Yo podra haber sido Jadiya, dijo Naseri. Qu es lo que nos separa? Nada.

(La informacin sobre esta historia ha sido posible gracias a una beca la International Womens Media Foundation y al apoyo de The GroundTruth Project.)

Lauren Bohn es corresponsal de GroundTruth Project en Oriente Medio. Es cofundadora de Foreign Policy Interrupted y editora-colaboradora de The Cairo Review of Global Affairs.

Fuente: http://time.com/5472411/afghanistan-women-justice-war/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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