Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2019

"Un bel morir"

Abdn Ubidia
Rebelin


Vendr la muerte y tendr tus ojos. Era el verso de Pavese. Alguien le dijo, alguna vez y le estremeci el corazn. Ahora, ella lo repiti y como un eco lleg a mis odos y, por supuesto, me estremeci el corazn. La vi bella. Los ojos grandes y dulces. La boca fresca. Sensual. La piel aceitunada. Pero no. Toda esa belleza se quedaba como de lado, dulcemente postergada por el verso de Pavese. Yo tena mis motivos. De modo brusco, ese verso me haba retrotrado al proceso de muerte que estaba viviendo por esos das.

Debo explicarme. Y lo que sigue puede parecer exagerado o cursi: pero yo estaba, entonces, tratando de procurar un bel morir* para una fase amada de mi vida.

No se trataba de un proyecto de tantos, de un proyecto puntual. Se trataba del fin de una gestin de muchos, muchos aos. Del fin de mi carrera de editor.

Durante casi tres dcadas, haba repartido mi tiempo en dos trabajos, a veces opuestos, las ms: complementarios. Y trataba de conciliarlos de buena manera. Una manera extenuante, por cierto. Era, a la vez, escritor y editor. Pero debo confesar que, casi siempre, una de esas actividades desplazaba a la otra. No haba tregua. En los momentos difciles, de dificultades econmicas, o acosos polticos, el trabajo editorial primaba; en los momentos de tristeza o euforia, la literatura se me impona como una salvacin extrema.

En una ocasin le o decir a Pablo Harari, el excelente editor uruguayo de Trilce, algo como esto: El editor termina matando al escritor. Me ocurra a m. De nuevo, como al comienzo de mi carrera literaria, deba abocarme a una eleccin dolorosa. Cuando adolescente, tuve que abandonar mi destino profesional previsto. Ahora, por mi cuenta y riesgo, abordado a una encrucijada, tena que matar al editor para que el escritor pudiera sobrevivir. S, no me quejo, haba escrito libros potables con premios y reconocimientos importantes. Pero estaba claro que, consagrado nicamente a ellos, habra publicado muchos ms.

Quienes han practicado la edicin de libros pueden dar testimonio de que es un trabajo apasionante, comprometido: en rigor, un arte. Conlleva un destino y un lugar en el mundo. Una vida social intensa. Y una vida laboral llena de sobresaltos. Pero, antes que nada, una relacin estrecha con los escritores. Porque en el mundo editorial de hoy, en el que las grandes casas absorben a las medianas y dejan muy poco espacio a las pequeas, es casi una empresa heroica eso de persistir en la edicin con editores, para recordar el libro de Schiffrin, propia de las casas pequeas. Es decir, cuando rigen, para las grandes casas, sobre todo los valores del mercado masivo, especialmente los de los bestsellers, con sus grandes dosis de violencia, sexo y escndalo, hay que tener voluntad y fe para -a la vieja usanza-, continuar dialogando con los creadores y precisar y discutir, pacientemente, todas las connotaciones que tienen sus originales, sobre todo las de carcter esttico.

Me ligu a Editorial El Conejo de Quito, cuando esta ya tena siete aos de vida intensa y, entonces, sin duda, era la editorial independiente ms prestigiada de mi pas. Empec con una labor muy grata: como director de una revista cultural que bautic como Palabra Suelta. Luego mis dos amigos Xavier Lasso y Edmundo Guerra me propusieron la direccin literaria de El Conejo. Fue cuando me enamor de la edicin independiente. Y pasaron los aos y las mil vivencias que ye he resumido y, poco despus que Ecuador sufriera la peor crisis financiera de su historia, semejante a la de Mxico en el 94 y la de Argentina en el 2000 (por la misma causa: esa ingeniera del desastre neoliberal que asol a Amrica Latina en esos aos), yo, convertido en llanero solitario, me hice cargo de la Editorial.

A lo largo de 30 aos, Editorial El Conejo public ms de mil ttulos. Y cada uno de ellos fue una aventura distinta. Sumas y restas: grandes amigos y otros no tanto.

Con cada proyecto cumplido o fallido, las tentaciones que nos recuerda Roxana Sdenka y que asoman en el Arte del buen morir, se hacan presentes: la falta de fe, la desesperacin, la impaciencia, el orgullo. Todas menos una: la codicia. Hay que aclarar esto.

Si algo nunca pude practicar, para mi mal, fue la codicia y debo confesar que la acumulacin de dinero, hasta me fue repulsiva. Evidentemente, no estaba bien formado para sobrevivir en el mundo capitalista. Aquello no era bueno para una empresa. Pero la Editorial no era, por suerte, una empresa. Era una "corporacin sin fines de lucro". Estatus jurdico extrao que mostraba las grietas del sistema en las que quienes fuimos sentimentalmente educados en el espritu de los sesenta, podamos colarnos, no sin riesgos, y capear los feroces embates del capitalismo que ya estaba globalizando al mundo como nunca antes haba ocurrido en la historia.

As, la Editorial no solo haba sido mi Madriguera**,el refugio que encontr para preservar mi tica personal (y en los tiempos de Homero, madriguera significaba tambin tica), el lugar en el cual poda seguir defendiendo mis tozudos principios polticos en una poca conservadora que vena a desdecir los sueos de los sesenta, sobre todo el gran sueo de la revolucin social.

Por otra parte, adems, la Editorial era, para m, un espacio de gestin cultural en el que nunca tendra nunca Jefes y, ms an, una suerte de pequeo partido poltico a medias real, a medias imaginario, en el que yo militaba segn mis propias reglas, horarios libres incluidos

Haban sido ms de dos dcadas de subir los mismos escalones, abrir las mismas puertas, atender, en la misma oficina, sentado detrs del mismo escritorio (con un viejo mapamundi debajo del cristal) a cientos de autores que traan sus obras para que, luego de un proceso escrupuloso de edicin, las publicramos de buena manera, como siempre, o casi. Qu difcil era rechazar un manuscrito. Obligado a mantener, en reserva, los nombres de quienes nos haban entregado sus muy serios informes de lectura, no me quedaba ms remedio que enfrentar el desconsuelo, a veces la ira, casi siempre la tristeza de los rechazados. A veces pona pretextos algo crebles: que los tiempos duros, que el prximo ao, que... cualquier cosa.

Y empiezo por los momentos malos, que odiaba y sufra, porque los otros, los buenos, son legin. Cuntas colecciones de grandes libros, cuntos eventos importantes, como las bienales de novela, cuntas publicaciones (desde suplementos semanales hasta revistas de cultura); cuntas presentaciones de libros (ceremonias de bautizo con oradores, msicos, agradecimientos y coctel final); cuntos recitales y mesas redondas organizaba la Editorial... en fin... cunta vida invertida en una gestin cultural siempre sostenida y apasionada.

Haca ya algunos aos que me haba hecho cargo, en la prctica solo, de la corporacin sin fines de lucro. La recib con deudas pero, poco hbil como soy en los asuntos financieros, me conform con pagarlas y no en forjar un buen capital de operacin. Simplemente, continu con la costumbre de la Editorial de hacer libros de coyuntura que salvaran la posibilidad de proseguir con la edicin de obras literarias de jvenes autores o, incluso, de poetas poco conocidos.

Curiosamente, durante los regmenes represivos, como el de Febres Cordero, fue costumbre de la Editorial, pese a las amenazas, el publicar dichos libros de coyuntura que siempre se vendan en grades tiradas.

Recuerdo que, en la primera reunin de la Alianza de Editores Independientes que tuvo lugar en Gijn, Asturias, yo les dije, medio en broma, medio en serio, a los colegas que discutan estrategias de supervivencia de las pequeas editoriales, que nosotros, en Ecuador, tenamos una ventaja comparativa grande: los presidentes ecuatorianos eran derrocados cada seis meses (hasta el 2006), lo cual, salvando la exageracin, realmente nos permita editar libros de coyuntura con veinte y hasta cincuenta mil ejemplares de modo rpido: La Cada de Abdal, La cada de Mahuad, La cada de Lucio, algunos de sus nombres.

Contbamos, por cierto, en lo que a El Conejo respecta, con otra ventaja: un escritor inolvidable, un verdadero genio, capaz de redactar, de modo perfecto, un libro en tres das: Pedro Saad Herrera, a quien mi pas le debe tanto, gracias a sus mltiples habilidades siempre de carcter intelectual.

Por mi parte, nunca dej de impartir clases de lectura y de escritura que tenan buena acogida en los talleres de Editorial El Conejo. Borges, Cortzar, Garca Mrquez, Onetti, Faulkner, Hemingway, Sartre, Mishima, muchos ms, eran tratados exhaustivamente con un pblico muy agradable y curioso. Y de los talleres de escritura, vale decir, que algunos de los grandes nombres de la literatura ecuatoriana de hoy, encontraron en ellos un lugar de debate y estmulo vigoroso.

Dije que todo esto constituy una gran inversin de vida, vvida y vivida, una larga etapa a la cual haba decido darle, a propsito del tema que hoy nos junta, una buena manera de morir.

Creo que cumpl bien con esa tarea de misericordia para conmigo mismo. De tarde en tarde, me asaltan las nostalgias y me permito editar, para los amigos, alguno de sus libros, o leer obras de personas que, solo a veces, conozco de cerca.

Vendr la muerte y tendr tus ojos fue el verso de Pavese que Roxana Sdenka Moyano dijo, hace aos, en Resistencia, en una de las reuniones a la que nos haba invitado el entraable Mempo Giardinelli. Hoy, tanto tiempo despus, ella me llama a colaborar con un proyecto que me atrae y atemoriza a un tiempo. No se me ocurre otra cosa que recordar la dura etapa que yo estaba pasando cuando haba decidido dar por finalizada mi gestin como editor. Le dije que s, que iba a participar en su proyecto. Y estas lneas escrib para ella. Despus de todo, quin podra decirle que no a la dulce Roxana?
Notas:

*La expresin es de Petrarca y es el ttulo de la novela de lvaro Mutis.
**La Madriguera, es el ttulo de una novela que escrib en el 2004. Mereci el Premio Gallegos Lara de ese ao y fue seleccionada al Rmulo Gallegos. Cuenta la historia de un pintor que, al filo del 2000, ya no quiere pintar.

Abdn Ubidia: escritor y crtico literario ecuatoriano. Entre sus libros figuran novelas como Ciudad de invierno , Sueo de lobos , La Madriguera, Callada como la muerte y La hoguera huyente ; cuentos como Divertinventos y ensayos como La Aventura Amorosa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.





Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter