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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2019

Entrevista a Gilbert Achcar, profesor de relaciones internacionales y polticas en la School of Oriental and African Studies de Londres
Buteflika y El-Bchir no son ms que la punta del iceberg

Luc Mathieu
Liberation


-Podemos hablar de nueva primavera rabe?

Hay efectivamente un nuevo ascenso revolucionario en Argelia y en Sudn. No hay que olvidar tampoco que desde hace un ao se dan episodios de revuelta social en Tnez, Marruecos y en Jordania. Se ven por tanto signos de un nuevo ascenso revolucionario. Pero, desde 2013, estamos tambin en una fase contrarrevolucionaria. La situacin en Libia no mejora con la ofensiva de Khalifa Haftar contra Trpoli, que marca en un sentido una vuelta del antiguo rgimen. No mejora tampoco en Siria y en Yemen, que estn en guerra civil, ni en Egipto. Estamos en un momento contradictorio. Hay elementos de una nueva primavera pero se trata ms bien de una fase de transicin.

-Cules son los puntos comunes entre los levantamientos argelino y sudans?

Hay dos grandes categoras de pases en el mundo rabe. La primera rene a los estados que se pueden calificar de patrimoniales, con familias reinantes que poseen el aparato del estado. Consideran el estado como su propiedad privada. Es el caso de las ocho monarquas del mundo rabe, en las que el soberano es el rey, no el pueblo, pero tambin de repblicas como Siria o, anteriormente, el Irak de Saddam Hussein, en las que ciertas familias han tomado posesin del estado. En esos casos, no se puede imaginar un derrocamiento de la familia reinante por las fuerzas armadas. Y si, caso improbable, una parte de ellas se suma al levantamiento, como en Siria o Libia, entonces una guerra civil se vuelve algo inevitable. La otra categora de estados es la de los neopatrimoniales, cuyas instituciones disponen de una relativa autonoma respecto a los dirigentes. Es el caso de Argelia y de Egipto. El ejrcito es la institucin principal y ejerce un control directo sobre el poder poltico que emana de l. Es l quien nombra y hace dimitir a los presidentes. Sudan est en una categora intermedia. Omar el-Bchir, que tom el poder mediante un golpe de estado militar, haba intentado remodelar el ejrcito para poder controlarlo directamente, como haba hecho Hafed al-Assad en Siria o Muammar al-Gadafi en Libia, sin que finalmente consiguiera completar el proceso. El ejrcito ha podido derrocarle.

-Te preocupa que haya transiciones difciles?

S, sin duda alguna. Cuando el pueblo quiere derrocar un rgimen, es en realidad toda la forma de funcionar del estado lo que quiere cambiar, no solo su presidente. Podramos decir que Buteflika y El-Bchir no son ms que la punta del iceberg, la gran masa permanece por debajo de la superficie. Sus dos regmenes tienen como modelo el Egipto de Abdel Fatah al-Sissi y quieren presentar al ejrcito como salvador de la nacin y asentar todava un poco ms su poder. Esto puede eventualmente funcionar en Sudn pero ser ms complicado en Argelia, donde la poblacin tiene claro el hecho de que son los militares quienes controlan el poder. No hay que olvidar tampoco que lo que estall en 2011, es un proceso revolucionario histrico y largo, que durar decenios. Se enfrenta a un bloqueo cultural, social y econmico, que produce las tasas de paro ms elevadas del mundo, sobre todo entre la juventud. Para evitarlo, seran precisos cambios radicales de las polticas econmicas que no se ven en ningn pas, incluyendo Tnez, donde la poltica econmica es continuidad de la del antiguo rgimen. Y se contina con las recetas del Fondo Monetario Internacional, sus polticas de austeridad y de retirada de la inversin pblica que son absurdas. La idea de que la inversin privada va a convertirse en el motor es ilusoria. En esta parte del mundo en la que reinan la arbitrariedad, la inestabilidad y el nepotismo, los fondos privados van al dinero fcil y la especulacin.

La otra dificultad es que, para hacer que se produzca este cambio radical, hacen falta fuerzas polticas que le representen y que defiendan las aspiraciones democrticas y progresistas de la poblacin, y sobre todo de la juventud. El problema es que no se las ve, que desgraciadamente faltan en toda la regin.

-Prevs otros levantamientos?

Salvo Qatar y los Emiratos rabes Unidos, donde el 90% de la poblacin es extranjera, ningn pas est al abrigo de una explosin, incluyendo los pases de la primavera de 2011. La situacin econmica es insoportable en Egipto. La gente no sale a la calle porque est escarmentada por los resultados obtenidos desde 2011. Han vuelto al punto de partida, o incluso a una situacin peor. Pero cuando ve lo que pasa al lado, en Sudn o Argelia, y eso le devuelve el nimo. Tarde o temprano, el movimiento recomenzar. El hartazgo es general.

Gilbert Achcar, de origen libans, es profesor de relaciones internacionales y polticas en la School of Oriental and African Studies de Londres.Columnista en diversas publicaciones internacionales, colaborador de Le Monde Diplomatique, Autor entre otros libros, de l Peuple veut (Actes Sud, 2013) y Symptmes morbides (Actes Sud, 2017) que tratan sobre las rebeliones sociales de la primavera rabe y la guerra en Siria. [Redaccin Correspondencia de Prensa]

Fuente: https://www.liberation.fr/

Traduccin de Faustino Eguberri Viento Sur

https://vientosur.info/


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