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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2019

Queda algo del proyecto municipalista?

Pedro Casas
Rebelin


La irrupcin del 15M en 2011 provoc una proceso de renovacin profunda de la poltica de este pas, hasta el extremo de hacer tambalear al potente bipartidismo que sostena el rgimen de 78.

Su proyeccin electoral no lleg hasta 2014, con la aparicin de Podemos en la escena de las elecciones europeas. Pero fue en las municipales de 2015 donde hall su expresin ms genuina con las llamadas candidaturas del cambio que transformaron el panorama municipal a lo largo de casi toda la geografa, alcanzando el gobierno en muchas grandes ciudades.

Dichas candidaturas eran el resultado de una composicin original e inteligente entre partidos de izquierda, colectivos municipalistas y otros vinculados a los movimientos sociales, y gozaron de un apoyo ilusionante que logr arrebatar a la derecha el poder ostentado durante dcadas.

Qu ha podido pasar para que estas energas de transformacin se hayan esfumado en tan solo 4 aos? Los factores son varios y diversos, y aqu voy a sealar algunos que me parecen relevantes, aunque seguramente incompletos y relativos, por basarse principalmente en el anlisis de lo sucedido en Madrid.

La nueva y la vieja poltica. La explosin del 15M trajo una nueva forma de participacin poltica que superaba los corss de las tradicionales organizaciones polticas y sociales, en las que la juventud emergente y sin futro no tena cabida. Las asambleas celebradas semanalmente en la calle para hablar de todo, reivindicaron la participacin directa frente al voto delegado a quienes no nos representan. Pero pudo superar la nueva poltica a la vieja?

Si por nueva entendemos el debilitamiento de los partidos tradicionales, podramos pensar que s (es lo que est pasando en casi todo el mundo). Pero si lo que entendemos por nueva poltica se refiere a una mayor participacin y horizontalidad en la manera de adoptar decisiones y gestin, pues parece que la superacin no se ha dado, sino todo lo contrario, ya que los lderes carismticos con proyeccin electoral deciden de manera bonapartista, y ni siquiera se someten a las reglas establecidas en las organizaciones tradicionales.

El poder de absorcin de la institucin. Las lgicas institucionales tienen unas dinmicas muy diferentes, incluso antagnicas, a las lgicas de los movimientos sociales, y resulta titnico pretender no sucumbir a las primeras en detrimento de las segundas. Por eso siempre se ha planteado las limitaciones salariales y temporales como antdoto frente a estos procesos de absorcin institucional, que finalmente han impuesto su dinmica de manera mayoritaria a quienes se han expuesto a su dictado.

La actuacin de los responsables. Uno de los factores ms relevantes de este fracaso ha sido el hecho de que para demasiadas personas no hizo falta que el paso del tiempo frenase sus ansias de utopa; directamente su objetivo era meterse en la institucin, durante el mayor tiempo posible. Para ello se desligaron de las asambleas (desaparecieron literalmente), se despojaron de lastre ideolgico (para no ser criticados por la caverna), organizativo (algunos en menos de 4 aos han abandonado hasta dos organizaciones polticas) y gestionaron sus principios a la manera de Marx (el otro).

El programa como mera referencia. En unos casos se negaba su compromiso, tal como dijo Carmena al poco de ser elegida Alcaldesa de Madrid, y en otros se abandonaron sus aspectos ms comprometidos (anti-especulacin, remunicipalizaciones. Vivienda) con argumentos cobardes e inconsistentes incluso desde el punto de vista legal, pasando en muy poco tiempo del S se puede al no se puede, porque no se quiere.

El bonapartismo sustituye la participacin. Fue una experiencia importante el proceso participativo en la elaboracin de programa, de listas y otras decisiones en candidaturas del cambio. Pero en seguida, en el caso de Madrid, la verticalidad y oscurantismo sustituyeron la horizontalidad y transparencia, en todos los mbitos de decisin de dichas candidaturas, con niveles de participacin incluso inferiores a las viejas estructuras partidarias.

Las peleas internas. Seguramente ha sido este uno de los aspectos ms conocidos y determinantes de este gran fracaso: Compa[email protected] enfrentados, incluso en los tribunales, compitiendo en candidaturas electorales diferentes en slo 4 aos, rompiendo la unidad transformadora que tanta ilusin gener en 2015.

Del asalto a los cielos a muleta de uno de los partidos de la casta. Bien vale como metfora la evolucin tctica de Podemos en tan slo 5 aos de existencia para entender la prdida de radicalidad y de potencia transformadora experimentada en estos aos en el conjunto de confluencias que se reclamaban del cambio.

Todos estos factores, y seguramente muchos ms, nos han llevado a una situacin en la que podemos preguntarnos, qu nos ha quedado? Pues adems de una sensacin bien amarga, una desilusin que costar mucho superar y unas estructuras polticas pulverizadas. Hemos pasado de unas organizaciones basadas en unas visiones compartidas de la sociedad, el mundo y la historia, a unos espacios y movimientos tcticos cortoplacistas, basados en el olfato o liderazgo de alguna persona con capacidad de comunicacin, pero que cambia en cualquier momento, despojndose de cualquier coherencia que pudiera entorpecer los objetivos de maana.

Podemos ha resultado una organizacin fallida, y los oportunismos de algunos de sus integrantes ha dejado desdibujadas tambin a otras organizaciones, como ha podido ser el caso de IU. Una de las consecuencias de este proceso es que son los partidos del bipartidismo los que se estn pudiendo recuperar del vendaval que los dej maltrechos.

Y qu podemos hacer? Pues depende de lo que pretendamos; si es meramente encontrar la manera de recuperar unos gobiernos de gestin, sin capacidad de transformacin profunda alguna, pues se puede seguir jugando a este politiqueo de corto alcance, a la espera de que lleguen circunstancias favorables (gran comunicador/a o declive del adversario) que permitan volver a gestionar parte del pastel.

Si nuestro proyecto es de transformacin al servicio de las clases populares, con la confrontacin que supondr contra las fuerzas de la reaccin (poder empresarial, financiero, comunicativo y sus ramificaciones judiciales, polticas, etc.), pues lo que toca es trabajar en otra direccin muy diferente.

Una de mis preocupaciones de los ltimos meses no era la posibilidad de que se perdieran las instituciones (en manos de quien no quera cambiar casi nada), sino que no quedase nada de todo este impulso Municipalista que emergi con tanta fuerza en 2015. Me temo que los peores augurios se han cumplido, pero no por el resultado electoral, sino por la escasa capacidad que veo a mi alrededor para hacer una reflexin que oriente el trabajo hacia la consolidacin de ncleos de base que, adems de su funcin organizativa, sean capaces de establecer una relacin, necesariamente conflictiva, entre la base social y sus grupos, con las instancias polticas e institucionales.

La tarea de transformacin social es tan costosa y compleja, que si no nos dotamos de estructuras cercanas y solidarias, ser imposible que podamos dar batalla con alguna perspectiva de xito. Y en ciudades grandes, estas estructuras tienen que ser necesariamente de mbito barrial, interconectadas unas con otras, con capacidad de movilizacin conjunta, tanto para la defensa de lo conseguido, como para la conquista de nuevos derechos.

Con unas estructuras as, tarde o temprano se conseguirn tambin mayoras que puedan orientar la accin institucional al servicio del pueblo. Evidentemente este trabajo no es a corto plazo, porque es mucho lo que hay que reconstruir, no nos engaemos.

No resulta fcil describir lo que podra ser un municipalismo de base, pero parece que el asamblearismo, la pluralidad, la continuidad, la generacin de confianzas, los objetivos compartidos y consensuados, seran aspectos necesarios de estas estructuras desarrolladas en mbitos territoriales necesariamente pequeos (barrio), pero interconectados a modo de archipilago, para poder afrontar estrategias de transformacin exitosas, por la fuerza social y su respaldo institucional.

Pedro Casas. Activista vecinal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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