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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2019

El criptocatolicismo en Europa 51 de Rossellini
Declinaciones de su recepcin por Jacques Rancire

Simn Royo
Rebelin


El filsofo Jacques Rancire public en 1990 una coleccin de ensayos sobre las representaciones del pueblo en diversos artistas titulado: Breves viajes al pas del pueblo, la ltima de las cuales se titulaba: Un nio se mata [1],un texto dedicado a su interpretacin de la pelcula de Roberto Rossellini Europa 51 de 1952.

La pelcula en cuestin trata de una mujer burguesa que se da a la caridad cristiana para con un pueblo con respecto del cual antes era indiferente, tras recibir el shock traumtico del intento de suicidio y muerte de su hijo. Destila por ello un criptocatolicismo que Rancire asume, y en eso se parece mucho a esa otra pelcula posterior titulada Rompiendo las olas de Lars von Trier. Se trata entonces de dos pelculas donde el criptocatolicismo que las alienta nos remite a una serie de acciones de las que no se puede dar razn, pero el problema es el motivo, que no es otro en la lectura cristiana, que porque son posesin divina, porque son el producto del escndalo intolerable de la muerte de un dios en la Cruz, de la muerte de un nio o de la necesidad de un milagro; lo cual nos remite a una posicin que ciertamente roza el absurdo y la locura, pero no porque exceda a la sociedad organizada por un movimiento de libertad, sino porque se hunde en el abismo negro de la fe y de la religin. Las lecturas cristiana, marxista o psicoanaltica cierran la posibilidad de aprehender la apertura a la que nos podra estarnos tambin llamando esta pelcula.

As, el sacerdote de Europa 51 se comporta como un fariseo, al igual que los religiosos en Rompiendo las olas; son todos ellos Caifs: no creen en quien se cree de verdad los preceptos, mientras que ellos son Jesucristo, Cristo redivivo dispuesto al sacrificio. Aqu, en este punto, al unir santidad y locura, como hace Rossellini y recoge Rancire, lo que se hace es leernos elNuevo Testamento, si es que no catequizarnos. El trasfondo sacrificial legitimado nos muestra que entre las lecturas de una obra del sptimo arte como la que nos ocupa, hay algunas que es conveniente rechazar para poder atisbar otras posibles.

Segn tal interpretacin teolgica que estamos rechazando, la herona de la pelcula pasara por los tres estadios kierkegaardianos: el esttico, el tico y el religioso, por, respectivamente, el amor al hijo, el amor al pueblo y el amor universal o amor a Dios, en un proceso de escatologa ascendente, el cual, secularizado, equivale al del progreso.

Por ese motivo el famoso filsofo esloveno Slavoj Zizek nos previene de tales epifanas:

Esta lgica del acto como identificacin con una mscara, como asuncin de un mandato simblico queda, sin embargo, eclipsada en los films de Rossellini por otra lgica radicalmente heterognea que hace su aparicin en los momentos de epifana; por regla general, estas epifanas son ledas en una perspectiva cristiana, como momentos de gracia que agitan e iluminan al hroe, pero, es sta, realmente, la manera correcta de enfocarlas? Observemos con mayor detenimiento esta cuestin concentrndonos en tres films, todos los cuales estn estructurados como una preparacin o una reaccin al momento traumtico de la epifana: Alemania, ao cero (Germania, anno zero), Stromboli (dem) y Europa 51 (dem). Cada uno de ellos se caracteriza por cierta estructura de seuelo: ponen una trampa que debe evitarse, es decir, si los percibimos de una manera espontnea, inevitablemente vamos por mal camino. () toda la historia de Europa consiste en el despliegue de las consecuencias que, para sus personajes, tiene un traumtico encuentro con lo Real que ocurre en el comienzo mismo [2] .

Para Zizek el traumtico encuentro con lo real es lo que hace que el abismo que se traga a un nio en Alemania ao cero, donde tambin se suicida un nio, y en Europa 51, devore igualmente a la madre y al espectador. Se deja atisbar que es un acontecimiento irrepresentable el que mueve los hilos como un Gran Otro. Sin embargo, a Zizek, la rejilla terica marxisto-lacaniana que con magistral soltura desarrolla, le impide centrarse en ese abismo del acontecimiento que tan acertadamente seala. Con lo cual, nos quedamos de su comentario con la advertencia de que si cedemos al criptocatolicismo, vamos por mal camino.

Para subvertir la interpretacin criptocatlica, cuando nos dice Rancire que el pueblo es un encuadre, no podemos menos que recordar la famosa escena de Viridiana (1961) en la que Buuel reproduce La ltima cena. En ella vemos cmo el surrealismo supera con creces al neorrealismo, al ser ya eminentemente ateo y transgresor, centrado en liberar al inconsciente de las trabas yoicas y superyoicas sin engolfarse en ningn diagnstico clnico ni encuadrar el cuadro en ninguna teora racional.

Buuel en dicho film nos habla sin tapujos de un pueblo que es zafio, mezquino, cruel, vil, que cuando no roba, asesina, como no puede ser menos, dadas las condiciones de existencia en las que se encuentra; mientras que la tonta que lo quiere salvar no ser sino una enajenada, alguien que habra que encerrar en un psiquitrico, y no una santa. Otra cosa sera verla como un(a)outsider, algo que se dejara leer si se le quitase la tendencia catlica que impregna al film.

El texto de Rancire en el que nos centramos pertenece, como hemos dicho al comienzo, a un libro que se llama visitas al pas del pueblo, pero segn la pelcula, parecera como si para captar al pueblo bastase con coger el tranva y apearse en los suburbios; mientras que quiz el pueblo, tambin debiera permanecer como algo irrepresentable o, al menos, como en Buuel, impresentable.

Rancire nos dice que el pueblo representado es un cuadro en el que se ha encerrado a muchos () estn apiados, al calor, son solidarios, con lo cual deja patente que tiene una concepcin beatfica del pueblo. No en vano nos recuerda que la herona de Rossellini est inspirada en esa famosa cristiano-obrerista que era Simone Weil y en su ao en la fbrica. Pero los santos nunca son verdaderos rompedores del status quo. No lo son a menos que se tornen msticos y, por tanto, que se manifiesten como pantestas, es decir, ateos, ya que si Dios es la Naturaleza ya no hay Dios, como ocurre en Spinoza o en Francisco de Asis, pero no en la Irene de Rossellini vista desde el prisma vaticano. El propio Rossellini realiz una esplndida pelcula sobre el mstico de Asis, Francisco, juglar de Dios (1950), un santo al borde de ser declarado hertico, y otras varias para la televisin sobre un buen nmero de filsofos, sobre esos seres siempre exteriores, siempre salindose del cuadro.

Cuando Rancire habla del gesto del Emperador Marco Aurelio pidiendo la atencin de la plebe, all s que casi roza una mstica, pero una mstica nada proletaria, nada atea ni anrquica, sino la del respeto popular hacia la realeza, la reaccionaria. Por eso nos habla de ese gesto que apacigua y vuelve atento al pueblo y que su herona realiza y lanza al final de la pelcula como una bendicin. Un gesto magno ante lo cual, el cura, que ya est con el pueblo aunque farisaicamente la haba negado antes, se quita el sombrero; como no dejar de recordar Juan Manuel de Prada en el coloquio que Garc realiz tras emitir la pelcula que comentamos.

La bendicin final de Europa 51 y el milagro que aparece como colofn de Rompiendo las olas, imprimen a esas pelculas una retrospectiva al Vaticano que nos parece que raya en el adoctrinamiento religioso, en un condicionamiento subliminal de masas cinfilas no atentas a lo que en el fondo se les est contando [3].

En un buen artculo de un gran conocedor de Rancire hemos encontrado quien ha reflexionado del mismo modo que nosotros lo hacemos a lo largo de estas lneas, detectando, igualmente, el criptocatolicismo y remitiendo como contraste al Buuel deViridiana. Como cuando nos dice, tras comparar el film del que hablamos con otro ms afortunado del citado con anterioridad de Lars von Trier, con Dogville, su autor, lo siguiente:

La moral de la historia no es simplemente, como Rancire proclama, que es imposible ser bueno en un mundo maligno. Sino que es tambin -como sugiere Luis Buuel en Viridiana- la de que una sutil pero constante perversin gua subterrneamente y marchita, el supuesto bien de la devocin religiosa y de las fachadas sociales [4] .

Habra que aadir que al aludir Rancire a Scrates para compararlo con la herona, nos remite antes al Scrates de Kierkegaard, figura tica precedente de la figura religiosa de Jesucristo, que a otros. Y de manera tica aparece el personaje de Andreas, el amigo comunista que lleva a la burguesa a la conciencia de clase para curarla de su prdida, pero sin conseguirlo. Nos remite as Rancire a un Scrates precristiano antes que al Scrates de un Agustn Garca Calvo; a ese otro que sera ms bien el rompedor de todas las convenciones, el corruptor de la juventud, el que trastoca toda moral y todas las leyes de la ciudad, pero no por santo sino porque est endaimoniado, porque en l habita un daimn.

Dicho lo antecedente como lo equivocado de la pelcula y no tanto, pero tambin, de la interpretacin que la sigue sin contravenirla, los aciertos de la lectura de Rancire estriban en el tratamiento posestructuralista que le otorga tambin a la obra. Su visin es recepcionable una vez separada del criptocatolicismo, es decir, cuando se centra en el tratamiento de lo traumtico y en el acontecimiento que acontece, sin ms.

La herona est perdida tras el trauma de la muerte del nio y ese acontecimiento que tiene que ver con la nada, es intolerable. Es intolerable pero no es incomprensible, ya que el nio muere, quiz muere porque ha habido guerra y porque hay miseria, pero est allende toda explicacin.

La muerte del nio nos remite al famoso cuadro que dibuja Chesterton cuando habla de la nia pelirroja al final de su famoso libro Lo que est mal en el mundo:

 Hay que empezar por algn sitio y yo empiezo por el pelo de una nia. Cualquier otra cosa es mala, pero el orgullo que siente una buena madre por la belleza de su hija es bueno. Es una de esas ternuras que son inexorables y que son la piedra de toque de toda poca y raza. Si hay otras cosas en su contra, hay que acabar con esas otras cosas. Si los terratenientes, las leyes y las ciencias estn en su contra, habr que acabar con los terratenientes, las leyes y las ciencias. Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prender fuego a toda la civilizacin moderna. Porque una nia debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio. Porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribucin de la propiedad; porque debe haber una distribucin de la propiedad, debe haber una revolucin. La pequea golfilla del pelo rojo, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser mutilados y destrozados para servirle a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarn y los tejados ms antiguos caern, pero no habr de daarse un pelo de su cabeza [5].

Magnfico texto muchas veces citado y recordado. No podemos sino suscribirlo desde el principio hasta el final. Nos encontramos ante un prrafo que ha movilizado innumerables conciencias hacia lo micro-poltico, hasta el punto de vista segn el cual por un pequeo, vale la pena enfrentar toda la opresin del planeta.

Sin embargo, podemos decir sin reparos, que la utilizacin chestertoniana de la muerte de un nio para afianzar su catolicismo y tradicionalismo debe ser rechazada. Utilizar a los muertos para una causa ideolgica siempre es algo ruin, ms mezquino an si son nios, pues stos todava no abrazan causa alguna ni pertenecen a ninguna ideologa.

El prrafo de Chesterton es de un impacto y de una brillantez sin igual para defender la vida frente a la muerte, la revolucin frente a lo establecido, la libertad frente a la sujecin. Ms por eso mismo lo es ms entonces para un vitalismo ateo que defiende lo humano esencial y menos para los dogmas de ninguna religin triunfante. Conviene prevencin y reflexin, manteniendo distancias con toda instrumentalizacin de la infancia, excepto aquella loa que exclusivamente sea tendente a defender a los pequeos y los dbiles contra los fuertes.

Rancire nos dice que el acontecimiento de la muerte del nio tiene que ver con la conversin de su madre. De nuevo aqu cae entonces con esa palabra desafortunada en el criptocatolicismo. Hay que corregirle simplemente en este punto y decir que tiene que ver con una transvaloracin, con una transformacin que sita a esa mujer en un afuera, en el afuera, este s un lugar de ningn modo comprensible ni recuperable por la sociedad. Ella se encamina a situarse en el afuera de la libertad, por lo cual, es encerrada.

El filsofo indica que en los aos 60 tuvo una interpretacin, la que ahora recoge y criticamos, pero que en la actualidad, aos 90, tiene otra. Es la segunda visin esttico-poltica de la pelcula la que nos parece ms acertada, la que se sustenta en el mantenimiento de un acontecimiento como tal, esto es, como inenarrable, inaprensible e intolerable; como algo hay que dejar como tal sin invadirlo de sentido al pretender explicarlo. La herona entonces es aquella que lanzada hacia afuera por un acontecimiento brutal acepta lo imprevisible por venir y se lanza hacia la posibilidad ms que humana, manteniendo lo irrepresentable como irrepresentable. Lo representable est representado por el marido, que cree que ella le engaa, por el juez, que la juzga, por el mdico y por el psiquiatra, que la diagnostican, por el sacerdote, que la rechaza e incluso por el comunista. Pues todos ellos dan razones para explicar lo que ocurre, lo que le ocurre a ella. Al principio tambin ella se echa la culpa de lo que ha sucedido, explicndose como culpable, como mala madre, luego pasa al comunismo cristiano redentor y, finalmente, acaba asimilando el sinsentido de lo ocurrido. Si la muerte de un nio es inimaginable, intolerable e irrepresentable, ninguna teora puede dar cuenta de ello.

El filsofo Jacques Rancire, entonces, detecta bien, en consonancia con su pensamiento filosfico crata, a quienes se sitan en ese afuera de manera sbita y de forma inexplicable; aunque son los que se sitan en un lugar de libertad -en el cual pueden mezclarse y armonizarse con los otros- son, igualmente, a los que se encierra o a los que se interna. Son esos los que van al manicomio, donde encerrarn a Irene por incapacidad de dar razn de su conducta, y eso porque estamos en una sociedad que juzga y condena aquello que la supera.

No es lo mismo perderse por estar enfermo que perderse por superabundancia, por sobrepasarse, por ejemplo, en generosidad. As lo atestigua el mismsimo filsofo-telogo Soren Kierkegaard cuando nos habla del estadio esttico, que no ya del religioso, en un prrafo que podra haber firmado Nietzsche:

Ms all del mundo que habitamos, en un fondo an lejano, existe otro mundo: entre ambos existe, aproximadamente la misma relacin que entre la escena en un teatro y la escena de la realidad. A travs de una sutilsima niebla vemos otro mundo de nieblas, un mundo ms tenue y de un carcter ms intensamente esttico que nuestro mundo real; un mundo donde los objetos tienen un valor diferente del que ofrecen en la realidad. Y sucede que muchos seres que materialmente se encuentran en este mundo real, en realidad, no pertenecen a l, su verdadera morada est en el otro mundo. Cuando un hombre se pierde entre nosotros y llega casi a desaparecer, ello puede ser por enfermedad, o, tal vez, por un estado de salud ms elevada. Tal era lo que le ocurra a l, a quien yo, antes de conocerle, conoca ya. El no perteneca al mundo de la realidad, aunque tena con sta muchas relaciones. Se internaba en la realidad muy profundamente, cada vez ms adentro; pero cuando ms se hunda en ella, ms libre, ms fuera de la realidad se conservaba, la exceda [6].

Aunque el filsofo dans recin citado mostrase predileccin por la vida religiosa a lo largo de su vida y obra, bien saba que entre los modos de existencia no religiosos tambin caban seres que exceden y superan a la realidad. Unos seres que si eran tratados como locos o como enfermos habra de ser porque llevaban consigo la esttica o la tica hasta sus ltimas consecuencias y no por desarreglos en su mente. Algo que desde luego pretender para su caballero de la fe, para ese estadio con el que como venimos diciendo no comulgamos, con el que no comulgamos a menos que se torne y tome como mstico.

Por tanto, es distinto lo que la pelcula dice -expuesto a multitud de interpretaciones- que lo que la pelcula muestra. Ese mostrarse excede tanto a la pelcula como a las interpretaciones. Si nos atenemos a lo que dice y realizamos una interpretacin cristiana, marxista o psicoanaltica, aplicando esas rejillas tericas, impedimos que se nos muestre algo, cerramos la abertura que contiene el film. Si se quiere decir psicoanalticamente que la madre tiene una relacin de pareja edpica con el hijo y que los celos de ste generan que se trate de matar o que, a la manera marxista, es la miseria del pueblo la que provoca una torsin en el espritu de la herona; se acertar pero se cerrar con ello la apertura del sinsentido que planea sobre el acontecimiento.

La protagonista se llama Irene, que significa, paz, y solamente alcanza la paz cuando acepta que no hay razones para explicar lo ocurrido, pero que lo ocurrido la ha sacado fuera de s hasta alcanzar cierta comprensin. Por eso ella no ve nada en el test de Rorschach que le presenta el psiquiatra, porque est ms all de la representacin y de la interpretacin y, por eso Irene, como bien dice Rancire, se sale del cuadro.

Situada la protagonista de Europa 51 de ese modo, en el exceso no religioso sino esttico-tico o mstico, ya se nos permite realizar otra lectura. Nos sale de ese modo una versin ms fructfera de la pelcula. Obtenemos as una distinta leccin: la que se muestra pero no se dice, soterrada, si bien enturbiada en la magna obra de Rossellini y en el comentario que le dedica Rancire.

Es esa otra leccin que se muestra la que hemos querido despejar.


Notas:

[1] Jacques Rancire Breves viajes al pas del pueblo. Ediciones Nueva Visin. Buenos Aires 1991. 3. Un nio se mata, pp.89 y ss.

[2] Slavoj iek Goza tu sntoma! Jacques Lacan dentro y fuera de Hollywood. Nueva Visin, Buenos Aires, 1994, p.51 y 55

[3] Toda obra del sptimo arte contiene lecturas ideolgico-polticas sea o no premeditado el suscitarlas por el director. Vase a este respecto mi artculo: Leni Riefenstahl y la esttica fascista; prueba de la imposibilidad de un arte apoltico. En: Revista Observaciones Filosficas, nm. 11, 2010. Tambin accesible en la Web de filosofa La Caverna de Platn: riefensthal0304

[4] En: Jacques Rancire: History, Politics, Aesthetics. Gabriel Rockhill and Philip Watts editors. 12. The Politics of Aesthetics: Political History and the Hermeneutics of Art, by Gabril Rockhill, Duke University Press, Durham and London 2009, p.212.

[5] G. K. Chesterton Lo que est mal en el mundo. Ed. El Acantilado, Barcelona 2008, prrafo final.

[6] Soren Kierkegaard Diario de un seductor. Biblioteca Sol. Mxico 1944, pp.9-10.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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