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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2019

En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso

Ricardo Luis Mascheroni
Rebelin

El autor de esta columna de opinin dice que la obligatoriedad de los debates pblicos de los candidatos responden a esnobismos tomados de otras sociedades, parten de errores conceptuales sobre la actividad poltica, la vida de los partidos y esconden otros propsitos.


Los debates presidenciales, una puesta en escena

Si estuviera en el lugar de Alberto Fernndez , no ira a debatir con el mentiroso serial de Mauricio Macri . No tiene sentido, gastar plvora en chimangos, dira mi abuelo, sobre todo con alguien que no se hace cargo de nada y le echa siempre la culpa de todas las calamidades a los dems.

Por otra parte, desde que comenz a hablarse de estos debates, he estado en contra y por ello reproduzco en esta oportunidad un artculo que escrib hace varios aos atrs sobre el tema.

A propsito de la obligatoriedad de los debates pblicos de candidatos

En los ltimos tiempos, legisladores nacionales y provinciales de distintos partidos, misteriosamente han visto la luz descubriendo la vital importancia de la obligatoriedad de los debates pblicos de candidatos y precandidatos electorales.

Algunos hasta temerariamente, desde mi punto de vista, califican con grandilocuencia, que la ausencia de esos mecanismos propios de la ingeniera electoral y de la mercadotecnia poltica de los tiempos actuales, constituyen un atentado a la democracia.

Permtaseme disentir respetuosamente con estas paparruchadas, que como verdades reveladas, afirman que los debates son un extraordinario mecanismo para enriquecer la calidad democrtica e institucional de la sociedad, lo que no deja menos que sorprendernos.

Estos snobismos tomados de otras sociedades, parten de errores conceptuales sobre: la actividad poltica, la vida de los partidos y en torno a los desencantos sociales.

Pasar a explicitar seguidamente el porqu de cada uno de los pecados originales en los que caen todos los proponentes de estos proyectos.

Desde siempre, salvo en la poca actual, la actividad poltica era una forma de vida que se forjaba en los comits, en las unidades bsicas y en todo otro mbito natural de la misma. El candidato, era ms all de algunos acuerdos poco honrosos que existan, una persona que tena una trayectoria para mostrar y una concepcin ideolgica amalgamada al calor del debate partidario, el compromiso ciudadano y su participacin en distintos estamentos sociales; en definitiva, arribar a la calidad de candidato era una consecuencia y no un fin en s mismo. Ahora los mismos, en la mayora de los casos, son un producto de la imagen, sin pasado e ideologas, por lo menos visibles, y esos son los ms peligrosos, ya que no asumen ningn pacto social con los electores, s con los poderosos de turno.

Los partidos polticos eran un cuerpo vivo, que actuaban de correa de transmisin entre los reclamos sociales y las conducciones y autoridades varias, donde la militancia y los equipos tcnicos surgidos de ella, armaban despus de mucho tiempo de debates acalorados, las prioridades, las propuestas y las plataformas y salan a potabilizarlas en cada comunidad. Todo ello ha sido reemplazado por tecncratas contratados, gures, expertos en mercadotecnia y asesores de imagen, que siempre tratan de mostrar a sus contratantes como impolutos, incoloros y sobre todo, lo ms alejado posible a aquello que tenga algn tufillo a poltica, generando ellos mismos las sospechas sobre una de las ms nobles actividades del ser humano.

Las frases: la muerte de las ideologas, hoy es tiempo de gestin y yo no tengo nada que ver o no vengo de la poltica, es toda una filosofa poltica en la que se escudan, fogoneada por los grandes acorazados de la Prensa (al decir de Deodoro Roca ) y sus intereses corporativos y de la que hay que escapar raudamente en defensa propia.

En tercer lugar los desencantos sociales no se producen por ausencia de debate y la ostensible orfandad de propuesta, sino todo lo contrario, el desencanto es una consecuencia directa del incumplimiento de lo prometido o la defraudacin a las expectativas de los electores.

Menem dixit: Si a la gente le deca realmente lo que iba a hacer, no me votaba".

Mientras los candidatos sigan haciendo campaas y no militen pblicamente cada una de sus ideas a travs de los aos, cada vez se harn ms dependientes de la mercadotecnia para el conocimiento general y para imponer no una idea, sino un imagen, en un simulacro de poltica, vaco de contenido, aunque podr ser redituable electoralmente, pero que agrava el descreimiento y el divorcio con la sociedad.

En otro orden de cosas sera suicida desconocer que la mercadotecnia a travs de empresas y corporaciones comunicacionales y de entretenimiento (porque de periodismo y de informacin hay muy poco), han impuesto una variedad de estereotipos sobre modelos de personas socialmente potables, que del mundo del espectculo se han trasladado al de la poltica y que estn lejos de abarcar la variedad de los tipos humanos mayoritarios.

El espectculo se nutre de lindos, flacos, jvenes, simpticos, locuaces, exitosos, elegantes, sexis, instruidos, famosos, audaces, etc., otorgndoles un plus de ventaja en comparacin con aquellas personas que no renen dichas caractersticas y que luego gran parte de la poblacin consumidora de esos medios, transpola a las preferencias electorales para la seleccin de sus candidatos.

Este neolombrosianismo de la tipologa humana en el terreno poltico, se vuelve tremendamente peligroso y discriminatorio, poniendo en desventaja a la mayora de los habitantes del pas, transformando a la democracia en un acto fallido, generador de una suerte de voto calificado a la inversa; ya no se discrimina al elector sino al aspirante, aunque el mismo tenga firmes convicciones y compromisos sociales y democrticos. El tipo humano impuesto no es el recomendable.

Imagine adems, que si algn candidato por actitud de vida, terror escnico u otras caractersticas rechazara este tipo de herramienta, nunca tendr chance en el resultado de los comicios. Con este artilugio Yrigoyen nunca hubiera sido candidato y menos presidente.

Una amiga, deca de ellos: son un invento meditico, como tantos otros, de los yanquis, y ellos saben mucho del negocio del espectculo. Su pas es un gran espectculo, poderosamente meditico. Me dan cosa los que se exponen, siento hasta pudor por ellos, y algo de lstima, al tener que descarnarse as ante todos y lo peor es que no son legtimos, francos, transparentes, ya que tienen que tener todo pautado, el tiempo y lo que dicen y cmo lo dicen. Un horror!"

Un impulsor de un proyecto, bien intencionadamente dice: Consideramos que hoy hay un debate en la sociedad y un pedido de que los polticos acerquemos nuestras plataformas y propuestas de gobierno en un debate serio, y que se respete el derecho a que los ciudadanos cuenten con la mayor informacin posible de cada candidato y fuerza poltica a la hora elegir autoridades de Gobierno.

Ante esta afirmacin me permito hacer algunas correcciones: En la sociedad no existe ese debate, si en los medios que fijan la agenda autoritaria de la poltica, previas encuestas pagas, ya que lo que la sociedad quiere es que no se los engae con propuestas que no se tiene voluntad o posibilidad de cumplir, debate por medio o no y el derecho de que cada ciudadano cuente con informacin de cada candidato, no se garantiza con debates guionados por asesores que determinan palabras claves en muchos casos engaosas, sino obligando a los partidos que en su tarea de social de militancia en contacto directo con la poblacin, aclaren a la sociedad desde dnde hablan tanto desde lo ideolgico, filosfico y lo poltico, sin temor a emplear categorizaciones o encasillamientos, que no por denostados o considerados anacrnicos por los sectores de poder sobre todo econmico, han perdido vigencia. Es saludable volver a decir que se habla desde la derecha, el centro o la izquierda y sus combinaciones posibles, no haciendo un ocultamiento vergonzante o temeroso de la censura meditica y de sus mandantes.

Podra coincidir con un legislador que afirma: El intercambio de ideas o propuestas de cara a la ciudadana no puede ser una opcin sino una obligacin, aunque ello no se consigue con los debates, mientras los partidos y los aspirantes no vuelvan a hacer poltica.

Estoy convencido de que la diferencia entre un candidato y otro no es la imagen o el buen uso de lo escnico o la verba, sino su compromiso, sus convicciones y sobre todo su patriotismo.

A los medios no les interesa que se debata, s que haya peleas y agresiones, por cuanto eso vende, aunque la poltica pague los platos rotos.

Ricardo Luis Mascheroni, docente universitario / HoraCero


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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