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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2019

Nuestra poca y la de Pablo

Alina B. Lpez Hernndez
La Joven Cuba


Qu es la poca de Pablo para los cubanos de hoy?, preguntaba Fernando Martnez Heredia en un ensayo.[1] Es cierto que tambin afirmaba: La historia no vuelve nunca de cualquier manera, la memoria histrica nunca es inocente.[2] Pero a la memoria histrica hay que entrenarla, pues desde los mecanismos del poder, que incluyen a la historia oficial, a veces se escoge lo que es preferible rememorar.

En ese ejercicio de recuperacin, especie de adiestramiento para evitar el alzheimer de Clo la musa de la historia, ninguna fuente es tan til como los epistolarios. Elas Entralgo los denominaba literatura de soliloquio y confesin y consideraba que revelan, mejor que otros documentos, el carcter y la personalidad de una figura, pues a travs de las cartas se poda lograr un desahogo del nimo. Aseveraba que con su lectura no solo podemos reconstruir el itinerario espiritual de la personalidad () sino tambin la topografa cultural y moral de la poca.[3]

Cartas cruzadas es la recopilacin de la correspondencia, activa y pasiva, de Pablo de la Torriente Brau que se gener entre abril de 1935 y agosto de 1936.[4] Este fue su segundo exilio neoyorquino y coincide con el declinar de la Revolucin del Treinta en Cuba. El joven revolucionario, comunista por conviccin, aunque no por militancia, vive el drama del desarraigo cultural, el clima hostil, la pobreza, el alejamiento de la familia y los amigos y lo peor, el convencimiento de que haba que empezar desde cero a impulsar la lucha por la liberacin.

Debemos este libro a Vctor Casaus, director del Centro Pablo, que compil las misivas, prolog el texto, elabor las notas que ayudan a los lectores a identificar figuras, publicaciones y hechos; y lo principal, dio una estructura peculiar a su propuesta al presentarla como un espacio donde se entrecruzan existencias. Su pretensin fue que se acercara en lo posible a la vida, donde mueren y nacen gentes, hay alegras y tristezas y combates y miserias y esperanzas, como en una novela, o mejor, como en la vida misma que estas cartas en su dilogo evocan.[5]

Martnez Heredia valor el conjunto de cartas reunidas por Casaus como una formidable coleccin.[6] Sin dudas es as. Con su lectura emerge ante nosotros una poca verdaderamente difcil para un revolucionario, o al menos para uno que se mantena fiel a la idea de que la revolucin era necesaria. Que para l no era la que haba derrotado a Machado sin demoler estructuras semicoloniales, y tampoco la que encabezaba el Partido Comunista, con una estrategia desacertada y una ideologa dogmtica que presentaban como la nica va posible. Fue aquel un perodo de desconcierto, pues el campo de los conflictos y las distancias de Pablo con el Partido Comunista se fue ahondando, no as su convencimiento de que era impostergable una transformacin radical de la sociedad.

Un intercambio epistolar es significativo en el conjunto. Se trata de las misivas cruzadas entre Pablo y su mejor amigo, Ral Roa, en diciembre de 1935. Ambos eran simpatizantes de la lnea del Partido Comunista, aunque sin ser miembros, no obstante, sus cartas permiten ilustrar uno de aquellos momentos en que el camino partidista se haca confuso. A Pablo le preocupaban algunos acercamientos del Partido hacia sectores polticos no revolucionarios y los argumentos dbiles que manejaba para hacerlo. Porque yo creo que la dialctica tambin tiene moral, escribi. Para nosotros la dialctica debe ser una espada flexible: flexible, pero de acero. Y siempre una espada.[7]

Por ello funda en el exilio otra estructura para la lucha, la Organizacin Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA), de izquierda, clandestina e insurreccionalista. No logran sostenerla y ese intento fallido define su destino: se va a Espaa a contrapelo de las opiniones de Roa y otros compaeros. De all no regresar.

Pero nadie muere totalmente si fue tan coherente como Pablo. Su voz resonante, su sentido del humor, su fuerza inquebrantable, su espritu invencible y su desafo a contrarrevolucionarios, seudorrevolucionarios y oportunistas, son trados de vuelta por esas cartas cruzadas, que, como bien alega su compilador: estn atravesadas por el viento magnfico, spero y luminoso de la revolucin, porque los hombres que hablan en ellas estaban buscando, en tiempos muy difciles, el camino para llevarla adelante, en medio de la torrentera de la historia de que habla Roa.[8]

Ese tiempo difcil nos acerca a Pablo, pues nuestra poca tambin tiene sus propias torrenteras, y las experiencias de alguien que supo ser consecuente en circunstancias adversas es hoy un testimonio invaluable. Recomiendo entonces la lectura de este libro, que narra el fracaso de una revolucin y transmite el aliento necesario para empezar otra.

Notas:

[1] Fernando Martnez Heredia: Pablo y su poca, La revolucin cubana del 30. Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007.

[2] Ibdem, p. 1995.

[3] Elas Entralgo: La paradoja histrica de Luz y Caballero, prlogo al Epistolario de Jos de la Luz y Caballero, Editorial de la Universidad de La Habana, 1945, p. XXII.

[4] Pablo de la Torriente Brau: Cartas cruzadas, Ediciones La memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, (segunda edicin), 2012.

[5] Vctor Casaus: Prlogo, Op. Cit., p. 27.

[6] Op. cit., p. 187

[7] Citada por Fernando Martnez Heredia en: Op. cit, pp.183-184.

[8] Vctor Casaus: Prlogo, Op. Cit., p. 27.

Fuente: http://jovencuba.com/2019/11/28/nuestra-epoca-y-la-de-pablo/



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