Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2006

24 tesis sobre la situacin en Euskal Herria

Joseba lvarez Forcada, Iaki Gil de San Vicente
La Haine


La izquierda abertzale siempre ha tenido como una de sus seas de identidad supeditar el electoralismo parlamentario a sus objetivos polticos, a su estrategia de movilizacin de masas y a la activacin permanente de su militancia

ADVERTENCIA: El grueso de este artculo fue escrito hace algo ms de un mes a peticin de la revista gallega Abrente, integrada en la izquierda independentista de aquella nacin que lo ha editado en su lengua nacional. Los acontecimientos ocurridos durante este tiempo no hacen sino confirmar lo aqu escrito. Tras haber hablado con los compaeros gallegos y realizados algunos aadidos para adaptarlo a los diferentes y ms amplios segmentos de lectoras y lectores de muchos ms pueblos, lo presentamos ahora al debate internacional.

1.El tiempo transcurrido desde noviembre de 2004 cuando la presentacin pblica de la Propuesta de Anoeta, ha confirmado la existencia de una profunda crisis en la unidad del Estado espaol debido a la tendencia al alza de las reivindicaciones nacionales de pueblos no espaoles anexionados militarmente en el pasado. No se puede especular sobre qu hubiera ocurrido y cmo hubieran reaccionado las diversas fuerzas vascas y espaolas ante la Propuesta de Anoeta si no hubiese existido dicha crisis de dominacin espaola, porque existe una conexin dialctica entre ella y la capacidad de la izquierda abertzale para agravarla, dentro de un proceso ms general de progresiva concienciacin de otros pueblos no espaoles.

2.La enorme manifestacin en Barcelona de hace poco tiempo en defensa de sus derechos nacionales; la alianza entre el PSG y BNG en Galiza para vencer al PP que ha reabierto el problema del Estatuto gallego; las tensiones internas dentro de la CEOE por los efectos en la patronal espaola de los procesos cataln y vasco; las presiones para no aceptar la definicin de Andaluca como nacin en la reforma de este estatuto; los problemas en la reforma del Senado, de la deuda sanitaria y autonmica, etc.; los speros debates entre Comunidades Autonmicas por el problema creciente del agua; la tendencia al alza de los sentimiento nacionales y regionales-fuertes en la juventud de los pueblos oprimidos, stas y otras cuestiones muestran la crisis interna del Estado en este tema.

3.Partiendo de aqu, la situacin vasca actual se caracteriza por haber tomado una orientacin diferente al resto de las reivindicaciones nacionales en el Estado, que mayoritariamente se mueven en la perspectiva de negociar mejoras estatutarias. Es cierto que las izquierdas independentistas de esos pueblos llevan otro rumbo y que luchan directamente por la prctica del derecho de autodeterminacin pero por ahora, y pese a sus meritorios esfuerzos, no tienen an la fuerza suficiente como para lograr un salto cualitativo en sus pueblos respectivos, salto del estatutismo ms o menos exigente al independentismo en cuanto tal.

4.Tambin es cierto que, ahora mismo, la izquierda abertzale no plantea obtener la independencia, el socialismo y la reuskaldunizacin maana a la madrugada, pero, siendo esto cierto, su praxis actual no es autonomista, sino que va encaminada a la conquista de dos reivindicaciones bsicas que se mueven en un plano totalmente diferente: el reconocimiento de Euskal Herria como sujeto poltico cuya voluntad libremente expresada debe ser respetada por los Estados, y el reconocimiento de su unidad territorial. Podramos decir que mientras las reivindicaciones estatutistas plantean cmo reordenar las celdas de la crcel de pueblos que es el Estado espaol, la reivindicacin actual de la izquierda abertzale plantea cmo abrir la puerta de la crcel para que el Pueblo Vasco pueda salir de ella, y tambin las naciones que lo deseen.

5.Recordemos que en la Propuesta de Anoeta de noviembre de 2004 se especificaban dos ejes paralelos pero de incuestionable influencia mutua en el avance del proceso de resolucin: uno entre ETA y el Gobierno de Madrid en lo que atae a la desmilitarizacin multilateral del conflicto armado y de sus consecuencias, eje de esencia transcendencia poltica quirase o no reconocerlo; y otro entre las fuerzas polticas, movimientos populares, sociales y sindicatos vascos en todo lo que atae a los contenidos polticos de una propuesta consensuada para la resolucin democrtica del conflicto.

6.La izquierda abertzale tiene este segundo objetivo no por capricho sino por estrategia y porque, adems, coincide con la tendencia de fondo de nuestro pueblo que, pese a los diferentes ritmos de avance entre sus territorios, va dando pasos en esa direccin. Nos encontramos ante la interaccin de tres factores dentro de una totalidad: la evolucin de esa tendencia de fondo hacia la soberana; la accin de la militancia independentista dentro de esa tendencia, reforzndola; y las acciones tambin dentro de ella de las diferentes fuerzas sociopolticas, sobre todo de las fuerzas principales en el bloque etatalista, PSOE y PP, adems del PSF y la UMP en el Estado francs, y la estatutista, PNV. Es lo que denominamos la triangulacin del espacio poltico vasco

7.La conexin profunda entre la izquierda abertzale y la tendencia hacia la soberana se realiza en y mediante la propuesta de la mesa de negociacin entre las diversas fuerzas polticas, sociales y sindicales existentes en Euskal Herria. Se trata de dar cuerpo oficial a una dinmica que va calando y extendindose en cada vez ms problemas cotidianos, superando los obstculos levantados no hace mucho tanto por la represin del PP, que la mantiene el PSOE, como por el apoyo de los autonomistas y regionalistas.

8.Estos obstculos llegan a ser de una brutalidad tpica de dictaduras. Por ejemplo, el sistema carcelario de exterminio psicofsico, que recientemente ha aumentado el nmero de sus vctimas con las muertes de Igor Angulo y Roberto Sainz. Otras veces se expresan mediante la politizacin de la justicia espaola y la judicializacin de la poltica con sus secuelas de procesamientos y encarcelamientos, o de libertades provisionales dependientes de fianzas millonarias. Tambin con provocaciones crueles de la Ertzaintza contra derechos y sentimientos profundos de nuestro pueblo, sin olvidar las declaraciones de altos responsables del PNV justificando la represin espaola. Todo esto agravado por una presin meditica desquiciada en medio del silencio pasivo cuando no colaborador de lo que antao fue la intelectualidad progresista espaola.

9.Una revisin crtica y autocrtica de las experiencias anteriores en las que se haban producido treguas e intentos de acuerdo (Argel en 1989 y Lizarra-Garazi en 1998, por citar las ms importantes), pese a todas las diferencias innegables entre ellas, confirma una especie de leccin histrica que ha trado por la calle de la amargura a Madrid y al PNV: que es imposible exterminar a la izquierda abertzale, que es imposible acabar policialmente con ETA y que, para mayor desgracia de los unionistas y de sus peones vascos, simultneamente ha ido creciendo el apoyo social a una solucin negociada.

10.A partir de aqu, excepto el PP-UPN, el resto de fuerzas que haban apostado por la destruccin o al menos por la paralizacin definitiva de la izquierda abertzale se enfrentan a la necesidad de reorientar parcial o totalmente su estrategia porque, con diferencias, ven, primero, que aumenta la demanda de soberana y que dentro de sta, la opcin independentista tiende al alza; segundo, que ha quedado confirmado de nuevo que la izquierda abertzale es una fuerza estructural y estructurante capaz de mantenerse activa bajo las peores represiones y de crecer de nuevo al superarlas; y, tercero, que la sntesis de estos dos puntos ms la tctica abertzale de mantener mltiples conversaciones discretas, puede hacer que aqul partido que no quiera sumarse al proceso quede apartado de l en el futuro.

11.Adems, y como razn bsica, la demostrada vitalidad de ETA y los rumores de todo signo sobre sus posibles contactos con el Gobierno, al margen de que sean reales o no, aumentan la importancia de los tres puntos porque ya no se trata de procesos que caminan aislados entre s, sino que forman una unidad en paralero que hace que se refuercen mutuamente. Quienes quieran separarse de esta dinmica corren el serio riesgo de no disfrutar de una porcin de gloria cuando se vayan solucionando los problemas, a no ser que consigan paralizarla e imponer una salida falsa, es decir, reeditar un nuevo estatuto.

12.Este es el mayor riesgo existente en la actualidad: que el PSOE y el PNV opten por una va tramposa con dos caras. Una, la ms aparente, consistira en dar una imagen de voluntad de resolver las formas ms externas del conflicto, buscando desactivar la movilizacin popular, marear a la gente, cansarla mientras que, en secreto, desarrollar la otra cara, la negociacin a la baja con el PSOE para reformar en algo el vigente estatuto de forma que parezca que se ha conseguido algo substancialmente nuevo. Una vez cerrado el pacto, se dara carpetazo al proceso de resolucin del conflicto y de avance democrtico amenazando abiertamente a la izquierda abertzale: o aceptas lo que hemos pactado con Madrid o te machacamos.

13.Bsicamente, esta fue la opcin del PNV hace un cuarto de siglo, cuando acept la descentralizacin administrativa impuesta por Madrid con el nombre de estatuto. Despus, con variaciones, ha sido siempre su opcin cada vez que la lucha popular ha forzado la posibilidad de una negociacin con el Estado, y en estos momentos siempre hasta ahora el PNV ha optado por obstruir, frenar y hacer fracasar la solucin negociada, aun sabiendo los costos y sacrificios humanos que su decisin acarreara. No apoy el proceso en Argel en 1989 y rompi el Acuerdo Lizarra-Garazi en 1999, al constatar que la nica opcin poltica que se fortaleca en contra de sus intereses era la izquierda abertzale que adoptaba una forma cada da ms clara de alternativa de poder en Euskal Herria. Hasta ahora, el PNV siempre ha convertido en beneficio econmico propio el dolor ajeno provocado por su colaboracionismo, y hoy lo sigue haciendo, tal y como hemos podido constatar estos ltimos meses de la mano de su presidente, Josu Jon Imaz y de su ministro del Interior, Javier Balza.

14.Actualmente los factores arriba enunciados presionan con ms fuerza que antes para avanzar en la va resolutiva mediante la participacin popular, social y sindical. Sin embargo esto es un riesgo para los partidos institucionales que tienen miedo a dar la voz al pueblo. No slo estn acostumbrados a hacer poltica al margen del pueblo, sino que ni siquiera disponen de organizaciones de base algo efectivas para influir en la autoorganizacin popular. Durante ms de veinticinco aos, estos partidos han vivido de la poltica oficial y para los intereses de sus respectivas burguesas, la espaola en el caso del PSOE y del PP, y la autonomista en el caso del PNV.

15.Es cierto que el PNV, PSOE y en menor medida EA, tienen sedes en barrios y pueblos, y algunas ONG,s para trampear dinero pblico, pero carecen adems de una militancia acostumbrada a la accin diaria en una poltica popular visible en la calle y sobre todo relacionada internamente con los movimientos populares y sociales, excepto las reuniones peridicas de sus burocracias en sus sedes locales. Los sindicatos que pueden defender sus intereses como UGT y CCOO tampoco saben qu es eso de militancia popular, y, para mayor desgracia del PNV, el sindicato ELA, que antes estaba bajo su frreo control, funciona ahora por libre. EA lo tiene peor, pero al menos est en algunos niveles de debate colectivo e insina un esfuerzo por empezar a hacer poltica prctica, y es IU la que peor parada sale en esta cuestin decisiva para el futuro del proceso.

16.Su debilidad en bases militantes preparadas es efecto de su opcin estratgica por la poltica burguesa y colaboracionista. Si en todo sistema democrtico-burgus es extremadamente difcil por no decir imposible compatibilizar durante largo tiempo el parlamentarismo burocrtico con la existencia de una bases militantes activas e incrustadas en los movimientos populares y en la lucha sindical, si esto es muy difcil, lo es mucho ms an en el rgimen espaol vigilado por una monarqua militar inaccesible al control de la pseudodemocracia existente.

17.La poltica institucionalista, parlamentarista y colaboracionista necesita militantes obedientes, dciles y dispuestos a lanzarse contra su propio pueblo en defensa de los intereses de la clase dominante, a la que sirve su partido. Estos partidos no han dudado en depurar y expulsar a los militantes que no aceptaban traicionar sus principios. Cuando tienen sindicatos propios que son sus anclajes en las masas, tambin los han expurgado sin piedad. A cada nueva claudicacin en los principios se produce una nueva depuracin de las bases que se niegan a seguir cediendo. De hecho, todo indica que la actual direccin del PNV est preparando un cambio organizativo interno que reducir an ms los derechos de sus bases para incidir en y controlar a la direccin, que ver ampliados sus poderes para imponer la tesis de la cosoberana.

18.Desde antes incluso de la democracia los principales partidos reformistas iniciaron la depuracin de sus sectores izquierdistas y la captacin de arribistas, amorfos y hasta antiguos franquistas, limpieza interna y adaptacin externa vital para lo que iban a realizar. Las manifestaciones de finales de los 70 contra la izquierda abertzale apenas hubieran sido posibles sin estos cambios. Pero para su desgracia, la autoorganizacin obrera y popular no desapareci y se recompuso con dificultades, pero dio nuevos pasos hasta llegar a la situacin actual en la que la reivindicacin soberanista e independentista crece empujada por fuerzas internas al pueblo trabajador, la mayora amplia de la poblacin. En estas condiciones, es un hecho cierto la debilidad de estos partidos para incidir en el meollo interno de la vida colectiva, lo que les lleva a multiplicar sus apariciones en prensa.

19.Por tanto, tienen limitaciones e intereses que les empujan a rechazar, retrasar o condicionar en lo posible, segn los casos, la prctica sostenida con la militancia de la izquierda abertzale y con los movimientos populares, sociales, etc., adems de con los sindicatos. Lo que nos interesa aqu es insistir en la esencia poltica y econmica de dichos intereses, porque irn en aumento en la medida en que avance el proceso y les obligue a posicionarse en uno u otro sentido. Estn atenazados entre sus intereses corporativos, burocrticos y de partido, por un lado, y la creciente presin popular que exige cada vez ms avanzar conjuntamente hasta donde sea posible en un esfuerzo comn por resolver el conflicto causado por la ocupacin espaola.

20.Es por esto que la salida actual de algunos de ellos es la de desplazar la atencin pblica hacia los rumores, desmentidos, filtraciones interesadas y mentiras descaradas sobre los posibles contactos entre ETA y el Gobierno. Exigen una y otra vez, cada segundo, que ETA de el paso ltimo, pero ellos no hacen nada o muy poco por impulsar los acuerdos entre las fuerzas vascas. El PNV es el ms hipcrita, el ms interesado en retrasar y sobre todo estancar los avances de los que hablamos porque sabe que cuanto ms se profundice en esa dinmica ms difcil va a tener su negociacin privada y secreta con el PSOE en Madrid.

21.Por su parte, el PSOE sabe que tiene que dar una solucin al mal llamado problema vasco para asegurar su reeleccin y para avanzar en la solucin de la crisis espaola, lo que le lleva a realizar un esfuerzo mayor que el del PNV, pero aumentando incluso la represin y el castigo a los prisioneros para acallar las crticas del PP en el Estado y debilitar a la izquierda abertzale cara al futuro, o as lo pretende. Tiene que hacer malabarismos entre estos dos extremos, pero el tiempo puede acabrsele porque va a ser casi imposible para estos partidos electoralistas y parlamentaristas seguir avanzando en esta senda una vez se haya abierto la veda electoral en 2007.

22.En cuanto a la poltica del Gobierno francs y de las fuerzas polticas que lo vienen ocupando estas ltimas dcadas, sea el PSF o la UMP, siempre ha sido apoyar la iniciativa del Gobierno de Madrid, independientemente que lo gestione el PSOE o el PP. Su participacin en la represin del movimiento independentista vasco a pasado de ser un colaboracionista con la autoridades espaolas, a ser estos ltimos aos un agente directo de la represin con iniciativa e inters propio, sobre todo desde el momento que constata que existe un claro avance de la conciencia nacional e identitaria en Iparralde que reivindica la creacin de una institucin propia para esa parte del territorio vasco, as como la oficialidad de la lengua vasca e instituciones econmicas propias que posibiliten acuerdos transfronterizos inter-estatales, pero internos a Euskal Herria. Hoy por hoy, est por ver si esa ecuacin sigue funcionando o no ante la posibilidad que el Gobierno espaol avance en la resolucin democrtica del conflicto vasco. Todo parece indicar, que con posicin propia, el Gobierno francs no solo no se opondr a esa iniciativa espaola, sino que, con intereses propios, readecuara la suya.

23.Sin embargo, esto no es problema para la izquierda abertzale que siempre ha tenido como una de sus seas de identidad supeditar el electoralismo parlamentario a sus objetivos polticos, a su estrategia de movilizacin de masas y a la activacin permanente de su militancia. Coherente con ello, est advirtiendo cada vez con mayor nfasis de que todo el proceso puede irse al traste si no se avanza en los contactos y acuerdos tanto en el mbito de la desmilitarizacin entre ETA y los gobiernos espaol y francs, as como a nivel poltico entre los partidos, los movimientos sociales y populares y los sindicatos. Todo ello, como no, con el acompaamiento internacional necesario en iniciativas de este tipo.

24.Los ltimos sucesos, como el encarcelamiento de importantes dirigentes de la Izquierda Abertzale por parte del juez Grande Marlaska, nos recuerdan el encarcelamiento en vsperas del Acuerdo de Lizarra Garazi de toda la Mesa Nacional de Herri Batasuna. En el ao 1997, el Gobierno espaol dirigido por Jos Mara Aznar quiso impedir con ello la concrecin del nuevo escenario, incluso clasific de trampa la tregua de ETA. Hoy, cuando la posibilidad de avanzar en el proceso de resolucin democrtica es ms real que nunca, el PSOE intenta presentar a la opinin pblica espaola una imagen de la Izquierda Abertzale acosada y debilitada con la clara intencin de buscar un acuerdo a la baja, adems de intentar despistar a la Izquierda Abertzale. Tal y como manifest Pernando Barrena a la salida de la Audiencia Nacional, el proceso es hoy por hoy, imparable, aunque segn la actitud de las fuerzas espaolas, francesas y del PNV, puede ser ms largo, ms duro y ms difcil.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter