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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2006

El alto el fuego de ETA y sus consecuencias

G. Buster
Rebelin


La declaracin de alto el fuego permanente de ETA busca permitir la construccin democrtica de un marco poltico en el que sea posible que los vascos y las vascas decidan sin limitaciones su futuro. Esta decisin de ETA de poner fin a una larga lucha armada en nombre de los derechos nacionales del pueblo vasco se hace en el convencimiento de la posibilidad del ejercicio de las libertades democrticas en Euskal Herria y, a travs de la movilizacin popular y la utilizacin de las instituciones polticas existentes, crear la correlacin de fuerzas que permita ir ms all de las limitaciones que impone a la soberana del pueblo vasco la Constitucin espaola de 1978. Esta es la esencia del comunicado de ETA.

Haber llegado a este convencimiento, no solo por parte de ETA sino del conjunto de la izquierda abertzale, ha sido un largo proceso. Pero su punto de arranque es la lectura de la nueva correlacin de fuerzas que el 14-M del 2004 permiti la derrota del Gobierno Aznar del PP y la formacin del Gobierno Zapatero. La respuesta poltica de la izquierda abertzale fue la Declaracin de Anoeta del 14 de noviembre del 2004, proponiendo un proceso para crear las condiciones necesarias no solo para el alto el fuego de ETA, sino para la creacin de ese marco poltico que permita en su momento la decisin democrtica del pueblo vasco.

En estos momentos, bajo la conmocin poltica que supone en el Estado espaol esta decisin, los anlisis iniciales parecen ms preocupados en explicar como ha sido posible que en sus consecuencias. Y, evidentemente, es muy importante comprender como ha sido posible llegar a este alto el fuego permanente para identificar los procesos polticos y los actores que estn detrs de l. Ms teniendo en cuenta que han tenido que actuar en lo fundamental no solo desde la clandestinidad, sino tambin desde una ilegalidad propia y especfica marcada por el Pacto Antiterrorista y la ley de Partidos Polticos, que pretendan criminalizar al conjunto de la izquierda abertzale cuando no al nacionalismo vasco. La lgica de esta poltica del Gobierno Aznar acabar mediante la represin no solo con ETA sino tambin con la izquierda abertzale y desplazar al PNV del gobierno vasco-fue aceptada y compartida por el PSOE en la oposicin bajo la presin de la muerte de sus militantes por ETA. Y solo tras el 14-M Zapatero ha podido cambiar de poltica, recuperando una orientacin propia, imponiendo un giro de 180 grados en el Partido Socialista de Euskadi y llegando a la mocin del Congreso de los Diputados de 17 de mayo del 2005 que apoya un proceso de dilogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio democrtico irrenunciable de que las cuestiones polticas deben resolverse nicamente a travs de los representantes legtimos de la voluntad popular.

Este proceso paralelo, de la Declaracin de Anoeta y de la Mocin para el dilogo tras el fin de la violencia, ha estado cruzado de puentes: de conversaciones entre el PSE y Batasuna a travs de Eguiguren y Otegui, de la movilizacin de los movimientos por la paz, de la mediacin de gentes como Alex Reid o incluso de Carod Rovira, que han permitido crear un mnimo de confianza. Ha tenido que gestionar la inercia del conflicto que, a pesar de los ms de 1000 das sin atentados mortales, se hace presente en suicidios de presos, en accidentes de encausados del macrosumario del 18/98 y familiares, en la exigencia del impuesto revolucionario y en la aplicacin de una Ley de Partidos Polticos antidemocrtica que ha impedido a Batasuna concurrir a las elecciones vascas y celebrar su congreso. Pero sobre todo, ha tenido que enfrentarse a una dura ofensiva reaccionaria del Partido Popular movilizando en las calles a las victimas del terrorismo- y de sectores del aparato de estado, sobre todo del judicial, para bloquear y hacer imposible el proceso de paz.

Consecuencias a corto plazo

Sin duda iremos conociendo el entramado de cmo se lleg a esta nueva situacin poltica. Pero ms importante es comprender cuales son las consecuencias a corto y medio plazo.

En primer lugar, supone una derrota muy importante de la campaa de movilizacin extraparlamentaria de la derecha, que intentaba mantener el Pacto Antiterrorista PP-PSOE y vetar cualquier proceso de paz. La discrecin y el secreto con el que el Gobierno Zapatero ha llevado a cabo el proceso de dilogo previo al alto el fuego permanente son consecuencia en parte de esa campaa, pero no solo ha dejado al PP sin alternativa poltica sino que le ha pillado por sorpresa. Una sorpresa que, acompaada de una oferta de consenso en base a la nueva poltica del PSOE, no le deja a Rajoy prcticamente margen de maniobra. Su nica posibilidad de condicionar los acontecimientos es ahora pasar del enfrentamiento frontal como alternativa de gobierno a una subordinacin que pone en cuestin esa misma alternativa.

Sin embargo, no hay que menospreciar desde la izquierda esa capacidad de condicionamiento de la derecha. Por un lado, porque sigue influenciando y dando cobertura poltica a sectores del aparato de estado que actan con su propia autonoma. Por otro, porque el propio PSOE recoge esa presin y la hace suya parcialmente no solo por razones electorales sino para justificar como inevitable los propios lmites polticos que impone al proceso de cambio, tanto en trminos de la solucin democrtica de la cuestin nacional, de la reforma constitucional como de las polticas sociales. La experiencia del debate sobre el Estatut de Catalunya es muy significativa en este sentido, de cmo Zapatero ha sabido utilizar la presin de la derecha y la falta de movilizacin de la izquierda para imponer la autocensura a las fuerzas del Gobierno Tripartito de Catalua hasta el 18 de febrero, cuando ya era tarde en buena medida.

La propia declaracin de alto el fuego no solo refuerza a Zapatero frente al PP. Las primeras encuestas con todas sus limitaciones tcnicas- muestran la recuperacin de los casi 7 puntos perdidos en los ltimos meses en intencin de voto en solo una semana. Tambin le refuerza en el seno del PSOE y del conjunto de la izquierda. Crea adems un nuevo escenario en el que la autocensura y las limitaciones en la reforma del Estatut de Catalunya aparece como una fase ms en un proceso de cambio que ahora tiene un desafo ms directo en Euskadi, y por lo tanto permitiendo a ERC justificar en esos trminos un cambio de actitud que le permita continuar en el Gobierno Tripartito y mantener este. Es decir, si la izquierda en su conjunto se refuerza frente a la derecha, no lo hace as la izquierda de la izquierda, de la que depende menos institucional y socialmente Zapatero.

La derrota del PP que supone el alto el fuego permite vislumbrar una legislatura completa en la que el Gobierno Zapatero puede llevar a cabo las reformas estatutarias, dar cuerpo al nuevo modelo territorial y hacer una reforma constitucional limitada. Es decir completar una segunda transicin controlada que le refuerce en todo el Estado espaol, mientras que crea las condiciones polticas que le sean ms favorables en Euskadi y Nafarroa para abordar el escenario en el que los vascos y las vascas decidan, de manera que el resultado de esa decisin sea compatible en lo fundamental con el nuevo modelo territorial. Una estrategia que inevitablemente exige en una primera fase hegemonizar el proceso de dilogo con la izquierda abertzale y dado el peso del PSE en las instituciones vascas, tendr que ser desde el gobierno central-, pero en una segunda tras las nuevas elecciones vascas y las generales del 2008- establecer una alianza con el PNV frente a los sectores independentistas.

Puede pensarse en un doble espejismo de inevitabilidad del proceso (porque el coste de una vuelta atrs parece inaceptable para todas las partes) y de dilogo directo entre el gobierno central y la izquierda abertzale. Durar poco en todo caso, porque al multiplicarse los actores y diversificarse los intereses la complejidad ira definiendo el surgimiento de una nueva situacin poltica con sus propios parmetros. Por eso, lo fundamental sigue siendo guiarse por objetivos concretos como son la creacin de las condiciones de paz, que implica el ejercicio de la democracia por todos los sectores de la poblacin, la superacin de la polarizacin del conflicto para dar entrada a la multitud de intereses, especialmente los sociales, y el reforzamiento de la izquierda en su conjunto a travs de la movilizacin, frente a las tentaciones de la gestin en fro como ha ocurrido en la reforma del Estatut de Catalunya.

Crear esas condiciones exige cosas concretas que rompan la inercia del conflicto y permitan superar a medio plazo sus consecuencias. Un apoyo a todas las victimas -a todas-, el acercamiento de los presos vascos a Euskadi, la derogacin de la Ley de Partidos Polticos para permitir la actividad democrtica de la izquierda abertzale, el sobreseimiento de los sumarios 18/98 y Egunkaria. Hacer un acompaamiento desde el conjunto del Estado espaol de la movilizacin en Euskal Herria por estos objetivos, exigiendo del Gobierno central su aplicacin frente a la derecha y el aparato judicial, puede ser una contribucin imprescindible de la izquierda.

Consecuencias a medio y largo plazo

La idea de que el alto el fuego permanente es el resultado de una derrota de ETA o de la izquierda abertzale, que agitarn en las prximas semanas sectores de la derecha, no tiene otro objetivo que bloquear el proceso de paz. Hace muchos aos que es evidente para todas las partes que el simple planteamiento de victorias o derrotas militares o represivas en un conflicto como el vasco implica una simplificacin hasta la caricatura del mismo.

Por el contrario, el alto el fuego y el proceso de paz crearn las condiciones a medio y largo plazo, con la extensin del proceso democrtico a todos los sectores de la poblacin vasca, de la posibilidad de una movilizacin social sin precedentes all donde, desde el final de la dictadura franquista, esta ha sido ms sostenida y ms fuerte, poniendo en cuestin una y otra vez los limites impuestos en la transicin por la derecha espaola.

En las nuevas condiciones, el mapa poltico vasco inevitablemente cambiar con la aparicin de nuevos sujetos e intereses que acompaen a la resolucin democrtica de la cuestin nacional. En este sentido, la condicin para que pueda conformarse una izquierda vasca socialista capaz de defender el derecho de autodeterminacin, pero tambin los intereses de la clase obrera- empieza por una superacin del frentismo sindical, del condicionamiento tctico de las luchas sindicales a unas u otras alianzas entorno a estrategias en la cuestin nacional, a situar en primer plano los derechos sociales en la resolucin de la cuestin nacional para marcar esta con un carcter de clase.

Pero ese proceso de cambio del marco poltico en Euskadi desembocar inevitablemente en la cuestin de los limites que impone a la libre decisin de los vasco y las vascas la Constitucin espaola de 1978. Superar esos lmites o en su caso los que impone a la soberana del pueblo espaol o de las otras naciones del Estado- exige un desplazamiento a la izquierda profundo, una nueva hegemona de la izquierda en el conjunto del estado espaol que vaya ms all de la segunda transicin controlada de Zapatero, que permita en primer lugar el ejercicio de ese acto de soberana. Un desplazamiento de ese tipo necesita un nivel de movilizacin de la izquierda social, del conjunto de la clase obrera y las capas populares, superior al que permiti la derrota del PP el 14-M del 2004. Pero ello, solo ser posible combinando la defensa de las cuestiones democrticas con sus intereses sociales ms profundos y la recuperacin, al menos por un sector de la izquierda, de la idea de un modelo alternativo de sociedad. Y ello exige crear no solo las condiciones en Euskal Herria, sino en el conjunto del Estado espaol.

26 de marzo de 2006



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