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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2004

La estrategia de Lisboa de la Europa neoliberal

G. Buster
Rebelin


El Consejo europeo quiere subrayar que la competitividad, la innovacin y la promocin de la cultura empresarial son elementos caractersticos del crecimiento () Dados los avances realizados por otros actores globales, la Unin debe actuar de manera ms decidida para mantener su capacidad de sostener el modelo social europeo en los aos venideros. La desindustrializacin sigue siendo un riesgo ()

Conclusiones del Consejo europeo, marzo del 2004

Los atentados del 11 de marzo en Madrid y el aumento de la tensin internacional en Iraq, Afganistn y Kosovo han situado en segundo plano lo que ha sido el debate prioritario en el Consejo europeo de primavera de este ao: la Estrategia de Lisboa.

Adoptada como programa estratgico de la Unin Europea en marzo del 2000, la Estrategia de Lisboa tiene como fin declarado convertir al mercado nico europeo en el ms competitivo del mundo en el 2010. Quizs sea un objetivo propagandstico y un poco pretencioso. Pero sus efectos han determinado el programa econmico y social de los gobiernos de los estados miembros, convirtindose en el marco de toda poltica posible, cualquiera que sea el signo de los gobiernos de turno.

La Estrategia de Lisboa es la gran herencia de la Comisin Prodi, que cesa en sus funciones el prximo mes de junio. Y lo hace en una coyuntura poltica en la que la resistencia social contra la aplicacin de las polticas neoliberales no solo se ha expresado en una larga cadena de huelgas en Alemania, Francia, Italia, Portugal, Espaa, Grecia y Blgica, que pueden remontarse hasta la huelga del sector pblico francs en 1995[i], sino tambin en la expresin electoral de un rechazo contra los gobiernos que la han aplicado, en parte independientemente de su ideologa poltica como en el caso de Grecia o Alemania- pero con especial amplitud frente a la derecha conservadora, como en Espaa o Francia.

La Estrategia de Lisboa fue uno de los elementos centrales de la respuesta a largo plazo de la UE al fin del ciclo de crecimiento econmico de los aos 90 y la recesin internacional de comienzos de esta dcada, en un marco de sobreproduccin generalizada y no recuperacin de la tasa de beneficios que han agudizado de manera muy significativa la competencia en el mercado mundial[ii].

No es el nico elemento, porque esta nueva fase de competencia econmica hay que enmarcarla en la globalizacin armada impuesta por EE UU como forma de hacer prevalecer no solo sus intereses geoestratgicos, sino tambin los econmicos frente a la UE, Japn, China, Rusia, la India o Brasil. La Estrategia de Lisboa -cuya piedra angular es el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en el que se asienta el Euro-, es tambin una componente esencial, convertida en ley en su Parte III, del proyecto de constitucin europea[iii], que dar legitimidad jurdica institucional a la Europa-potencia.

A pesar de la resistencia social contra las polticas neoliberales, los sindicatos europeos han participado y han sido consultados en la elaboracin de la Estrategia de Lisboa. La Comisin la ha presentado como un conjunto de polticas imprescindibles para garantizar el crecimiento econmico y mantener el llamado modelo social europeo, en el que la redistribucin social sera ms amplia que en EE UU o Japn. La implicacin de los sindicatos en las polticas modernizadoras neoliberales busca limitar la resistencia social. Pero la amplitud de sus efectos y la erosin de los derechos sociales y laborales de los ltimos treinta aos -como las pensiones, la sanidad, la negociacin colectiva, la flexibilidad del mercado laboral y de los horarios de trabajo- han ido situando a las direcciones de los grandes sindicatos organizados en la Confederacin Europea Sindical (CES) contra la pared, las han obligado a apoyar las luchas sindicales de base y a convocar jornadas de lucha europeas, la ltima de las cuales ha tenido lugar el 3 de abril[iv]. Esta resistencia ser esencial para la reconstruccin de una izquierda alternativa europea capaz de ofrecer un modelo de desarrollo europeo distinto al de la UE neoliberal actual.

Los ltimos meses de la Comisin Prodi han estado dedicados en buena parte a apuntalar para el futuro la Estrategia de Lisboa. En el terreno legal, mediante su inclusin en la Parte III del proyecto constitucional; en el financiero, priorizando el presupuesto comunitario para el 2007-2013 de acuerdo con sus orientaciones[v]; y en el poltico, reconstruyendo el consenso sobre la propia Estrategia tras las fricciones con los estados miembros en relacin al Pacto de Estabilidad y Crecimiento[vi]. Es este ltimo aspecto, reflejado en la Comunicacin Llevemos a la prctica Lisboa: reformas para una Unin ampliada (COM 2004 29), el que aborda este artculo.

Recesin, empleo y productividad

La Comunicacin citada plantea la preocupacin de la Comisin sobre la posibilidad misma de alcanzar los objetivos de Lisboa en el 2010. La primera fase de la Estrategia, la de las reformas legislativas, debera terminar en el 2005, con una evaluacin de cada uno de los estados miembros. A partir del 2006, se debera entrar en la fase de aplicacin plena de las polticas legisladas. Pero la UE no acaba de salir de la recesin iniciada en el 2000, a pesar de las seales de recuperacin del segundo semestre del 2003. En estos tres aos, la tasa media de crecimiento del PIB ha sido del 1,25% -en EE UU el 2,21%- frente al 2,7% en la segunda mitad de los aos 90.

Fue a partir del mantenimiento de la tasa de crecimiento del PIB de la segunda mitad de los 90 como se establecieron los objetivos de la Estrategia de Lisboa, sin tener en cuenta un posible ciclo recesivo de la economa mundial y en especial de la UE, que la propia Estrategia tena que combatir. Los dos elementos claves para intentar superar la diferencia de un 28% con el PIB per capita de EE UU eran un aumento sostenido de la tasa de empleo y de la productividad.

La tasa de empleo de la UE en el 2000 era del 62,5%, especialmente baja si se compara con el 71,9% de EE UU. El objetivo fijado para el 2010 es de un 70%. A pesar de la creacin de 6 millones de empleos, la tasa se ha situado en el 64,3% a finales del 2003. Pero la recesin ha hecho aumentar al mismo tiempo el paro, situndolo en el 9,1% para la Eurozona y el 8,2% para el conjunto de la UE, tres puntos ms que en EE UU. La ampliacin empeorar estas cifras, porque la tasa de empleo en los nuevos estados miembros es solo del 57% y la tasa de paro en pases como Polonia se sita en el 18%.

Si se analizan dos categoras como la tasa de empleo de los mayores de 55 aos y la tasa de empleo femenina, la desventaja comunitaria es aun mayor. La diferencia con EE UU es de 19,4% y 11,2% respectivamente. La ampliacin tampoco mejorar estas cifras, porque la diferencia entre los viejos y los nuevos estados miembros es de mas de un 10% y un 5,5% en cada caso.

Las diferencias de productividad entre la UE y EE UU son tambin importantes. El crecimiento de la productividad por persona empleada en la UE desciende desde los aos 90 y se sita actualmente alrededor del 0,8% anual, mientras que en EE UU crece desde 1995 y se calcula su incremento anual en un 1,8% desde el 2000. La tasa de productividad horaria es asimismo un 10% menor que la de EE UU.

La explicacin de estas cifras en la Comunicacin se centra en dos factores: la debilidad y retraso en la difusin de las nuevas tecnologas de la informacin y la comunicacin (TIC) y la falta de inversiones. Por lo que se refiere a las inversiones, los datos son incontestables, porque la inversin privada ha pasado del 18,3% del PIB en el 2000 al 17,2% en el 2002 y las inversiones pblicas desciende sistemticamente desde los 90 hasta el 2,4% en el 2003 (casi un 1% menos que en EE UU).

Una explicacin correcta?

En definitiva, todo el modelo macroeconmico sobre el que esta construida la Estrategia de Lisboa se basa en una comparacin de la UE con EE UU, determinada por su objetivo final de ganar la competencia inter-imperialista en el mercado mundial[vii].

Hay pocas dudas sobre el papel de la inversin como motor del crecimiento de la productividad. Sin embargo, a estas alturas, las dudas son mucho mayores sobre el papel jugado por las inversiones en TIC. De hecho, la tesis de que el fuerte crecimiento de la productividad entre 1995-2000 en EE UU se debi fundamentalmente a ello, como sealaron los estudios de Jorgenson, Ho y Stiroh (2000 y 2002) por un lado y los de Oliner y Sichel (2000 y 2002) por otro, ha sido fuertemente criticada por los estudios posteriores de Robert J. Gordon[viii]. Pero es que adems han chocado con la realidad, porque el aumento aun mayor de la productividad en EE UU en el perodo 2001-2003 ha coincidido con una fuerte cada de las inversiones en TIC y el pinchazo de la burbuja de las acciones de las nuevas tecnologas en los mercados de valores.

Es necesaria por lo tanto otra explicacin y ver si es compatible con los presupuestos bsicos de la Estrategia de Lisboa. Las conclusiones de los estudios de Gordon vienen a confirmar en definitiva los resultados del anlisis marxista de Robert Brenner de las causas de la recesin internacional de los ltimos tres aos: sobreproduccin y cada de beneficios y, por lo tanto, como se adaptan a ellas las estrategias empresariales.

Despus de descartar variables como la flexibilidad del mercado de trabajo -que en EE UU se mantiene sin grandes diferencias desde mediados de los 90-, las inversiones en las TIC, o los efectos de las deslocalizaciones industriales y de servicios, la historia que aparece es de alguna manera mucho ms mundana, pero tambin ms tangible.

En realidad, el aumento significativo de la productividad en EE UU es el resultado de un recorte sistemtico en el nmero de empleos, en una extensin de las horas trabajadas y un aumento de los salarios por debajo de la productividad, permitiendo una transferencia neta de renta de salarios a capital. Como es conocido, el nmero de empleos creados solo ha comenzado a aumentar en el primer trimestre del 2004 en EE UU.

Esta ofensiva patronal para recortar gastos, especialmente mediante la reduccin de plantillas, fue la respuesta a la lenta recuperacin de beneficios en los 90, muy por detrs de la rpida subida de los precios de las acciones en bolsa, que acab provocando la burbuja y el estallido del 2000. Para mantener los beneficios, las empresas recurrieron a echar mano de los fondos de pensiones y a manipular sus contabilidades, provocando una cadena de escndalos, que aumento aun ms la presin por reducir costes de manera rpida, reduciendo plantillas[ix].

Si este aumento de la explotacin del trabajo no fue acompaada en ltima instancia de una reduccin de la produccin fue, ahora si, por el efecto acumulado de las inversiones en TIC no solo desde los aos 90, sino seguramente como apunto Solow en su da desde finales de los 70, en una lenta acumulacin de capital intangible en forma de reestructuracin del conjunto del sistema productivo y los mtodos de trabajo.

El problema de esta explicacin de Gordon es que lleva implcita la prediccin de que la tasa de crecimiento de la productividad en EE UU en los ltimos tres aos no es sostenible, porque no es capaz en definitiva de cambiar sustancialmente las causas de la recesin, la sobreproduccin y la cada de beneficios. El actual ciclo econmico sigue dependiendo del consumo privado -que puede verse afectado rpidamente de manera negativa por la tensa situacin internacional- y por una poltica de estmulos econmicos masivos de la Administracin Bush y de la Reserva Federal, que desde el comienzo de la recesin en el 2001 ha recortado la tasa de inters de 5,5% a un 1%, agotando sus mrgenes de maniobra.

En la UE, el consumo privado juega un papel ms limitado. Aunque a finales del 2002, la deuda familiar privada supona el 80% de su renta disponible una cifra sensiblemente inferior a la de EE UU- el servicio de esa deuda absorba una parte mayor de la renta que en EE UU. Tampoco pudieron refinanciar esa deuda, como en EE UU, gracias a la rebaja de las hipotecas inmobiliarias, por la rigidez del mercado financiero.

Sin embargo, las deudas de las empresas privadas europeas crecieron ms proporcionalmente que en EE UU en la segunda mitad de los 90 (pasando del 58% al 72% del PIB), en parte porque el mercado financiero era ms flexible para las empresas que para las hipotecas. El hecho es que las inversiones empresariales europeas en la segunda mitad de los noventa fueron superiores a las de EE UU, precisamente para cubrir el dficit en productividad y por el propio tirn de la economa de EE UU. Y han creado un problema ms grave de sobreproduccin, agravado por la cada del valor del dlar en relacin con el euro reduciendo la competitividad de las exportaciones- y la poltica monetaria del Banco Central Europeo[x].

Las otras variables de la Estrategia de Lisboa

Aun si se descarta el efecto acumulado que pudiera tener una inversin importante en TIC en la UE en los prximos aos y la extensin de las comunicaciones por banda ancha para alcanzar los objetivos apuntados en el 2010, quedan evidentemente otras variables sobre las que la Estrategia de Lisboa se dispone a trabajar. Todas ellas apuntan a un aumento, como en EE UU, de la explotacin del trabajo.

Por un lado, el Pacto de Estabilidad, al imponer el limite del 3% de dficit presupuestario no solo juega un efecto depresivo pro-cclico y no permite revertir la cada sistemtica de ms de una dcada de la inversin pblica, sino que para mantener las existentes en infraestructuras y subvenciones a las empresas tambin acta como un elemento de presin para el recorte del gasto social, la reforma de los sistemas pblicos de pensiones y la reduccin de la universalidad del sistema sanitario pblico, que son la base del modelo social europeo. De hecho, se ha instalado en un bucle diablico por utilizar una analoga informtica- porque cuanto ms aumenta el dficit, ms aumenta la presin por recortar el gasto social y capitalizar y privatizar los sistemas de pensiones para liberar y abaratar capital.

Por otro, la extensin de la vida laboral por encima de los 65 aos -de manera reglamentaria atrasando el disfrute de las pensiones- parece bastante incompatible con una flexibilizacin del mercado de trabajo del alcance del propuesto por el Informe Kok. La dbil tasa de participacin en el mercado de trabajo de personas por encima de 55 aos y de mujeres puede permitir la aparente contradiccin de aumentar la poblacin activa empleada y a la vez el paro, como ha ocurrido en los ltimos tres aos. Pero el crecimiento paralelo de poblacin empleada y ejercito de reserva en paro sin introducir aqu la variante emigracin, que es esencial en esta ecuacin- tiene efectos desastrosos sobre el salario, los ritmos de trabajo y los derechos laborales, empezando por los sectores mas marginales del mercado de trabajo y extendindose al conjunto, en la medida en que se debilite la capacidad de resistencia sindical.

De poco sirve el llamamiento a aumentar la formacin profesional fuera de la empresa a lo largo de toda la vida laboral y las masivas subvenciones comunitarias para ello- como forma de responder a la flexibilidad del mercado de trabajo cuando la crisis creciente del sistema educativo pblico, como consecuencias de los recortes presupuestarios, hacen que la tasa de jvenes que abandonan o son expulsados del sistema escolar sin una preparacin elemental alcanza ya la escandalosa cifra del 18,1%, algo ms de 1 de cada 6 nios. Poco o nada podr compensar estas cifras un llamamiento a aumentar la inversin privada en la educacin secundaria, reforzando los efectos de la divisin de clases en la escuela y limitando la igualdad de oportunidades.

Resulta un poco sorprendente como la Comunicacin dedica solo media pgina a la cohesin social, dadas las referencias al modelo social europeo y a que se reconoce que 55 millones de ciudadanos de la UE-15 cifra que aumentar notablemente tras la ampliacin- viven en la pobreza o al borde de caer en la misma[xi]. Es decir una media del 15% en la UE-15, que en los pases del sur alcanza el 21%. Estas cifras exigen no solo ser analizadas en relacin con el empleo el 38% de los parados caen en esta categora- sino tambin el gnero, porque la pobreza femenina es endmica entre las viudas y las familias monoparentales. Estas cifras se mantienen ms o menos estables gracias a los beneficios sociales, que van ms all del efecto redistributivo fiscal, y que reducen la desigualdad de rentas en el coeficiente Gini entre un 30% y un 40%[xii]. Pero mientras que las polticas econmicas son coordinadas por ley en el proyecto de Constitucin europea, las polticas sociales quedan a la responsabilidad de cada estado miembro y sus planes de accin nacionales (PAN).

Pero en definitiva estos aspectos son secundarios como el desarrollo sostenible o el cumplimiento de los Acuerdos de Kyoto- con respecto al objetivo central de aumentar la productividad mediante una rpida generalizacin de las TIC y un aumento de las inversiones. Los efectos sociales parecen medirse sobre todo en relacin con la demanda, los niveles salariales[xiii] o la contencin del gasto social. No en balde el proyecto Constitucional subordina el modelo social europeo a una alta competitividad en su artculo I-3-3.

La inversin privada depende en definitiva de las expectativas de beneficios. La flexibilidad del mercado laboral, la reduccin del salario indirecto a travs de la reduccin del gasto social y la reforma del sistema de pensiones son ya contribuciones importantes de la Estrategia de Lisboa. Pero adems queda superar el 1% del PIB de diferencia en inversiones pblicas con EE UU, sobre todo en infraestructuras. En este sector, y dada la inflexibilidad del Pacto de Estabilidad, la contribucin del presupuesto comunitario, directamente y como catalizador, es cada vez ms importante. Desde el ao 2000, los Fondos estructurales han movilizado 80.000 millones de euros para formacin, innovacin e infraestructuras y otros 8.000 millones de euros reforzarn estos programas en el 2004. Pero, de nuevo en este sector, se choca con el lmite impuesto al presupuesto comunitario y la prohibicin de endeudamiento del proyecto Constitucional.

El riesgo de la Desindustrializacin

A pesar de que las conclusiones del Consejo hablan por segunda vez en menos de seis meses de riesgo de deslocalizacin industrial, la Comunicacin de la Comisin -siguiendo un estudio realizado en el 2003-, considera que no existe ninguna prueba de que la economa de la Unin muestre signos de desindustrializacin global[xiv].

Reconoce la perdida de competitividad y de empleo de sectores como el textil, minera, metales no ferrosos y el carbn pero los sita en un proceso de sustitucin de sectores industriales por otros con mayor intensidad de capital, que deben ser impulsados por la propia aplicacin de la Estrategia, aumentando la productividad y la flexibilidad laboral.

Aqu si que la ampliacin juega un efecto directo, al incluir en el mercado nico a 10 nuevos estados miembros con salarios tres veces inferiores y escasa proteccin social pero un sistema de subvenciones a las industrias equiparable al del resto de la UE, gracias a los Fondos estructurales. El 60% de las empresas alemanas de menos de 5.000 empleados han creado ya filiales en los nuevos estados miembros, en los que se concentrar la produccin de sectores claves, como los componentes automovilsticos o productos qumicos, que hasta ahora se fabricaban en pases como Espaa o Italia.

Para no hablar de otros sectores, como el textil que, gracias a la liberalizacin de la OMC prevista para enero del 2005, se estn desplazando a Rumania, Marruecos, Belarus o Turkmenistn. El superavit comercial de la UE-15 con respecto a los nuevos estados miembros es de 104.000 millones de euros y el mercado nico exige compensaciones. Pero implica al mismo tiempo un dumping social a la baja de enormes proporciones, que enfrenta y hace competir entre si a distintos sectores de la clase obrera europea, mientras la Comisin propone un acuerdo de los actores sociales[xv]. De hecho, la amenaza de las deslocalizaciones se ha convertido ya en un potente instrumento de chantaje para obligar a los sindicatos a aceptar como un mal menor la reestructuracin a la baja de las condiciones de trabajo y los salarios.

Las deslocalizaciones permiten a las empresas aumentar su competitividad esquivando uno de los elementos centrales de la Estrategia de Lisboa como es la formacin y la inversin en capital humano. En el sector industrial manufacturero el proceso se ha agravado en los tres ltimos aos no tanto en Francia y Alemania, que por razones polticas mantienen en lo posible sus niveles de empleo, sino en los pases de segundo nivel productivo de la UE a favor de los nuevos estados miembros, creando la base material para una Europa a varias velocidades a travs de una dinmica centro-periferia.

La diversidad lingstica de la UE puede frenar las deslocalizaciones en el sector servicios y retrasar que ocurra como en EE UU o Gran Bretaa, que han desplazado los centros de llamadas a pases como la India o Pakistn. Pero al hacerlo limitar tambin los efectos en la productividad general de la aplicacin de las TIC al sector servicios, hasta que se acabe imponiendo un idioma comn al menos para la gestin interna.

Qu hacer?

La estrategia de competencia inter-imperialista diseada por la Comisin, en un marco de recesin causada por la sobreproduccin y la cada de la tasa de ganancias, acaba convirtindose, como hemos visto, en una acumulacin de tcticas para la reduccin de costes productivos y la transferencia de renta de los salarios al capital. Si esto puede parecer una burda explicacin marxista, es sin embargo superior que el barniz ideolgico, a veces esotrico, sobre las capacidades de las nuevas tecnologas de la informacin y la comunicacin que utiliza la Comisin europea.

Frente a la Estrategia de Lisboa, el punto de partida no puede ser otro que las resistencias sociales realmente existentes. Apoyar su coordinacin europea, con reuniones de comits de empresas europeas y jornadas de luchas. La ideologa del partenariado social, que ha encadenado a las direcciones sindicales de la CES a las promesas de pacto social para la defensa del modelo social europeo, se est erosionando en la medida que se aplican las polticas de la Estrategia y sus efectos recortan los mrgenes de maniobra para legitimar dicho pacto social. Las jornadas de lucha europeas de la CES son pasos en ese sentido. Hay que comenzar a reconstruir una izquierda sindical, dentro y fuera de los grandes sindicatos, que comience a dar cuerpo a una alternativa, en alianza con el movimiento contra la globalizacin capitalista y la guerra.

La perspectiva de construir una alternativa, en el sentido fuerte que incluya un autentico modelo de desarrollo sostenible capaz de satisfacer las necesidades de los ciudadanos, es fundamental en esta fase. Las luchas de resistencia aisladas, sin coordinacin europea, estn condenadas en buena medida al fracaso. Coordinadas a nivel europeo pueden frenar la aplicacin de las polticas de la Estrategia, pero no obligar a los gobiernos a adoptar una nueva orientacin. Para ello har falta no solo que esa nueva orientacin tome cuerpo, sino tambin que se produzca un cambio en la correlacin de fuerzas con la aparicin de nuevos instrumentos polticos con efectos electorales.

La tarea de la prxima Comisin europea ser precisamente pasar a la fase de aplicacin masiva de la Estrategia, apoyndose en los efectos de la ampliacin, en su plasmacin en ley en la Constitucin neoliberal europea y en las nuevas Perspectivas Financieras que entrarn en vigor en el 2006. Por eso, adems de resistir y ayudar a la resistencia social, la izquierda alternativa europea tiene que enfrentar su propia alternativa al actual modelo de construccin comunitaria[xvi].

Frente al Pacto de Estabilidad es necesario un Pacto de Solidaridad europea que permita un aumento sustancial de las inversiones pblicas anti-cclicas y asegure un autntico modelo social europeo, manteniendo e incrementando los niveles de salario indirecto a travs de la redistribucin fiscal. Este es el mecanismo ms eficaz para mantener de manera transversal el consumo privado y la demanda en el mercado nico europeo. Al mismo tiempo que es inaceptable que los salarios directos en la UE sigan cayendo en trminos relativos (-0,7% de media en los ltimos tres aos), con la excusa de recuperar una competitividad que en la prctica es una mera transferencia de renta a favor del capital.

El Pacto de Solidaridad debe ir acompaado de una comunitarizacin creciente de las polticas econmicas pero tambin sociales a travs de un aumento sustancial del presupuesto comunitario, incluida la capacidad de endeudamiento. El actual lmite del 1,27% del PIB de la UE es claramente insuficiente para hacer frente a los retos combinados de la recesin y la ampliacin. El nuevo Parlamento europeo debera tener la capacidad para fijar una contribucin de los estados miembros al presupuesto comunitario de acuerdo con los propios objetivos de la Estrategia de Lisboa de al menos un 0,5% mas del PIB europeo y permitir un endeudamiento de otro 1% del PIB, acompaado de un impuesto europeo sobre las empresas multinacionales europeas.

Una poltica industrial europeo debe tener como objetivo impulsar un aumento de la productividad general, alcanzando al menos los niveles de inversin en I+D de EE UU y Japn, que al mismo tiempo permita una reindustrializacin equilibrada en el mercado nico que respete los derechos sociales de los trabajadores. El derecho de informacin y control de los sindicatos, la devolucin de las ayudas recibidas y la recalificacin como terrenos pblicos de los espacios industriales subvencionados deben de ser utilizados como frenos frente a las deslocalizaciones en un paquete legislativo comunitario.

Frente al borrador de Tratado de la Convencin, que pretende convertir en ley las polticas neoliberales, defendemos una autntica Constitucin europea que asegure el derecho de ciudadana. Empezando por una renta bsica universal, un salario mnimo interprofesional europeo ajustado al coste de vida y la productividad de cada estado miembro, el derecho universal a una vivienda digna, una sanidad y una educacin pblicas de calidad y un sistema de pensiones garantizado despus de 35 aos de trabajo. Y continuando por la semana de 35 horas, acceso universal a unos servicios pblicos de calidad y derechos de representacin, negociacin y accin colectiva sindicales. Por increble que parezca estos derechos bsicos del modelo social europeo no solo estn recortados en el proyecto de Tratado Constitucional de la Convencin, sino que adems estn subordinados a las legislaciones nacionales de los estados miembros.

14 de abril del 2004



[i] Para un anlisis de esta resistencia sindical pas a pas, ver el informe del Observatorio Europeo de Relaciones Industriales (EIRO), Developments in Industrial Action 1998-2002, (www.eiro.eurofound.ie)

[ii] Ver Robert Brenner, The Boom and the Bubble: the US in the World Economy, Verso Press 2002. Una versin resumida fue publica en la revista Viento Sur, n 66, con el ttulo Despus del Boom: un anlisis de la economa mundial, diciembre del 2002.

[iii] Para una critica del proyecto neoliberal de Constitucin europea ver G. Bster, El futuro de Europa y la izquierda alternativa, publicado en la revista electrnica Rebelin (www.rebelion.org)

e Ives Salesse, Premieres remarques sur le project de Constitution europenne , Cahiers Copernic, agosto 2003.

[iv] La CES ha convocado manifestaciones sindicales europeas con ocasin de los Consejos europeos como en Niza, Gnova, Barcelona, Sevilla, Salnica o Bruselas, de manera paralela y en un marco propio a las jornadas de lucha del movimiento contra la globalizacin neoliberal. La ltima jornada del 3 de abril fue especialmente importante en Alemania, como respuesta a la Agenda 2010 del Canciller Schrder, que es la adaptacin alemana de la Estrategia de Lisboa. Hubo 250.000 manifestantes en Berln, 100.000 en Stuttgart y 150.000 en Colonia. En Italia se manifestaron 500.000 personas contra la reforma Berlusconi del sistema de pensiones. Tambin hubo manifestaciones de menor entidad en Pars, Marsella, Madrid y Bruselas. Hay que sealar que a pesar de esta resistencia, la CES propone contradictoriamente un Si crtico al proyecto de Constitucin europea que hace ley la Estrategia de Lisboa. Le Monde, Des milliers des manifestants rclament une Europe sociale , 3-4-04.

[v] Comunicacin de la Comisin al Consejo y el parlamento Europeo sobre las Perspectivas Financieras para el 2007-2013. As, mientras que la partida destinada a I+D aumenta un 212%, la poltica agraria comn (PAC) sufre una reduccin del 38%.

[vi] El enfrentamiento de la Comisin, en especial del Comisario Solbes, con Alemania y Francia por su dficit presupuestario superior al 3% del PIB, acab con una propuesta de expediente que fue rechazada por el ECOFIN (el Consejo de los ministros de finanzas comunitario) y la decisin sin precedentes de la Comisin de recurrirla ante el Tribunal de Justicia Europeo. En su informe de marzo del 2004 al ECOFIN, la Comisin propuso abrir expedientes tambin a Pases Bajos, Italia y Gran Bretaa. A pesar de aceptar finalmente aplazar el cumplimiento del Pacto de Estabilidad hasta el 2005, la Comisin y los estados miembros aplazaron cualquier debate sobre la reforma del Pacto, que el propio Prodi haba calificado de estpido, entre otras razones para evitar cualquier duda sobre la estabilidad del Euro y la Estrategia de Lisboa. Ver Le Monde, Bruxelles reporte la rforme du pacte de stabilit , 3-4-04 y El Pas, La Comisin abre expediente a Holanda, Italia y Reino Unido por dficit excesivo, 8-3-04

[vii] Conviene especificar que la competencia inter-imperialista, en su aspecto econmicootra cosa es el geoestratgico- tiene lugar sobre todo como una competencia por cuotas de mercado en EE UU y la UE, ms que en otras zonas de la economa internacional. Ver en este sentido Joseph P. Quinlan, Drifting Apart or Growing Together?: The Primacy of the Transatlantic Economy, Center for Transatlantic Relations, John Hopkins University, 2003.

[viii] Robert J. Gordon, Exploding Productivity Growth: Context, Causes and Implications, Brooking Papers on Economic Activity, 2003. Para otros trabajos de Gordon, consultar (http://ideas.repec.org/e/pgo50.html). Para Dale Jorgenson (http://post.economics.harvard.edu/faculty/jorgenson/papers/papers.html)

[ix] Doug Henwood, After the New Economy, The New Press, NY 2003 coincide en lo fundamental con esta explicacin en un libro ameno y brillante, escrito desde la izquierda, de recomendada lectura.

[x] Ed Crooks y Tony Major, Hopes are rising that the eurozone economy is at a turning point. But can it ever catch up with America?, Financial Times 1-9-03.

[xi] Se define la pobreza como una renta inferior al 60% de la media de la renta nacional de cada estado miembro per capita.

[xii] Ver en este sentido los datos y conclusiones del informe de la Comisin, The Social Situation of the European Union 2003, cuyo optimismo final sobre la compatibilidad del modelo social europeo y la Estrategia de Lisboa rozan el acto de fe dadas las estadsticas que presenta.

[xiii] Aunque la estrategia de Lisboa no dedica un gran espacio al problema de los salarios, sino es para ponerlos en relacin con la productividad, hay que sealar que la Comisin emite todos los aos un dictamen sobre el desarrollo salarial apropiado desde 1994, que marca las orientaciones para los estados miembros y las patronales europeas en las negociaciones colectivas, que cubren entre el 70% y el 90% de los trabajadores en la UE-15. La subida salarial bruta media anual en el perodo 2000-2003 ha sido del 3,5%, que ajustada a la inflacin queda en el 0,8%. Pero si se aplica el margen distributivo recomendado por la CES (inflacin +productividad-aumento salarial) el resultado de estos tres aos es -0,7%. Ver EIRO, Pay developments 2002 (www.eiro.eurofound.ie)

[xiv] Commission, Les enjeux cls de la comptitivit Europe : vers une approche intgre COM (2003)704.

[xv] Ver el artculo de Ricardo Martinez de Retuerto en Le Monde, Avec l'largissement, les dlocalisations vers l'Est se multiplient , 28-3-04, que recoge la reaccin de preocupacin de Walter Cerfeda, responsable de relaciones industriales de la CES : Estamos en una encrucijada. Los pases del centro y el este de Europa prefieren el modelo social anglo-americano al modelo tradicional europeo de cohesin y proteccin social, ya casi minoritario despus de las reformas adoptadas en Italia, que han provocado manifestaciones gigantescas en ese pas, en Portugal o en Espaa. Si las empresas consideran el capital humano un coste, lo recortaran. Los sindicatos tendrn que implicarse a fondo. El Parlamento Europeo tambin se ha interesado por este tema, proponiendo medidas que limiten la movilidad de las empresas con beneficios o que hayan recibido subvenciones en la Resolucin Closure of undertakings after receiving EU financial aid P5_TA(2003)0106.

[xvi] La izquierda alternativa europea ha mostrado hasta ahora una incomprensin de la necesidad de construir una alternativa por temor a caer en una poltica de reformas del sistema capitalista. Al hacerlo, se reduce a si misma a una crtica resistencial y economicista que choca con la experiencia acumulada de los trabajadores en sus luchas. Para intentar relanzar el debate sobre las alternativas globales ver la Resolucin poltica del Bloco de Esquerda portugus aprobada en su III Convencin Por una refundacin Democratica de la UE (www.bloco.org) y G. Buster, Otra Europa es posible: un proyecto de Constitucin alternativa y Carta alternativa de los derechos fundamentales de la UE (www.rebelion.org).



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