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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2007

La paz: muy difcil, pero la mejor salida

G. Buster
sinpermiso.info


No resignarse a un nuevo ciclo de represin-violencia, a nuevas acciones de ETA y a la victoria electoral de una derecha movilizada implica desarrollar un movimiento por la paz a partir de las iniciativas y movilizaciones existentes, con la pluralidad del debate poltico imprescindible, y crear las condiciones democrticas para un nuevo proceso de paz. Los que no quieren la paz, dicen que es imposible. El resto, simplemente, que es muy difcil, pero que no hay otra salida . Gustavo Bster sigue analizando la situacin poltica espaola despus del atentado de ETA el pasado 30 de diciembre.

A juzgar por el pulsmetro de la SER, veinte das despus del atentado de ETA en la T-4 del Aeropuerto de Barajas, Zapatero no solo habra sido capaz de frenar la contraofensiva del Partido Popular (PP), sino que habra recuperado una ventaja en intencin de voto de seis puntos y el respaldo mayoritario de la sociedad espaola (54% frente al 36%) en su gestin de la poltica antiterrorista. Los datos de la encuesta, ms all de su margen de error, reflejan el sentimiento poltico en la calle y en los medios de comunicacin tras las manifestaciones del 13 de enero en Madrid y Bilbao y el debate en el Congreso de los Diputados del da 15. Es decir, reflejan la situacin de confrontacin entre la derecha y la izquierda espaolas, situando en un segundo plano la situacin interna en Euskal Herria. Porque el efecto ms importante del atentado de ETA ha sido, irnicamente, desplazar del eje conflicto vasco de la propia situacin vasca a la del estado espaol en su conjunto, marcada por la crispacin poltica y la movilizacin continua de la derecha contra el Gobierno Zapatero.

El comunicado de ETA

El da 9 de enero, ETA hizo pblico su comunicado reivindicando el atentado y explicando las razones de su accin. Los elementos de anlisis eran ya conocidos: el bloqueo del proceso de paz, en especial en lo referente a la represin e ilegalizacin de la izquierda abertzale, la ofensiva judicial con la doctrina Parot para evitar las excarcelaciones de presos de ETA tras cumplir sus condenasPero si el Gobierno poda ser acusado de no cumplir sus compromisos en la ampliacin de un espacio poltico democrtico capaz de integrar a la izquierda abertzale ms all de la estrategia represiva heredada del PP, era evidente la contradiccin de querer abrir ese espacio con 500 kilos de explosivos como si se tratase de un procedimiento tcnico que no afectase a la declaracin de alto el fuego permanente. Era no solo un error poltico, sino tambin una estupidez como discurso, que debilitaba la reafirmacin del compromiso con el proceso de paz no solo de ETA, sino de la izquierda abertzale.

Las dificultades en la gestin de esta contradiccin se han ido haciendo patentes con los das a golpe de declaraciones explicativas de Otegi y de artculos de Gara sobre los encuentros entre ETA y el Gobierno. Del desconcierto subrayado por el hecho de que Otegi tuvo conocimiento del atentado en plena reunin con uno de sus interlocutores del PSE, Juregui se pas a reconocer la contradiccin, a las puntualizaciones sobre la traduccin de las declaraciones del vasco al castellano de otros dirigentes abertzales. Y cuando estaba a punto de generalizarse el debate poltico en toda la izquierda abertzale, la decisin del Tribunal Supremo de revisar la sentencia de la Audiencia Nacional y declarar a las organizaciones juveniles de la izquierda abertzale parte de ETA, resucitando la doctrina Garzn, permiti ahogarlo en la necesidad de una respuesta nica frente a la represin.

De alguna manera, la decisin del Tribunal Supremo, con una composicin marcada por los nombramientos durante el Gobierno Aznar, era la respuesta de la derecha al xito de las manifestaciones de Madrid y Bilbao y a la resistencia de Zapatero en el debate del da 15 en el Congreso de los Diputados a subordinarse a la poltica antiterrorista del PP. Pero su adopcin, frente a la Audiencia Nacional, en parte haba venido anunciada por la poltica de acoso a distintos sectores de las izquierdas, siguiendo la lnea del ministro del interior Rubalcaba contra Batasuna e incluso organismos unitarios como el movimiento de mujeres por la paz Ahotsak, para hacer explotar las contradicciones de la izquierda abertzale, arrinconndola entre la marginacin o la condena pblica del atentado, con la misma doctrina Garzn de que debilitar a la izquierda abertzale es en definitiva debilitar a ETA.

La suma de las incongruencias del discurso de ETA con las consecuencias de las diferentes aplicaciones polticas de la doctrina Garzn, en un momento en que las manifestaciones de Madrid y Bilbao frenaban al PP, redujeron el margen de maniobra de Zapatero para mantener su ambigedad calculada sobre el proceso de paz.

Las manifestaciones

El xito de la manifestacin de Madrid (200.000 personas), adems de las de Pamplona, Zaragoza, Santiago, Burgos y otras ciudades se debi ante todo a que suponan una removilizacin de la izquierda frente al PP. El hecho de que fuesen convocadas por los sindicatos CC.OO y UGT y las asociaciones de emigrantes ecuatorianos dieron un carcter de clase ms all de las diferencias y debilidades ideolgicas sobre el proceso de paz mismo. Zapatero, no ests solo! y Paz! fueron las consignas ms coreadas en una clara confrontacin con la derecha.

Esta polarizacin, alimentada por la estrategia del PP de hacer del fracaso del proceso de paz su principal instrumento para una victoria electoral de la derecha, se refleja tambin en el pulsmetro de la SER antes citado. El 67% considera que el PP utiliza el terrorismo con fines electorales, que el Gobierno ha hecho lo correcto tras el atentado (53%) y el PP, no (61%), y adems, que Zapatero debe seguir intentando el fin negociado de ETA (59% frente al 32%). Para la mayora de la poblacin asalariada fuera de Euskal Herria, la confrontacin con la derecha y el peligro de una vuelta al gobierno del PP han sido determinantes en su actitud durante este mes de enero.

La manifestacin de Bilbao, convocada por el Lehendakari Ibarretexe y el Gobierno Vasco, tambin fue un xito (80.000 personas). Pero su carcter fue distinto desde el primer momento. Frente a las propuestas de una convocatoria en los trminos de la coincidencia de posiciones entre el portavoz del PNV, Imaz, y un PSE marcado desde Madrid por Rubalcaba que daban por enterrado el proceso de paz y colocaban en primer plano el acoso y aislamiento de Batasuna, Ibarretxe impuso institucionalmente el eje del dilogo y de las condiciones democrticas necesarias para un proceso de paz.

La batalla poltica tanto en Madrid como en Euskadi que precedi a la convocatoria de las manifestaciones fue distinta, pero estuvo muy relacionada. En Madrid, el PP tom rpidamente la decisin de no acudir, bajo la presin de la Asociacin de Victimas del Terrorismo (AVT), consciente de que no poda cambiar la naturaleza misma de la convocatoria sindical y que poda perder en la calle, en una dura confrontacin, la imagen de mayora social que ha intentado construir con sus cinco grandes manifestaciones contra el proceso de paz en dos aos y medio. Pero ello no le impidi una campaa de erosin para deslegitimar la manifestacin sindical. En nombre del consenso antiterrorista PP-PSOE, intent enfrentar a un sector de la direccin confederal de CC OO contra la direccin regional de Madrid, principal impulsora de la manifestacin. Exigi la introduccin de la palabra Libertad en el lema de la convocatoria Por la Paz y contra el Terrorismo como un caballo de troya que le permitiese otras exigencias posteriores en nombre de la unidad de los demcratas y chantaje e intent escindir a las asociaciones de emigrantes ecuatorianos desde la Comunidad de Madrid, en manos del PP. A pesar de algunas concesiones menores, la decisin poltica de las direcciones sindicales de Madrid bloque la campaa de erosin del PP.

En Bilbao, el lema de la convocatoria se convirti tambin en la excusa formal del forcejeo poltico. La convocatoria Por la Paz y el Dilogo fue criticada por el PSE, pero Patxi Lpez antepuso la unidad de accin con el PNV, contando con la complicidad de Imaz. Hasta que Batasuna anunci que ella tambin acudira a la manifestacin en apoyo del proceso de paz. Para impedirlo, Imaz impuso una tercera consigna de condena explicita del terrorismo de ETA, dando un nuevo aliento a su estrategia de recrear un nuevo pacto de Ajuria Enea basado en la alianza entre PNV y PSE como alternativa al pacto antiterrorista PP-PSOE. En ese marco, la nica intervencin del Lehendakari Ibarretxe al final de la manifestacin volvi a incluir la nota de lectura de consenso democrtico s, pero para intentar de nuevo un proceso de paz que la represin contra la izquierda abertzale no deba ahogar.

El debate en el Congreso

Tras el clima creado por las manifestaciones del sbado 13, el debate parlamentario del lunes estuvo precedido por un dilogo interpuesto en los medios de comunicacin entre Otegi y Zapatero y las reacciones posteriores de Rajoy. Las largas entrevistas de Otegi en Gara y de Zapatero en El Pas no solo intentaban reasegurar a sus respectivas bases de un cierto control racional del proceso, sino de una capacidad de iniciativa independiente de poderes fcticos.

Otegi llev las contradicciones al punto de responsabilizar a todos los sujetos del proceso de paz y no solo al Gobierno del bloqueo del mismo, pero reiter su compromiso de reemprenderlo con las iniciativas y autocrticas necesarias por parte de la izquierda abertzale. Ello no resolva el problema, porque tras el atentado su condicin de sujeto poltico aceptado por el resto de las fuerzas polticas depende de su condena de la violencia y no solo del llamamiento realizado a ETA para que mantenga la tregua rota. Y esa condena le supondra al mismo tiempo su deslegitimacin como interlocutor ante ETA y los sectores minoritarios de la izquierda abertzale que amenazan con la escisin. Su llamamiento a la iniciativa poltica incapaz de influir de manera positiva en la correlacin de fuerzas en el resto del estado entre la derecha y las izquierdas, de establecer una relacin poltica y social entre la removilizacin de las izquierdas en el estado y las condiciones para el proceso de paz a travs de un movimiento social por la paz se convierte as en una mera esperanza impotente de que el paso del tiempo arregle las propias contradicciones de la izquierda abertzale.

En el caso de la entrevista con Zapatero, tras asegurar que el gobierno no se encontraba ante una crisis, sino ante el acoso de la contraofensiva de la derecha que utilizaba la poltica antiterrorista con fines electorales como si no hubiese sido as durante toda la legislatura por razones obvias, acababa reiterando el compromiso del gobierno con el fin de la violencia con dilogo. Solo ETA era culpable del fin del dilogo y de un proceso de paz en el que el Gobierno haba tenido toda la voluntad de avanzar y de cuya metodologa se reivindicaba. Porque. en definitiva, el problema de la violencia es el del apoyo social, y este solo se puede superar ganando polticamente a otra perspectiva a sectores significativos de la izquierda abertzale. Su ambigedad calculada se converta as en una esperanza siempre que se superasen los condicionamientos de la contraofensiva del PP con sus reflejos dentro del PSOE y se volviesen a dar las condiciones de cese de la violencia y credibilidad de los interlocutores para un nuevo proceso de paz dialogado.

El debate parlamentario del da 15 escenific la polarizacin existente y las alternativas, ayudado por un formato que dio todo el protagonismo a Zapatero y Rajoy. Este ltimo, que haba intentado forzar el debate en los primeros das de enero ante un Gobierno paralizado, se encontr, tras las manifestaciones y las entrevistas, con que haba quedado aislado de antemano.

La propuesta del PP de una rendicin incondicional del Gobierno, su autocrtica y la sumisin al frente antiterrorista que exclua a los nacionalistas vascos y catalanes y al resto de las izquierdas, sin otra perspectiva que una represin generalizada judicial y policial no solo contra ETA, sino tambin contra el conjunto de la izquierda abertzale, acompaada de la puesta en cuestin de los propios gobiernos vasco y cataln, no poda tener ningn eco. La frase de que en el proceso de paz si dialoga le ponen bombas, y si no le ponen bombas, es porque ya ha cedido era una disyuntiva que nadie poda aceptar racionalmente con sus consecuencias. Sobre todo ante la evidente carencia de buena fe del proponente, que cay en las encuestas casi un 20% en su valoracin, ya de por si no muy alta. De igual manera que su exigencia de que se retirase la mocin parlamentaria de mayo de 2005 que estableca las condiciones para el dilogo con ETA, porque ste simplemente deba quedar anatemizado. Pero el PP contaba con algo ms que la reivindicacin del pasado en la forma del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la aoranza del Gobierno Aznar. Cuenta con la herencia institucional de esa poltica, reflejada en la composicin de la judicatura y en una capacidad de movilizacin social que pretende volver a poner a prueba el 5 de febrero.

La alternativa de Zapatero a la oferta de reedicin del frentismo espaolista era un consenso amplio contra el PP y contra ETA, una reedicin, si no formal, s de hecho, de los Pactos de Ajuria Enea, ms all de mantener una reunin paralela del Pacto Antiterrorista con el PP. Ese Consenso o Ajuria Enea II era la condicin mnima necesaria para poder mantener la perspectiva de un proceso de paz simbolizada en la mocin parlamentaria de mayo de 2005, aunque dejase sin resolver el problema de cmo crear las condiciones para ello, una vez cerrado el actual por el atentado de ETA. Y en especial, sin resolver las cuestiones clave de la magnitud de la respuesta policial y judicial al atentado y la posible participacin al menos por vas indirectas de candidaturas locales de sectores de la izquierda abertzale en las elecciones municipales. Porque sin resolver estas dos cuestiones en una ampliacin de las condiciones democrticas de integracin de la izquierda abertzale, el nico freno a una nueva ruptura del reiterado alto el fuego de ETA con una ofensiva terrorista que se llevase por delante al Gobierno Zapatero parece pasar por ofrecer un margen de actuacin legal de Batasuna a travs de EHAK, que de todos modos no resuelve el problema de su aceptacin como interlocutor poltico. Es decir, un freno muy dbil para quienes ya han cometido el error poltico del atentado del 30 de diciembre.

Pero esta preocupacin solo apareci de manera secundaria en el debate parlamentario a travs de las intervenciones de los portavoces del PNV, EA o Nafarroa Bai. Para el resto de las fuerzas polticas y sobre todo para Zapatero, la prioridad del debate era evitar el cerco poltico y social del PP, deslegitimizando su estrategia y ganando tiempo con un discurso de unidad antiterrorista. Ante el bloqueo de las propuestas del PP en el Congreso de los Diputados, sus portavoces anunciaron que las llevaran a los parlamentos autonmicos y los ayuntamientos, exigiendo la ilegalizacin del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK), bajo cuyas siglas acta la izquierda abertzale en el parlamento vasco.

Pocos das despus mientras el PP rechazaba cualquier posibilidad de acercamiento en esta estrategia de la tensin, Zapatero recibi a Ibarretxe en la Moncloa. Aunque nada se ha conocido del contenido de la reunin, sin embargo la reiteracin de las lneas fundamentales del discurso de uno y otro parecan corresponder no tanto a un acuerdo de desacuerdos como a una divisin de papeles, segn la distinta correlacin de fuerzas en Euskadi y en el conjunto del Estado, para la colaboracin y gestin del tiempo ganado.

Y ahora qu?

Lo aleatorio de esa conquista es que depende fundamentalmente de la capacidad de reaccin de la derecha y del aguante y paciencia de la izquierda abertzale. La derecha, ms all de las crticas habituales a Rajoy por sus debilidades en comparacin con Aznar, comprendi el mismo da del debate que su fuerza sigue estando no en su esplndido aislamiento de minora mayoritaria opositora, sino en la contundencia de la accin judicial y del acompaamiento de la movilizacin en la calle. En definitiva, si la tregua estaba rota, se trataba de hacer que ETA no tuviese vuelta atrs y que actuase en consecuencia, en un nuevo ciclo de represin-violencia que volviese a poner las cosas en su sitio.

Los cndidos anlisis de Gara, segn los cuales el ciclo de la ilegalizacin y la marginacin estn superados, se encontraron con la revisin el 19 de enero por el Tribunal Supremo de la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la naturaleza de las sucesivas organizaciones juveniles de la izquierda abertzale Jarrai, Haika y Segi. De los 24 acusados, 23 fueron condenados a 6 aos de crcel, acusados de pertenecer a banda terrorista, de acuerdo con la doctrina Garzn. Cuatro de ellos eran detenidos en pocas horas, en medio de manifestaciones, ruedas de prensa y cajeros automticos carbonizados, mientras el ministro del interior Rubalcaba prevea la rpida detencin del resto. Las perspectivas para los macro-sumarios contra los medios de comunicacin y los movimientos sociales cercanos a la izquierda abertzale no podan ser peores. Y el mensaje muy claro: Zapatero e Ibarretxe podan decir lo quisieran, pero la derecha tena en sus manos la capacidad, va judicial, de imponer el mbito de la represin tras el atentado y estaba dispuesta a que recayese sobre la totalidad de la izquierda abertzale.

La situacin creada y los peligros que encierra demuestran hasta qu punto las izquierdas necesitan, frente a la contraofensiva de la derecha, un discurso que vaya ms all de la buena conciencia de la unidad antiterrorista y de la presin sobre la izquierda abertzale para que condene la violencia de ETA. Tienen que dar una respuesta democrtica a medio y largo plazo sobre la solucin poltica del conflicto vasco para acabar con la violencia, y tienen que utilizar, frente a la derecha y frente a ETA, su principal activo, que no es otro que la movilizacin social por la paz. Estos das se ha demostrado que es posible.

No resignarse a un nuevo ciclo de represin-violencia, a nuevas acciones de ETA y a la victoria electoral de una derecha movilizada implica desarrollar un movimiento por la paz a partir de las iniciativas y movilizaciones existentes, con la pluralidad del debate poltico imprescindible, y crear las condiciones democrticas para un nuevo proceso de paz. Los que no quieren la paz, dicen que es imposible. El resto, simplemente, que es muy difcil, pero que no hay otra salida.

* Gustavo Bster es miembro de Consejo Editorial de Sin Permiso


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