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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2007

Reino de Espaa: "ellos" y "nosotros"

G. Buster
Sin Permiso


Quizs una ancdota resuma la situacin de tensin poltica que se vive en el Reino de Espaa. Una profesora de filosofa del instituto pblico de San Sebastin de los Reyes, una ciudad dormitorio de Madrid, da sus clases con una camiseta con la formula HB+ZP=HP /1. Adolfo Navarro, portavoz socialista de Educacin en la Asamblea de Madrid, responde, en tono irnico, que si la profesora quiere insultar al presidente del Gobierno, "tiene una manifestacin semanal que organiza el PP, donde cmodamente puede insultar al presidente, acompaada de la presidenta de la Comunidad Esperanza Aguirre, del ultraderechista Senz de Ynestrillas o de Falange".

La madre de todas las manifestaciones de la derecha

No hemos llegado todava a una manifestacin semanal del PP, pero la octava gran manifestacin en esta legislatura de la derecha, la del pasado 10 de marzo en Madrid, s ha tenido connotaciones especiales. Ha escenificando en la calle su alternativa social y poltica al Gobierno Zapatero como tal, no slo a uno u otro aspecto de su gestin. Una alternativa que Gaspar Llamazares, dirigente de IU, resumi como la defensa no tanto de un estado de derecho, como de un estado de derechas.

La preparacin de esta madre de todas las manifestaciones de la derecha ha sido sistemtica. Ha partido de una deslegitimacin global del Gobierno del PSOE con una delirante teora conspiratoria, segn la cual la victoria del 14 de marzo de 2004 habra sido el resultado de un pacto secreto con la ETA, la cual habra colaborado con el terrorismo islamista para los atentados del 11-M, a trueque de abrir un proceso de paz que culminara en la independencia de Euskal Herria. La ltima prueba de cargo aportada a esta requisitoria, evidentemente instruida por falsarios para uso de orates, no sera otra que la decisin adoptada por el Gobierno en relacin al rgimen penitenciario del militante de ETA De Juana Chaos.

Fuera del Reino de Espaa, la estolidez de estas acusaciones puede llevar a no dar importancia al efecto poltico que supone su meditica repeticin machacona. Pero en los mismos das en que las sesiones del juicio contra los autores materiales del 11-M estn desmontando pieza a pieza los supuestos fundamentos de la teora conspirativa de la derecha, tres diarios de alcance peninsular, varias cadenas de radio y todo tipo de pginas y boletines informticos insisten en mantener contra toda evidencia lo contrario. Hasta el punto de que el Obispo de Huesca-Jaca se permite el lujo de acusar directamente al Gobierno de querer ocultar la verdad, y el Arzobispo adjunto de Madrid convoca a misas contra Zapatero.

El intento de explicar en sede parlamentaria la decisin del Gobierno de aplicar De Juana Chaos la prisin atenuada, con su traslado a un hospital de Donosti, se enfrent con una bronca desde los escaos del PP sin precedentes en el Senado. Nadie puede entender que le hagan preguntas al Presidente del Gobierno y no quieran escuchar sus respuestas, fue la advertencia de un manifiestamente atribulado Presidente del Senado.

A cubierto de este manto ideolgico literalmente demencial, la preparacin logstica de la ocupacin de la calle ha intentado repetir la cadena de protestas de la izquierda que en el 2004 llevaron a la derrota electoral del Gobierno Aznar. La noche del pasado 9 de marzo, el PP organiz concentraciones nocturnas de varios cientos de personas en la mayora de las ciudades, a la vez que tenan lugar ms de una veintena de ataques fascistas contra sedes del PSOE y de IU. Al da siguiente, 700 autobuses de toda Espaa se dirigieron hacia Madrid, en un escenario de la manifestacin preparado y sufragado desde los gobiernos del PP de la Comunidad y de la Municipalidad.

La manifestacin, que cont con ms de 350.000 participantes, fue un xito de disciplina y capacidad de encuadramiento. Un mar de banderas constitucionales espaolas, con muy pocas excepciones de banderas franquistas, muchos lazos azules antiterroristas, pocas insignias del requet o de la falange. Incluso la msica se limit al himno nacional, la vieja Libertad sin Ira de la transicin, o la pegadiza Sabes que se puede de la televisiva Operacin Triunfo. Confortado y exultante ante este ejemplo de modernidad, Mariano Rajoy levit sobre el estrado como el nuevo salvador de la derecha poltica y social, convertida en toda la gente de bien de una nueva mayora social.

Dos das despus le entrevistaban en Antena 3 un Urdaci/2 resucitado y otros dos periodistas para denunciar la fractura social que estaba causando Zapatero y prometer el regreso, con l como presidente de Gobierno, del consenso en Espaa. Y cuanto antes, mejor.

Los limites sociales y politicos de la Estrategia de las Azores

El Pais ha definido ya esta poltica de polarizacin extrema como la Estrategia de las Azores. Se trata de mantener completamente movilizado al electorado de la derecha, al tiempo que se favorece la fractura y el abstencionismo de la izquierda. Segn uno de los barones del PP citados por El Pas, "como dijo Alfonso Guerra, no es verdad que las elecciones se ganen en el centro. Lo importante es movilizar a tu gente, la abstencin es lo que hundi al PSOE en 2000. Nosotros tenemos muy animados a los nuestros. Los otros, no creo que lo estn tanto".

El acoso al Gobierno debe llevar a una situacin de bloqueo y crisis poltica que sume las sensaciones de ilegitimidad social e ineficacia, forzando si es posible un adelanto electoral. "El presidente anda un poco escaso de talante en los ltimos tiempos. No es edificante verlo amenazando a los espaoles, fue el cnico comentario de Rajoy tras el esperpntico espectculo dado por sus parlamentarios en el Senado. La ocupacin de la calle debe conducir a una impotencia desmovilizadora de la izquierda, reducida a su condicin de lumpen, frente a la gente (de) bien. El bloque social de la izquierda debe ser desmembrado, con llamamientos a una nueva pinza contra el Gobierno Zapatero a la extrema izquierda e incluso a sectores de IU, que deberan denunciar las incoherencias y limites del actual gobierno, no para arrastrarlo ms a la izquierda, sino para debilitar la resistencia unitaria de la izquierda frente a la contra-ofensiva de la derecha /3.

La Estrategia de las Azores tiene sus coyunturas criticas definidas en los prximos meses, que giran en torno a la participacin, o no, de la izquierda abertzale en las elecciones municipales en Euskal Herria, en torno a la posible formacin de un gobierno de izquierdas y nacionalista en Nafarroa que desplace a la derecha de las instituciones de esa comunidad y aparte uno de los obstculos centrales en el proceso de paz en Euskal Herria, o en torno a una posible nueva accin de ETA, si rompiera otra vez el alto el fuego permanente.

Pero el PP est aislado a nivel parlamentario por el resto de las fuerzas polticas, como han puesto de manifiesto una vez ms el rechazo de su intento de recusar en el Congreso de los Diputados las decisiones penitenciarias sobre De Juana Chaos, o la peticin de ilegalizacin del Partido Comunista de las Tierras Vascas (EHAK), y su contraofensiva continua esencialmente en las almenas del poder judicial y a pie de calle.

Para contrarrestar el peso de la derecha en el poder judicial, el Gobierno ha comenzado replanteando las consecuencias del Pacto Antiterrorista en la composicin de los principales rganos de gobierno de los jueces. El nuevo ministro Fernndez Bermejo ha iniciado su mandato poniendo en evidencia la legalidad, pero tambin la ilegitimidad del Consejo del Poder Judicial, que ha superado su mandato sin ser renovado. Una enmienda de IU a la Ley Orgnica del Tribunal Constitucional ha permitido evitar que este alto tribunal quede en manos de una mayora calificada de magistrados de derechas hasta su renovacin, con el peligro de que se convirtiera en una tercera cmara de veto al poder legislativo. El efecto Bermejo, segn el portavoz del PP en estas materias, Ignacio Astarloa, ha bloqueado cualquier posibilidad de acuerdo para la aprobacin de una reforma de la Ley Orgnica del Poder Judicial.

Mientras tanto, el Gobierno Zapatero, con el apoyo de las otras fuerzas de izquierda y nacionalistas vascas y catalanas, ha podido continuar el proceso de reformas democrticas, con la aprobacin de la Ley de Igualdad, la Ley de Identidad de Gnero y la desmilitarizacin de la Guardia Civil a pesar de la oposicin cerrada de los generales del cuerpo, con la reforma de su rgimen disciplinario y la aprobacin de un Estatuto de derechos y deberes.

Todos estos ataques y resistencias no se traducen por ahora en un cambio cualitativo en las encuestas de opinin. Tanto la publicada por el CIS el pasado 1 de marzo, como el Pulsmetro de la SER del pasado 13, aunque sealan un deterioro en las apreciaciones sobre la situacin poltica, que cae del 5,3 de comienzo de legislatura hasta el 4,2 (lo que no ocurre con la situacin econmica, que sigue estable en el 5,5), hacen recaer la responsabilidad del embrollo mucho ms sobre Rajoy (que cae del 5 al 4,1) que sobre Zapatero (que pasa del 6 al 5,2), al mismo tiempo que Llamazares alcanza su mejor puntuacin y supera a Rajoy con un 4,3. La intencin de voto sigue dando al PSOE un 43%, mientras que el PP se situara en el 39% e IU subira al 6,5%. De acuerdo con estos datos, el PP ha conseguido la movilizacin de su electorado, pero no la segunda parte esencial de su estrategia, que es la desmovilizacin parcial de los electores de izquierdas. Aislado, sin posibles aliados para una coalicin, la falta de perspectivas de una mayora absoluta sigue condenando esta crispada estrategia a una gran frustracin.

La manifestacin contra la guerra o como superar el miedo

Lo que no pueden reflejar las encuestas de opinin es, sin embargo, el debate interno dentro del PSOE sobre la respuesta necesaria a la ofensiva en toda regla del PP. Desde el comienzo de la Legislatura, importantes sectores del PSOE han defendido frente al Gobierno Zapatero la necesidad de condicionar cualquier proceso de cambio social o poltico al consenso con el PP, dndole en la prctica un derecho de veto. Se trata de sectores con una fuerte incrustacin en el aparato del estado, que han vivido ese acuerdo con el PP durante los ocho aos del Gobierno Aznar como una especie de bipartidismo del centro; o de gentes directamente vinculadas a las grandes empresas que se han desarrollado a partir de las privatizaciones del sector pblico.

En el terreno de las polticas econmicas, hay que decir que la direccin autnoma por parte de Solbes del Ministerio de Economa y Hacienda, y su control del presupuesto conforme a una orientacin ortodoxa socio-liberal, se ha visto acompaada por un largo ciclo de expansin, con tasas de beneficios anuales de ms del 30% en las empresas del Ibex 35 durante varios aos y una contencin salarial de los trabajadores/4 mantenida con una alta precariedad del 33% del mercado laboral. Eso ha descartado una oposicin frontal de la derecha econmica al Gobierno. Pero ello solo ha hecho aumentar la presin interna en el propio PSOE de estos sectores para evitar cualquier desplazamiento significativo a la izquierda.

En este punto, la opinin editorial de Prisa, la compaa editora de El Pas, es significativa, porque suele hacerse eco de los estados de opinin de esos sectores. As Ernesto Ekaizer comentaba recientemente que el gran error estratgico de Zapatero en esta legislatura era haberse jugado la legitimidad obtenida con la retirada de las tropas de Irak en la apertura del proceso de paz en el Pas Vasco. Este tipo de afirmaciones, que se dicen portavoces del sentido comn poltico, suelen dejar de lado que la decisin de la retirada de las tropas fue igualmente controvertida en su momento, con muchas presiones para que no tuviera lugar en nombre de la solidaridad transatlntica. Y que las polticas de cambio implican inevitablemente riesgos, pero que cualquier avance significativo en la modernizacin y democratizacin de Espaa implica una solucin al conflicto vasco, que se ha convertido en el eje de la movilizacin de la derecha.

Este estado de opinin de los sectores sociales que se reflejan en ala derecha del PSOE, se traslada a la cuestin de qu hacer frente a la contraofensiva del PP. Como si de la estrategia de polarizacin a ultranza tuviera la culpa el Gobierno Zapatero, se le exige no ya dar un derecho de veto al PP (como pretenda Bono), pero s condicionar y aun evitar cualquier movilizacin de resistencia por parte de la izquierda. La tensin y crispacin social que afloraron en la inauguracin del monumento a las victimas del 11-M una torre de cristal ante la estacin de ferrocarril de Atocha fue otra excusa para llamar a la desmovilizacin.

Era evidente que tras la madre de todas las manifestaciones del PP en Madrid y el anuncio de otra manifestacin en Pamplona con autobuses de toda Espaa, la izquierda corra el serio peligro de quedar paralizada y desmoralizada, si no intentaba recuperar su presencia en la calle. La gran oportunidad era la convocatoria internacional en el cuarto aniversario de la guerra de Irak.

La izquierda sale a la calle el 17 de marzo, cuarto aniversario de la invasin de Irak

Ha costado mucho la organizacin de la manifestacin unitaria de Madrid del 17 de marzo. Pero el xito de convocatoria, con mas 150.000 manifestantes, ha dado la razn a quienes la consideraban no ya imprescindible polticamente, sino necesidad vivamente sentida por las bases sociales de la izquierda. Ante el desconcierto y la falta de reaccin inicial de los aparatos de los partidos, el Foro Social de Madrid ha sido capaz de tejer las complicidades transversales necesarias, apoyndose en ONGs como Paz Ahora, ACSUR o Solidaridad Internacional y en las direcciones de UGT y CC OO de Madrid. Gracias a esta poltica de frente nico, ha sido posible ir ampliando el abanico de los apoyos y ganar las mayoras necesarias en los grandes partidos y sindicatos, que tenan miedo a las comparaciones de cifras con las manifestaciones del PP.

El objetivo era catalizar la movilizacin del conjunto de la izquierda frente a la derecha, creando las condiciones de autoconfianza que permitan su politizacin, sin abandonar por ello el debate crtico sobre los lmites de la poltica econmica o exterior del Gobierno Zapatero. La clave era poner en movimiento la gran masa de las principales instituciones de la izquierda espaola, sus sindicatos con todas sus limitaciones y con su creciente burocratizacin, y la condicin previa era el acuerdo poltico del PSOE e IU, sin el que la movilizacin de UGT y CCOO no es posible, aunque sta se circunscribiera slo a Madrid y no tuviera un alcance peninsular para evitar comparaciones con el PP.

La otra alternativa era condicionar la movilizacin a una polarizacin ideolgica previa dentro de la izquierda, a partir de las crticas directas a la poltica econmica socio-liberal y a la presencia de las tropas espaolas en Afganistn y Lbano. Esta poltica de emplazamiento se acab concretando en una pequea manifestacin de varios cientos de organizaciones de extrema izquierda contra el Gobierno Zapatero el mismo da y a la misma hora pero con distinto recorrido que la gran manifestacin unitaria de la izquierda contra la derecha. Pero la presin unitaria fue tan fuerte que obligo al PCE y a otras organizaciones a llevar sus pancartas contra la guerra de Afganistn a la manifestacin convocada por el Foro Social de Madrid, en una reconsideracin acertada y bienvenida.

El Foro Social de Madrid se ha convertido gracias a esta poltica de unidad de accin de toda la izquierda, con sus mltiples matices y libertad de crtica, en un gran espacio de organizacin de la resistencia y de la reocupacin de la calle frente a la derecha del PP /5.

Un pulso permanente

En otras ciudades del Reino de Espaa, sobre todo en Barcelona (15.000) y Sevilla (2.000), tambin se han producido manifestaciones de protesta organizadas por la Plataforma Aturem la Guerra y el Foro Social de Sevilla, respectivamente. Pero es evidente que la presin social y poltica que vive Madrid, como escenario de las ocho grandes manifestaciones de la derecha, ha creado una polarizacin mucho ms fuerte que ha servido de estmulo para una poltica unitaria capaz de movilizar al conjunto de la izquierda.

El pasado sbado, en Pamplona, era de nuevo el PP el que consegua reunir a ms de 75.000 personas. No evidentemente para protestar contra la guerra de Irak, que apoy, sino para evitar una coalicin de gobierno de izquierdas y nacionalista que les eche democrticamente de las instituciones de la Comunidad Navarra. Con el curioso lema Por los fueros y la libertad, el gobierno de la derechista Unin del Pueblo Navarro, partido regionalista coaligado al PP, intentaba aunar carlismo y liberalismo en un nuevo conservadurismo hostil al nacionalismo vasco. La manifestacin de Pamplona fue tambin un xito para la maquinaria logstica del PP, pero su efecto poltico fue mucho menor. Simplemente la agitacin de un hipottico miedo identitario era poco creble cuando das y aun horas antes tanto la vicepresidenta Maria Teresa Fernndez como el PSOE navarro haban desmentido cualquier posible cesin antidemocrtica de Navarra como precio poltico a Batasuna. Ms curioso fue que Otegi y la propia izquierda abertzale reiteraran tambin que solo el derecho a decidir de los navarros determinara la viabilidad de su proyecto de una sola comunidad autonmica vasco-navarra en el marco jurdico del estado espaol.

Solo 200 metros separaron a los manifestantes del PP de los 8.000 sindicalistas de LAB, el sindicato de la izquierda abertzale, que desfilaron en Pamplona a la misma hora contra las deslocalizaciones industriales en Euskal Herria, no cediendo su agenda sindical a la movilizacin de la derecha.

No es un mal mensaje. Frente al peligro de paralizacin, la izquierda tiene que demostrar que es capaz de saber movilizarse y mantener su propia agenda social y poltica. Frente a la estrategia de bloqueo de las instituciones mediante la polarizacin del PP, la izquierda tiene que responder con un proyecto ms amplio de profundizacin del cambio poltico y social para una prxima legislatura, que tendr la posibilidad de situarse ms a la izquierda en la medida en que mejore la correlacin de fuerzas y los resultados electorales. No solo para reabrir el proceso de paz en Euskal Herria, sino tambin para abordar la reforma de leyes orgnicas y de la propia Constitucin, para lo que necesita tener una amplia mayora parlamentaria. Sin una correlacin de fuerzas ms a la izquierda que precisa de la movilizacin social unitaria, no menos que de la articulacin poltica en programas y candidaturas ms a la izquierda, no ser posible una nueva experiencia social masiva de cambio democrtico y modernizacin que empiece a cuestionar el modelo de desarrollo econmico neoliberal, insostenible a pesar del man de los beneficios empresariales.

Hasta ahora mantenemos el pulso, pero hay que plantearse cmo lo ganamos.

NOTAS

1/ Herri Batasuna+Zapatero Presidente= hijos de puta. Merece destacarse la proverbial memoria histrica de la derecha espaola. Ya en 1934, y ante la huelga general de octubre convocada por la Alianza Obrera contra el gobierno de derechas republicano, las siglas UHP (Unios Hermanos Proletarios) fueron transformadas por las diferentes milicias fascistas de la poca en Unin de Hijos de Puta. Agapito Maestre, uno de los publicistas ms asiduos en los distintos boletines electrnicos confidenciales de la derecha, describa as estos das a los convocantes de la manifestacin de Madrid contra la guerra de Irak del 18 de marzo: PSOE, IU, sindicatos y toda la basura lumpen y de conducta desviada de la sociedad.

2/ Alfredo Urdaci fue el responsable de los servicios informativos de TVE durante el Gobierno Aznar y su cara pblica, identificada popularmente con las manipulaciones mediticas de los atentados del 11-M del 2004.

3/ Vase, por ejemplo, el editorial de Pablo Sebastin en el peridico electrnico La Estrella Digital (www.estrelladigital.es) de 9 de marzo del 2007, La Oportunidad de IU. El argumentario se remonta a la iniquidad que habra heredado el Gobierno Zapatero por la poltica antiterrorista de Felipe Gonzlez hace ya ms de diez aos, en especial la infamia de los GAL, las supuestas concesiones al independentismo nacionalista frente al federalismo responsable de IU, la traicin a la causa saharaui y el mantenimiento de las tropas espaolas en Afganistn. Sebastin concluye: marcando toda la distancia que quieran con el PP deberan hacer otro tanto con Zapatero, en defensa de la izquierda, pero tambin de la democracia y de la libertad. La libertad que est amenazada en el Pas Vasco y la democracia que empieza a brillar por su ausencia en las acciones y reacciones de la Moncloa, para salvar los desafueros de Zapatero. Hay ciertas cosas, como el Pacto del Tinell, el rodillo del Congreso y sus vetos para impedir debates y votaciones, que no son, simplemente, democrticas, e IU eso lo debera saber y actuar en consecuencia y en defensa del inters general. Si dejan de moverse como simples acompaantes del PSOE, tendrn una oportunidad y muchas personas, que no soportan a Zapatero y que se acuerdan de Aznar, se lo agradecern.

4/ Segn Malo de Molina, responsable de estudios del Banco de Espaa, la remuneracin por asalariado que haba crecido a una tasa media del 9,4% entre 1980 a 1995 se ha moderado hasta el 2,9% de crecimiento medio entre 1996 y 2005. Esa indudable moderacin est ya en lnea con la trayectoria de la inflacin, pero cuando se compara con los incrementos reales del PIB, el crecimiento real de los salarios es negativo en un 0,6% en el promedio de 1996 a 2007, frente a un crecimiento real del 1,3% entre 1980 a 1995. Las empresas que cotizan en el mercado continuo de la bolsa espaola obtuvieron el ao pasado unos beneficios econmicos del 58.097 millones, un 34% ms que un ao antes. Las cajas ganaron 9.420 millones, un 48% ms. Paradigmticos son los resultados de los dos principales bancos, ya que el grupo Santander logr un beneficio de 7.596 millones, un 22% ms que en 2005. Es la cantidad ms elevada entre las compaas cotizadas. Mientras tanto, hemos sabido que segn los ltimos datos de un estudio del IESE, el sueldo medio anual de los ejecutivos se fij en 190.200 euros y los grandes ejecutivos superaron, de media, los dos millones, aunque los ingresos variables se han duplicado en Iberdrola, por ejemplo. El sueldo se dispara si se comparan con los mximos ejecutivos de las empresas, los consejeros delegados o los presidentes de los consejos de administracin. Se conoce que Francisco Gonzlez, presidente del BBVA, obtuvo un salario de 9,78 millones el ao pasado, adems de otros diez millones que fueron depositados en su fondo de pensiones.

5/ Volviendo a los debates sobre la memoria histrica, merece la pena destacar que quienes desde el FSM y otros mbitos defendan esta poltica de frente nico tenan en el recuerdo la experiencia de la izquierda madrilea en abril de 1933. Frente a la llamada a concentrar 100.000 manifestantes de la derecha en El Escorial para proclamar a Gil Robles, dirigente de Accin Popular, la alternativa frente al gobierno de centro-derecha de la repblica, fue entonces la Alianza Obrera, como espacio de coordinacin de toda la izquierda, la que moviliz unitariamente y proclam la huelga general del transporte que desbarat la contraofensiva extraparlamentaria de la derecha espaola. Con todas las diferencias histricas y de mtodos de lucha, el punto de referencia de esa poltica de frente nico segua siendo valido hoy, cuando de nuevo se trataba de evitar que cundiera la impotencia. Ver G. Munis, Jalones de Derrota, Promesas de Victoria, Ed. Zyx, pag. 127 (edicin digital http://www.marxismo.org/?q=node/566)

Gustavo Bster es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO


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