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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2007

Reino de Espaa: entre el marasmo poselectoral y la clarificacin preelectoral

G. Buster
Sin Permiso

Gustavo Bster prosigue su anlisis de la situacin poltica espaola despus de las elecciones municipales y autonmicas del pasado 27 de mayo.


Lejos de clarificar el panorama poltico, los resultados de las elecciones municipales y autonmicas del 27 de mayo //1 lo han precipitado en un marasmo de expectativas, crisis y movimientos en falso. Durante el mes de junio, a partir de sus interpretaciones de esos resultados, los actores o pretendientes han querido tomar posiciones en vistas a la larga campaa electoral para las elecciones generales de marzo del 2008, cuyo inici marcarn el debate del estado de la nacin de la prxima semana, el acuerdo, o no, para un gobierno de izquierdas y nacionalista en Navarra y el cumplimiento, o no, de las amenazas de ETA tras su ruptura de la tregua. Cualquiera de los tres acontecimientos esperados, o su acumulacin, clarificar de golpe la situacin poltica y la verdadera correlacin de fuerzas tras el 27 de mayo. Mientras tanto, tal vez pueda aprenderse algo de la descripcin de este marasmo temporal, si no de su interpretacin.

"Crisis de expectativas": qutate t, que me pongo yo

Zapatero resumi las reacciones a los resultados del 27 de mayo con una nueva manifestacin de talante: "la grandeza de la democracia es que todos puedan estar contentos con los resultados electorales". En realidad, como se demostrara enseguida, nadie estaba contento del todo, y esa falta de satisfaccin general se converta en una peligrosa frustracin.

El Partido Popular, tras celebrar su mayor nmero de votos que el PSOE, pronto comenzara a lamentar la prdida de poder municipal y autonmico que le infligan las distintas formulas de alianzas de izquierdas. Gallardn, reelegido alcalde de Madrid, predeca que Zapatero sera un "parntesis en la historia de Espaa", pero sin dejar de sentar su propia posicin en el seno del PP, a fin de presentar su candidatura en caso de que el "parntesis" fuera Rajoy (quien no pareci apreciar la sutileza). La seguridad en la victoria de la radicalizada derecha espaola no deba ser tanta cuando inici el cortejo de las moderadas derechas nacionalistas perifricas, sobre todo CiU y Coalicin Canaria, insinuando que su oposicin frontal a los estatutos cataln y canario era cosa del pasado. Si CiU respondi con dignidad ofendida y despechada, Coalicin Canario se arroj en los brazos del PP con un pacto sin principios para mantenerse en el gobierno insular, en una apuesta ms que arriesgada cara a marzo, que adems afianz una escisin habida hace meses en su grupo parlamentario.

La "crisis de expectativas" por llamarla de alguna manera se extendi a todas las fuerzas polticas en pocos das. En el PSOE, el intento del viejo aparato del Partido Socialista madrileo (PSM) de pasarle factura por el desastre electoral en la capital del Reino alentado por quienes, como Bono, exigan un giro hacia el consenso con el PP en materia antiterrorista fue replicado por Zapatero con la movilizacin de todos los alcaldes del cinturn rojo del sur, con la sustitucin de la direccin por una gestora y con la convocatoria de un congreso de renovacin en un mes, lo que zanj de momento cualquier intento de rebelda de los sectores ms derechistas del socialismo espaol. En CiU, el partido de la derecha catalanista, un nuevo enfrentamiento entre su dirigente en Barcelona, Ms, y su portavoz en Madrid, Durn, sobre una posible entrada en el gobierno central sin estar en la Generalitat, se volvi a aplazar hasta que pueda ser algo ms que una conjetura, es decir hasta que se opere un cambio real en la actual correlacin de fuerzas. El partido de la izquierda catalanista, ERC, reproduca el mismo debate en forma invertida y con una mayor urgencia por la prdida de votos. La izquierda nacionalista gallega del BNG exiga ms poder institucional que los votos obtenidos, a cambio de mantener una alianza sin fisuras con el PSOE. Izquierda Unida reabra su nunca cerrada crisis interna con la oferta de refundaciones varias por parte de aparatos periclitados, que, en nombre de unos movimientos sociales cada vez ms distantes y alejados, exigan en el fondo cuotas de poder negociadas con el PSOE.

La significativo de esas varias "crisis de expectativas" es que ninguna de ellas ofrece por el momento est por ver qu ocurre en el debate del estado de la nacin de al prxima semana perspectiva alguna de futuro, que no sea la de allanar, o al revs, atravesarse en el camino de la vuelta al poder del PP: pugnas de aparatos sin otro contenido poltico que el "qutate t, que me pongo yo".

La especificidad vasco-navarra

En el frente norte del panorama poltico, en Euskadi y Navarra, la izquierda abertzale hizo pblico su balance de los resultados electorales el da 3 de junio. Tras felicitarse de haber obtenido, a pesar de la prohibicin de la mitad de las candidaturas de ANV, sus mejores resultados desde 1999, con 190.000 votos (30.000 votos ms), 700 electos y ser la segunda fuerza por nmero de concejales en el conjunto de Euskal Herria, conclua que estos resultados eran "una clara oportunidad de reforzar el proceso [de paz] democrticamente", y que "este pueblo quiere un proceso de soluciones polticas y democrticas".

No se haba secado la tinta del comunicado, que a los dos das ETA enmendaba la plana a la izquierda abertzale anunciando el fin formal de la tregua, ya rota el 30 de diciembre con el atentado contra el aeropuerto de Barajas: "no existen condiciones democrticas mnimas para llevar a cabo el proceso". Y llamaba al pueblo vasco a "rebelarse contra esta falsa y podrida democracia () El talante de Zapatero se ha convertido en fascismo". ETA comunicaba que en doce horas retomaba su actividad militar "en todos los frentes".

Los dirigentes de la izquierda abertzale Otegi y Barrena solo tuvieron tiempo de convocar una rueda de prensa a la maana siguiente para constatar que "no es una buena noticia". Aunque hicieron responsables del "colapso del proceso" al PSOE y al PNV, advirtieron que la responsabilidad de la opcin adoptada por ETA "recae solamente en la organizacin". Para Otegi y Barrena, "el proceso es necesario y no tiene alternativa posible () Batasuna seguir trabajando en esa direccin".

Era intil. La izquierda abertzale haba perdido la iniciativa poltica y lo que pudiera guardar de autonoma, a pesar de haber recuperado parte de su espacio poltico y legitimidad democrtica, o ms bien a causa de ello. El espacio para la resolucin poltica del conflicto, la lucha por instituir un proceso de negociacin entre fuerzas polticas, quedaba laminado para no dejar otro protagonismo que al dialogo-enfrentamiento entre ETA y el estado espaol. Y a partir de ese momento, ambas partes comenzaron a actuar en consecuencia, al menos en apariencia.

Aplicando las lecciones del fracaso de otros procesos de negociacin, el PSOE se adelant a dar su versin de los encuentros con ETA, antes de que lo hiciera sta. El Pas public un largo reportaje el 9 de junio, evidentemente filtrado, subrayando el protagonismo de los dirigentes polticos del PSE y de la propia ETA, Eguiguren y Ternera, y la falta total de concesiones polticas por parte del PSOE, que habra visto frustradas sus esperanzas con el atentado de ETA del 30 de diciembre. Cmo cohonestar esas esperanzas con la inaccin poltica es algo difcil de comprender, si no se tiene en cuenta la prioridad del PSOE de hacer frente a las crticas del PP y condicionar a la reaccin de sus propios votantes en el resto del estado cualquier paso adelante prctico en el proceso de paz. Una prioridad que a pesar de ser tal su objetivo poltico el atentado de Barajas no slo no alter, sino que logr reforzar considerablemente.

El PNV, dividido internamente ms que nunca entre las orientaciones posibilistas de Imaz que se aline completamente con la explicacin del fracaso del proceso del PSOE, el resistencialismo frentista de Eguibar y la terca insistencia en su propio proyecto institucional del Lendakari Ibarretxe, cerr sin embargo filas ante las criticas amenazantes de ETA y la constatacin de los efectos negativos que tena la alternativa electoral de la izquierda abertzale en sus propios resultados electorales, a pesar de no haber podido desplegarse ms que parcialmente. Dej hacer pblicamente a Imaz, a condicin de que se limitase la respuesta represiva del estado al desafo de ETA a la propia organizacin armada y a los dirigentes de la ilegal Batasuna, pero sin poner en cuestin a los nuevos electos de ANV y ni su legalizacin. Al menos, hasta que no hubiera atentados.

A pesar del encarcelamiento casi inmediato de Otegi por apologa del terrorismo tras sus criticas pblicas a la ruptura de la tregua de ETA, del envio de vuelta a una prisin de alta seguridad fuera de Euskadi del militante de ETA De Juana Chaos desde su prisin atenuada en el Hospital de San Sebastian, y a pesar la detencin de distintos activistas de ETA en Francia y el Pas Vasco, la izquierda abertzale intent mantener una presencia poltica en la calle, reivindicando la legitimidad de su espacio institucional y la perspectiva de un proceso de paz. El 23 de junio, ANV convoc en Bilbao una manifestacin con decenas de miles de personas, por un "dilogo sin exclusiones" y a favor del "proceso" (al que todo el mundo insiste en amputar el calificativo "de paz", primera victima del atentado de Barajas y del temor a que una nueva accin de ETA acabe ya definitivamente con el mero "proceso").

Paralelamente, ETA publicaba sus propias actas del "proceso" para demostrar que el Gobierno Zapatero haba seguido intentando hasta el ltimo minuto hacer camino sin dar un slo paso, resistindose slo a cerrar el proceso como gesto frente a las presiones del PP, ante una ETA despechada que exiga ser el nico interlocutor en un dilogo en el que haba ya demasiados participantes indirectos. Para escndalo farisaicamente sorprendido de los medios de comunicacin de la derecha y del PP (por algo que era obvio, y que el propio Gobierno Aznar haba hecho a su vez en situaciones menos apuradas), Imaz volvi a aprovechar la situacin para dar o restar no esta muy claro crdito a los verdaderos agentes del proceso: ETA habra puestos a los socialistas "una pistola en la cabeza" para que se comprometieran a que PSN defendiera "un espacio de autogobierno" que incluyera a Euskadi y Navarra.

El apoyo de Imaz no poda ser ms contradictorio y retorcido. Era obvio que una reivindicacin de la izquierda abertzale en el "proceso" era la negociacin en sendas mesas de partidos polticos de una posible "supra-autonomia", en el marco de la Constitucin de 1978, que coordinase territorialmente a ambas autonomas. Como lo es tambin que, en este mismo momento, est en juego la posibilidad de plasmar el cambio poltico en el Gobierno navarro con la construccin de una alianza entre el PSOE, Nafarroa Bai (en la que participa de manera minoritaria el PNV) e IU. A qu vena referirse a esos procesos polticos con la metfora de "poner una pistola en la cabeza", que si de verdad dejaba de ser una figura literaria para convertirse en una triste realidad hara imposible definitivamente cualquiera de los dos escenarios?

Mientras el PSOE y el PNV descartaban cualquier manifestacin de compromiso con el "proceso" por parte de una izquierda abertzale a la que ETA solo pareca reservar el papel de agitacin antidepresiva, el Gobierno vasco public una encuesta realizada antes del fin "definitivo" (?) de la tregua, conforme a la cual el 70% de los vascos se mostraban partidarios de un referndum de autodeterminacin en los prximos aos, con un 25% a favor de que se celebrase incluso en un escenario de violencia terrorista.

Con este panorama, no es de extraar que la negociacin de pactos y alianzas para la constitucin del complicado entramado municipal, provincial y foral en Euskadi y Navarra sea rayana en lo polticamente surrealista. En medio de una completa confusin de horizonte estratgico de todas las fuerzas polticas, se impuso el regate en corto tctico: en lava, el PP perdi la alcalda de Vitoria, pero mantuvo la presidencia de la Junta; en Vizcaya, el PNV mantuvo su feudo con apoyo socialista; mientras que en Guipzcoa lo perda a manos de una alianza PSOE-IU, que castigaba especialmente al sector Eguibar, y en cada pueblo pasaba algo distinto, con el aadido de las reclamaciones de legitimidad de ANV en aquellos sitios en los que las papeletas en blanco le daban la mayora, a pesar de no haber podido presentarse.

Nada, tal vez, comparado con la negociacin de la alcalda y el gobierno autonmico de Navarra. En el primer caso, la decisin del PSOE de no hacer coincidir en la urna sus votos con los de ANV dejaba la alcalda en manos de UPN, fraccin carlista del PP, a pesar de que Nafarroa Bai hubiera podido contar con los apoyos suficientes, sin condiciones, para situar a Uxue Barkos al frente del consistorio. Y al mismo tiempo, se exiga desde el PSOE, tercera fuerza en votos, el apoyo sin condiciones de Nafarroa Bai, segunda fuerza en Navarra, para un presidente autonmico socialista y la formacin de un gobierno conjunto al que se sumara necesariamente Izquierda Unida. Tras un 70% de anunciado acuerdo, en una negociacin interminable con ribetes de misterio, que permita al PP mantener toda su presin critica y erosin electoral en Navarra y el resto de la pennsula, la conclusin, o no, del mismo se dejaba para despus de las fiestas de San Fermn, no se sabe si esperando la intervencin del santo, aunque sin aclarar a favor de quin.

Los otros frentes

El miedo a una ola de atentados fue evidente en los primeros das tras el fin de la tregua de ETA, en el convencimiento de que era el anuncio de una campaa para acabar con el Gobierno Zapatero por la va armada antes de que lo pudiese hacer Rajoy por la va electoral. Despus, la rutina de la confrontacin poltica cotidiana acab imponindose, como los anuncios en los descansos de las pelculas. Y todo el mundo exigi su cuota de protagonismo.

El ala derecha del PSOE y sus sectores ms neoliberales se hicieron or a travs de Bono y Solbes. El primero aprovech una misa en la "iglesia roja" de San Carlos Borromeo de Madrid, en solidaridad con sus curas frente a un Episcopado preconciliar que quiere cerrar el templo, para exigir "caritativamente" la vuelta a la prisin de alta seguridad de De Juana Chaos y la represin de la izquierda abertzale frente a un Zapatero demasiado ambiguo en sus ofrecimientos de la otra mejilla. Solbes, que ha anunciado hasta la saciedad que se retira como ministro tras las prximas legislativas, proclamaba que el Gobierno reducira en la prxima legislatura la presin fiscal con recortes en el IRPF y en el impuesto de sociedades. Era como una inmediata respuesta preventiva de cualquier mala inferencia que pudiera hacerse de un informe de la OCDE que revela que Espaa es el nico de los 30 pases que forman este organismo en el que la media de los salarios reales ha cado cuatro puntos en los ltimos diez aos; que la pobreza ha subido todo un punto, hasta el 20% (frente a una media de la UE del 16%); y que la desigualdad de rentas entre el 20% que ms tiene y el que menos tiene es ya significativamente superior a Alemania o Francia //2.

Por si faltaba algo, la Iglesia Catlica aplacada temporalmente su desapoderada pugnacidad con una renegociacin muy favorable de su financiacin por el parte del estado y con el compromiso de respetar su control del sector privado de servicios sociales como la sanidad, la educacin, o la asistencia a dependientes volva a lanzar una feroz campaa de oposicin frontal al Gobierno Zapatero por la introduccin de la asignatura obligatoria de "formacin para la ciudadana", llamando a la "insumisin" de sus fieles en una declaracin formal de la Conferencia Episcopal. El Cardenal Caizares no slo acusaba al gobierno de interferir "totalitariamente" en la formacin moral de su grey, sino que adverta con lenguaje apocalptico que no oponerse activamente a la asignatura era "colaborar con el mal". Acusacin especialmente grave, desde el punto de vista del derecho cannigo, tras el comunicado de la federacin de centros religiosos de enseanza (FERE), segn la cual ellos no se opondran a que se impartiese la asignatura en sus centros. El Gobierno tuvo que abortar la posible dinmica cismtico-inquisitorial recordando a todos que "la ley no tiene excepciones", incluida la parte del currculo acadmico en la secundaria que aun no ha sido transferida a la competencia de las autonomas.

El esperpento ha tenido hasta su vertiente diplomtica en una semana en la que, despus de un largo periodo sin que aparecieran por Madrid ms que socios comunitarios, coincidieron subitneamente en la capital del Reino la secretaria de estado Condolezza Rice, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, el negociador nuclear iran, Ali Lariyani, y el rey Abdullah de Arabia Saudita, evidentemente con mensajes distintos. La acusacin de que el Gobierno Zapatero haba perdido todo el peso internacional supuestamente acumulado por Aznar, fue refutada por el apoyo de la UE a la orientacin de dilogo con Cuba, pero tambin, trgicamente, por el atentado que cost la vida a seis soldados de las tropas espaolas tres de ellos de nacionalidad colombiana en misin de paz bajo bandera de Naciones Unidas en el Lbano. En un nuevo debate sobre el sndrome de la participacin en la guerra de Irak del Gobierno Aznar y sobre la sinceridad pacifista de su sucesor, los comentaristas concluyeron que las tropas espaolas enviadas a Lbano y Afganistn por el Gobierno Zapatero "actuaban en una misin de paz, pero en zonas de guerra", y por lo tanto, no haba contradiccin en la banda color amarillo y no roja de la condecoracin otorgada post-mortem.

La necesidad de polticas de izquierdas

Es demasiado pronto para intentar una explicacin de este marasmo del mes de junio. Slo tras el debate del estado de la nacin, tras la conclusin de las negociaciones navarras y tras el cumplimiento, o no, de la amenaza de ETA, ser posible una visin de lo que nos espera en el otoo y el invierno, hasta las elecciones generales. Pero se puede ya constatar la persistencia en la bipolarizacin, el "Ellos" y el "Nosotros", de la vida poltica espaola.

No porque no haya una multitud de actores polticos, cada vez ms importantes en la medida que en reflejan la realidad plurinacional de un estado encorsetado en unas formulas autonmicas que intentan uniformar la variedad poltica nacional con el expediente de la descentralizacin administrativa. Sino porque, mientras el "Nosotros" ha de construirse con frmulas alambicadas y variopintas amalgamas, el "Ellos", la derecha espaolsima, tiene una coherencia ideolgica y una capacidad movilizadora de muy difcil contencin. La falta de un proyecto para el bloque de la izquierdas espaolas y nacionalistas se hace cada vez ms patente a medida que se avanza hacia la prxima legislatura. Parecera obvia la necesidad de su articulacin, ms all de evitar que vuelva al Gobierno la derecha del PP.

El desconsuelo de las distintas izquierdas por la falta de movilizacin de su electorado frente a la derecha social empieza a expresarse en pseudo-explicaciones deterministas sobre un giro sociolgico a la derecha de la mayora de la poblacin, alimentado por el continuado crecimiento econmico de los ltimos doce aos. Incluso para la poblacin asalariada se utiliza el mismo criterio economicista, a fin de subrayar el hiato que separara a los trabajadores con convenio colectivo que s habran aumentado hasta dos puntos su poder adquisitivo real de ese 35% de trabajadores precarios, jvenes y, sobre todo, inmigrantes, excluidos de la negociacin colectiva y ajenos a las tradiciones heredadas de la resistencia al franquismo y a la cultura de la izquierda.

Tal incipiente lnea argumentativa, que empieza a justificar a priori una posible victoria de la derecha, parece olvidar, por lo pronto, el hecho de que hubo una derrota previa de la derecha el 14 de marzo del 2004, o trata de explicarla exclusivamente en trminos de una reaccin democrtica elemental ante las mentiras y la manipulacin del Gobierno Aznar respecto de los atentados yihadistas del 11-M. Pero esa derrota, en el pinculo del ciclo econmico alcista que ha durado doce aos y no como ahora, cuando estn ya presentes algunas de sus primeras manifestaciones de agotamiento, fue posible por una larga movilizacin social, la mayor de esta etapa constitucional democrtica, en la defensa del sistema de pensiones con una huelga general de los sindicatos, contra un Plan Hidrolgico Nacional que era un gigantesco atentado a equilibrios ecolgicos bsicos de la Pennsula y, sobre todo, con las manifestaciones contrarias a la participacin en la Guerra de Irak.

No fueron, desde luego, como pretendan algunos ilusos, "movilizaciones anti-capitalistas". Pero s fueron la expresin de una cultura de izquierdas democrtica que, en sectores importantes, se manifiesta a travs de una conciencia nacional propia. Ello explica en buena medida las bases y los lmites de la experiencia social que ha supuesto el Gobierno Zapatero. La cuestin central ha sido, y sigue siendo, si es posible profundizar esa experiencia a travs de la movilizacin de la izquierda social, y mantener y mejorar la correlacin de fuerzas frente a una derecha ideolgicamente compacta y tensa y casi enteramente movilizada en la calle; o si, agotado el ciclo de las movilizaciones anti-globalizacin en la Unin Europea, el Gobierno Zapatero no ser ms que un "parntesis" en el ciclo de derechas iniciado por Merkel y Sarkozy.

He observado aqu en otras ocasiones los limites de la "gestin en fro" del Gobierno Zapatero y el carcter continuista de su polticas sociales y econmicas, que han abierto una brecha entre la ampliacin democrtica de los derechos civiles y el incremento del dficit social en relacin con la media europea, con la consecuente profundizacin de las divisiones en la poblacin asalariada en su acceso a los servicios pblicos. Abrir una perspectiva de izquierdas para la prxima legislatura es plantear en trminos prcticos cmo reunificar la movilizacin por los derechos civiles y por los derechos sociales de la mayora de la poblacin, en una frmula de organizacin del estado que evite las divisiones frentistas de identidad, ofreciendo una respuesta democrtica tanto al problema de la descentralizacin administrativa como a la cuestin nacional.

La poltica tiene su propia autonoma, como demostr la derrota del PP el 14-M. Y la posible victoria o derrota de la derecha en las prximas elecciones generales, ms all de todo determinismo, tambin depender de las estrategias polticas que se sigan para la movilizacin del electorado de izquierdas. Es decir, depende de tambin de t, lector, de todos nosotros.

NOTAS: // 1 Para un anlisis de las elecciones municipales y autonmicas del 27 de mayo ver Gustavo Bster. //2 OCDE Economic Outloock, N 81; cfr. tambin Andrea Rizzi, "El salario real medio ha bajado un 4% en 10 aos pese al fuerte crecimiento econmico", El Pas, 24/06/2007. Me permito subrayar el siguiente parrafo: "Mientras Espaa se acerca a la media europea en cuanto a renta por habitante, no ocurre lo mismo en cuanto a cohesin social. As lo indica la relacin entre la renta del 20% ms rico de la poblacin y la del 20% ms pobre. La quinta parte ms rica gan en 2005 (ltimo ao del que se tienen datos) 5,4 veces ms que la quinta parte ms pobre, segn datos de Eurostat, el rgano que facilita las estadsticas comunitarias. Es una cifra superior a la media de la UE, que se sita en 4,9, siempre segn Eurostat; y muy superior a la de pases como Francia y Alemania, donde se sita alrededor del 4. Lo ms significativo es que en Espaa, entre 2002 y 2005, ese indicador ha experimentado un repunte tras unos aos de descenso. En 2002, el 20% ms rico ganaba 5,1 veces ms que el 20% ms pobre; en 2005, esa diferencia se haba agrandado al 5,4. Detrs de los fros datos estadsticos estn los rostros de millones de pensionistas y de trabajadores en precario".

*Gustavo Bster, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es el heternimo de un analista poltico madrileo.



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