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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2007

El fracaso de Rajoy y los lmites de Zapatero

G. Buster
Sin Permiso


El debate del estado de la nacin en el Congreso de los Diputados, el 3 y 4 de julio, tena en esta ocasin una importancia poltica trascendental. No solo era el ltimo debate poltico general de esta legislatura antes de las elecciones legislativas. Tambin deba ser el escenario de una derrota parlamentaria de Zapatero a manos de Rajoy. Un escenario preparado con la continua movilizacin de la derecha y una oposicin frontal que ha negado desde el mismo momento del 14-M la legitimidad de la victoria de la izquierda. Tras presentar los resultados de las elecciones municipales y autonmicas como una victoria anticipada del PP en las generales a pesar de de la perdida de concejales y gobiernos autonmicos , el debate del estado de la nacin deba permitir a Rajoy exponer su propia alternativa de gobierno y cerrar en la prctica, con la descalificacin de Zapatero, una legislatura pretendidamente destinada a convertirse en un "parntesis" en la historia de Espaa.

Pero Rajoy ha fracasado. Zapatero ha sabido demoler parlamentariamente esta ltima ofensiva institucional de la derecha, sentando as las bases de una removilizacin electoral de la izquierda. Al mismo tiempo, en el debate con ERC e IU-ICV, han quedado patentes los lmites del proyecto poltico que representa, encerrado en una perspectiva de reformas sin cambio de izquierdas o federalista.

La derrota de Rajoy

La estrategia parlamentaria de Rajoy ha sido en el fondo muy simple y la continuacin lgica de la estrategia de oposicin frontal de estos tres aos. En su exposicin, Rajoy ha descartado cualquier mrito del Gobierno del PSOE por la situacin econmica de Espaa con una comparativamente fuerte tasa de crecimiento en un largo ciclo ascendente, ha desdeado como marginal la ampliacin de derechos civiles, ha acusado a Zapatero de "romper Espaa" con sus alianzas con la izquierda nacionalista, de "dividir a los espaoles" con el debate sobre la Ley de la Memoria Histrica, de romper con ello consenso de la transicin y, sobre todo, de ceder ante el chantaje de ETA en el "proceso de paz". Si el planteamiento roz ya la obsesin monotemtica, la conclusin fue plenamente monolemtica: "publique las actas de sus negociaciones con ETA o vyase, porque ya no le creemos". O si se quiere, "publique las actas y vyase, porque habremos confirmado que ha traicionado a Espaa".

Una lnea estratgica que se resume en la movilizacin espaolista del electorado de derechas y en la defensa de un autoconcedido privilegio de veto del PP ante cualquier propuesta poltica o social de la izquierda.

La respuesta de Zapatero estuvo modulada en fases. Primero hizo un discurso triunfalista sobre los xitos de la legislatura, destinado a devolver el sentido y el orgullo al electorado del PSOE. En su primera rplica, demoli a Rajoy, desbaratando uno a uno sus argumentos y reivindicando la credibilidad y la legitimidad del Gobierno frente a una oposicin revanchista y sin alternativa. En su tercera y cuarta intervenciones, Zapatero acorral a Rajoy en el "monotema" de ETA, sacndole del espacio poltico del centro-derecha para situarle en el de una derecha extrema, cerril y poseda del ansia de desquite.

La sensacin de derrota de Rajoy fue general en el Congreso de los Diputados, no slo entre los parlamentarios, sino tambin entre los numerosos periodistas que cubren el debate. Dos das despus, la encuesta de opinin del CIS confirmaba esa impresin //1. La justificacin defensiva del PP para el pinchazo de Rajoy fue escudarse en las limitaciones de tiempo para justificar sus argumentos. Pobre excusa, despus de tres aos de oposicin extraparlamentaria e institucional de una ferocidad sin precedentes. Ms an, teniendo en cuenta que la estrategia oratoria seguida por ambos dirigentes en el debate fue un calco de la del debate del 2006, con resultados muy similares //2.

Balance de los bloques de alianzas

Tan evidente resultado en la confrontacin central del debate gener un clima muy distinto en los intercambios entre Zapatero y los portavoces del resto de los grupos parlamentarios, que de una u otra manera han colaborado con y aun sostenido al Gobierno del PSOE en distintas fases de la legislatura. Se trataba aqu del balance de las distintas formulas de alianzas polticas que han sostenido a su gobierno de manera asimtrica, a derecha e izquierda, a travs de la legislatura. Y de los propios limites del proyecto Zapatero.

Durn i Lleida, portavoz de CiU, volvi a ofrecerse como ministro en un prximo gobierno, sustituyendo la alianza con ERC e IU-ICV por un bloque PSOE-CiU. Pero las dificultades fueron evidentes: reproches sobre las transferencias de competencias para el desarrollo del Estatut de Catalunya y acusaciones de inconsistencia al gobierno tripartito cataln de izquierda. Todos esos argumentos encuentran eco en los sectores ms liberales del PSOE, que han pactado con CiU la orientacin econmica socio-liberal del Gobierno Zapatero. Pero la correlacin de fuerzas real en Catalua no permite abrir esta perspectiva, si no es acompaada de una sustitucin del tripartito por una Generalitat CiU-PSC, en la que los socialistas seran el socio menor, lo que supondra un suicidio poltico para el PSC.

El debate con la izquierda independentista de ERC fue especialmente interesante. Saliendo de la dinmica de la poltica tctica, Agust Cerd lleg a cuestionar los lmites reales del federalismo del Gobierno Zapatero y de su modelo de estado. La respuesta no pudo ser ms transparente: Zapatero no es un federalista, sino un pragmtico que confa en que las reformas autonmicas limitadas sean capaces de desactivar la frustracin acumulada en la Transicin por la negacin de una solucin democrtica de la cuestin nacional catalana, sustituida en su perspectiva histrica por una descentralizacin administrativa modernizadora. Si como todo parece indicar, sectores importantes de ERC estn buscando justificar su giro y salir del tripartito cataln, como han hecho ya del ayuntamiento de Barcelona, ahora pueden esgrimir motivos ideolgicos tangibles. Adems, claro, de las razones tcticas evidentes de disputar a CiU el espacio de la critica al freno desde Madrid del desarrollo competencial del nuevo Estatut.

El PNV, como CiU, subray en un minuto la coincidencia y complicidad con el PSOE en el modelo econmico y presupuestario, y dedic el resto del tiempo a un tira y afloja de la negociacin de los traspasos competenciales. Cualquier diferencia respecto del "proceso de paz" fue borrada en aras a una estratgica "solidaridad entre demcratas" frente a ETA y, tcticamente, tambin contra la izquierda abertzale reagrupada institucionalmente en ANV.

La intervencin del Grupo Mixto, que tuvo que dividir su tiempo entre seis portavoces, no dej de tener su inters, al reflejar un tercer elemento de componente autonmico en los posibles sistemas de alianzas, que es la izquierda nacionalista gallega, vasca, aragonesa y navarra (BNG, EA, Chunta Aragonesista, Nafarroa Bai). Con una posicin ms conciliadora, como corresponde a un socio de gobierno en la Xunta galega, aunque marcando diferencias ideolgicas, el BNG; el resto de la izquierda nacionalista expres ms abiertamente la frustracin y el desencanto acumulados durante toda la legislatura ante la doble actitud de un PSOE "inactivo" como lo defini Uxue Barkos de Nafarroa Bai, siempre temeroso de que sus alianzas con la izquierda nacionalista no sean comprendidas por su propio electorado en otras zonas de la pennsula, hasta el punto de preferir pactar con la derecha, o dejar que sta gobierne en minora (como es la alianza con el PAR de derechas en Aragn, frente a un posible tripartito de izquierdas PSOE-Chunta-IU; o el abandono de la alcalda de Pamplona a UPN para no coincidir en la votacin con la izquierda abertzale de ANV). El respetado portavoz de la Chunta, Labordeta, no pudo ser ms explicito: "Hoy, Sr. Presidente, no hubiramos votado su investidura".

La novedad fue la intervencin desde el Grupo Mixto de los dos representantes de la antigua Coalicin Canaria, hoy escindida por la decisin de la derecha de la Coalicin de aliarse con el PP que hasta ayer mismo haba denunciado la reforma del estatuto canario como "nacionalsocialista" a fin de mantener vara alta en el Gobierno insular, antes que aceptar ser socio minoritario del PSOE. Arriesgada apuesta, que podra hacer crecer a la izquierda nacionalista de Nueva Canarias, imprimiendo un giro al mapa poltico de las islas.

Los lmites de las reformas Zapatero

Gaspar Llamazares y Joan Herrera de IU-ICV, intentaron situar los lmites del Gobierno Zapatero en tres reas: en la democrtica y laica, por sus pactos con la Iglesia Catlica; en la socio-econmica, por la presin de las grandes empresas constructoras y financieras a travs de Solbes y el Ministerio de Economa; y en la ecolgica, por sus cesiones ante las empresas energticas y elctricas, a travs de Clos y el Ministerio de Industria.

Esta presin a favor de unas polticas socio-liberales, que no dejan de hallar tambin sostn en la movilizacin social de la derecha, ha frustrado la aspiracin al cambio social y poltico inicial del Gobierno Zapatero, encerrndolo en el angostsimo horizonte de unas reformas sin otro margen de maniobra que el impuesto por los frreos lmites del modelo econmico, fiscal y territorial heredado de la Transicin y remodelado por los 8 aos de los Gobiernos Aznar. Frente a las crticas de la derecha de que la "economa marcha bien sola, a pesar del Gobierno", Zapatero ha hecho de la gestin socio-liberal de Solbes y del supervit presupuestario su principal activo en el debate del estado de la nacin frente al PP. Pocas concesiones poda hacer en este terreno a las crticas procedentes de la izquierda transformadora, que pide un "giro a la izquierda" para volver a movilizar a su electorado atendiendo ms a las "ambiciones de la izquierda" que a la herencia de los gobiernos de la derecha.

Lo ms significativo es que, como en el caso del debate planteado por ERC, Zapatero ni siquiera pareci capaz de entender los trminos en que se le planteaba la discusin, esta vez sobre la injusticia el modelo socio-econmico y sobre sus inaceptables consecuencias ecolgicas. Frente a las crticas de IU-ICV, slo era capaz de responder que el mayor crecimiento permita ms reparto y un aumento de las polticas sociales, mientras se daban pasos simblicos, ms que significativos, en relacin con el cambio climtico o unas polticas energticas sostenibles. Incapaz de vislumbrar un horizonte distinto del de un "capitalismo de rostro humano", eso s, gestionado desde la lgica del beneficio empresarial. Ante la exigencia de "reformas fuertes" redistributivas por parte de la izquierda, su respuesta era que los sindicatos haban pactado 20 acuerdos en la legislatura y que si ellos eran los representantes de los trabajadores, qu ms poda pedir IU-ICV tanto en el terreno social como el ecolgico. Tuvo empero buenas palabras: reconoci la vala de su continua presin para dinamizar el bloque de izquierdas, del que augur con optimismo y mirando de refiln a los sectores ms liberales del PSOE que continuara en la prxima legislatura.

Esa doble tensin de la "izquierda a la izquierda" del PSOE, consistente en hacer propios los avances de la movilizacin y los pasos progresistas del gobierno, exigiendo al mismo tiempo ir ms all de esas reformas para adentrarse en un cambio poltico y social inequvocamente de izquierda, fue resumida por el propio Zapatero al concluir su ltima rplica: "Sr. Llamazares, respeto que intente subrayar las diferencias, pero respteme porque yo quiera subrayar las proximidades, que son muchas". Esa tensin solo podra resolverse hacia la izquierda con un cambio en la correlacin de fuerzas, a travs de la movilizacin de los movimientos sociales, y con la articulacin, a partir de IU-ICV, de un bloque de alianzas a la izquierda del Gobierno Zapatero con las distintas izquierdas nacionalistas, un bloque capaz de acumule fuerzas institucionalmente a la izquierda de la izquierda.

La victoria parlamentaria no puede sustituir a la movilizacin

Zapatero ha salido victorioso del debate del estado de la nacin. Pero confundir el resultado del debate parlamentario con la verdadera correlacin de fuerzas es olvidar que la fuerza del PP no est en Rajoy que siempre ha sido un candidato de transicin tras su derrota inicial del 14-M y la probable del 2008, sino en la movilizacin extraparlamentaria de la derecha social que lleva ya 8 grandes manifestaciones y en la actuacin permanente de los poderes fcticos institucionales: la Iglesia Catlica, la derecha judicial y los cuerpos superiores de la administracin del estado.

La victoria parlamentaria de Zapatero le da un respiro para removilizar a la izquierda social de cara a las elecciones generales. El PSOE cuenta con una ventaja en intencin de voto que ha aumentado hasta ms de seis puntos por delante del PP //3. Pero, al mismo tiempo, el debate ha sido una muestra de sus contradicciones y limites. Porque la propia poltica socio-liberal divide y fracciona al bloque de izquierdas y a su electorado, como lo hace tambin una poltica autonmica incapaz de integrar la problemtica de la realidad plurinacional de Espaa. Lo cierto es que no hay un proyecto de cambio social y poltico articulado, y que no puede sustituirse ese proyecto con una mera coleccin de propuestas electoralistas, como los 2.500 euros por hijo. Lo que hoy por hoy sigue uniendo al electorado de las distintas izquierdas es el miedo, ms que justificado, a la contrarreforma que implicara una victoria del PP. Y eso no basta.

Ya que no de las soluciones, la percepcin, al menos, de esas limitaciones es lo que parece andar detrs de la remodelacin gubernamental que ha llevado a cabo Zapatero tras el debate. El nombramiento de Carme Chacn en Vivienda es un intento de removilizar el voto joven, especialmente en Catalua, en su principal preocupacin. El de Elena Salgado en Administraciones Pblicas apunta a uno de los ejes anunciados en la prxima legislatura para un segundo Gobierno Zapatero: la modernizacin imprescindible de la administracin central, la rearticulacin del estado autonmico tras la reforma estatutaria y la reforma de la financiacin municipal para salir del crculo infernal de la actual especulacin inmobiliaria. Los de Bernat Soria en Sanidad y Csar Antonio Molina en Cultura intentan rentabilizar el prestigio personal de ambos para el Gobierno, porque la insatisfaccin y la desmovilizacin de los profesionales de la sanidad y del mundo de la cultura es evidente, a pesar de ser un importante elemento del voto de izquierdas de las clases medias.

Todava esta por ver la reaccin del electorado ante un atentado terrorista de ETA, cuyo fantasma ha rondado continuamente el debate, con avisos concretos de que puede hacerse realidad el da menos pensado. sa es una prueba fundamental que queda por delante. Mientras tanto, todas las fuerzas polticas han cerrado filas frente al PP para defender la orientacin del Gobierno Zapatero en el fracasado "proceso de paz" y responsabilizar a ETA de ruptura del mismo. Y se espera el anuncio de la formacin de un gobierno de izquierdas y nacionalista en Navarra para despus de las fiestas de San Fermn.

Zapatero ha retomado la iniciativa poltica y har de estos ocho meses que quedan de legislatura una larga campaa preelectoral. Pero, lejos de significar eso un "giro a la izquierda" basado en la movilizacin social, Zapatero parece optar una vez ms por una accin institucional "desde arriba", arbitrando y gestionando a derecha e izquierda, asimtricamente, sus posibles formulas de alianzas contra el PP. Sin una movilizacin social real, no se podr salir de lo que Zapatero considera su circulo virtuoso del mejor de los mundos posibles. Un mundo, empero, que, a pesar de la bonanza econmica, dista por mucho del que necesitan imperiosamente amplios sectores de la poblacin trabajadora, para los que el "no nos defraudes" sigue siendo una reivindicacin de cambio social en profundidad. Cmo articular esa aspiracin es la tarea que tiene por delante la izquierda alternativa.

NOTAS: 1// Pocos das despus, la encuesta de opinin del CIS daban una imagen del alcance de esa derrota de Rajoy: "El presidente del Gobierno, Jos Luis Rodrguez Zapatero, es considerado como el ganador del Debate sobre el estado de la Nacin celebrado esta semana en el Congreso, segn se refleja en el sondeo que anualmente realiza el Centro de Investigaciones Sociolgicas (CIS). En concreto, el 43,9 % de los espaoles apuesta por Zapatero, frente a un 16,5 % se decanta por Rajoy. Segn los encuestados, el presidente demostr sobre todo moderacin (71,1%), capacidad de encajar las crticas (63,6%), iniciativa poltica (61,7%) y conocimiento de los problemas del pas (60,3%). Frente a estas cifras, el 34,2% de los encuestados considera que Rajoy demostr moderacin, el 34,4% cree que tuvo capacidad para encajar las crticas, el 52,7 por ciento le reconoce iniciativa poltica y el 55,9%, conocimiento de los problemas del pas" (Europa Press 6-7-07). Los ndices son demoledores teniendo en cuenta que tanto Zapatero como Rajoy buscaban atraer los votos del centro poltico. 2// Ver en este sentido la crnica del debate del 2006 publicada en Sin Permiso: G. Bster "El paraso de los posible, no de lo necesario" (5-6-06). La comparacin permite apreciar las tendencias a medio plazo de la estrategia del PP y del Gobierno Zapatero y la gestin de su poltica de alianzas asimtrica con el "bloque de izquierdas" (IU-ICV, ERC) y la derecha nacionalista (CiU, PNV). 3// El Pulsmetro de la cadena SER es una encuesta de opinin realizada con llamadas telefnicas, que muestra tendencias ms que proporcionar ndices ajustados. El realizado tres das antes del debate ya mostraba una intencin de voto del 44% para el PSOE y 38% para el PP lo que subraya una vez ms la falsa ilusin proyectada por los analistas del PP tras las elecciones municipales y autonmicas del 27 de mayo-, ligero crecimiento de IU hasta el 5%, y cada de casi un punto de CiU (2,4%) y ERC (1,5%). En el Pulsmetro realizado tras el debate, el PSOE se reforzaba hasta el 45%, pero el PP tambin sube medio punto, 38,5%. Tras el cara a cara entre Zapatero y Rajoy en el Congreso, sube en ocho puntos los encuestados que consideran que el PSOE ganara si hoy hubiera elecciones generales: el 50% cree que ganara Zapatero y el 28% opina que ganara el PP, seis puntos menos que en la ltima encuesta. An son ms (un 52%) los que quieren que gane Zapatero frente a los que quieren que los haga Rajoy (un 32%).

*Gustavo Bster, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es el heternimo de un analista poltico madrileo.


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