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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2008

El reconocimiento de la beligerancia es la antesala de la paz

Alberto Cruz
CEPRID


El debate sobre el reconocimiento de la guerrilla colombiana como fuerza beligerante est abierto. El simple hecho de que Chvez haya dicho una verdad de Perogrullo a los ojos del Derecho Internacional ha provocado tal pnico en el mundo que slo con ello ya se ha ganado una batalla: en Colombia hay un conflicto armado que va a cumplir ya casi 50 aos y que no tiene visos de solucin si no es a travs de un acuerdo de paz que vaya ms all de una simple entrega de las armas por parte de los guerrilleros. Es decir, no slo la paz entendida como ausencia de conflicto sino como consecuencia de una reformulacin de la poltica econmica y su consecuencia ms inmediata, una mejor distribucin de la riqueza y el fin de la injusticia social.

Para llegar a ese acuerdo de paz hay que transitar, necesariamente, por acuerdos intermedios y uno de ellos es tanto el reconocimiento de la guerrilla como fuerza beligerante como el que permita el intercambio de prisioneros. Prisioneros, y no secuestrados. La mayor parte de las personas que estn en poder de las FARC y estn incluidas dentro del acuerdo humanitario son soldados y policas. Salvo que en Colombia estemos asistiendo al mismo espectculo que en Israel, donde el agresor se convierte en vctima, no es lo mismo atacar a un tanque que a un autobs, a un militar que a un civil.

Israel cada vez que un resistente palestino (guerrillero, insurgente, pongamos la terminologa que sea preciso) lanza un cohete, ataca un tanque, un convoy de soldados, un asentamiento o un autobs de lnea cataloga dicha accin como terrorista. Da igual que la resistencia palestina contra la ocupacin de su territorio est amparada por el Derecho Internacional o que haya proporcionalidad entre los medios utilizados por los resistentes y los objetivos perseguidos, que no son otros que la retirada israel a las fronteras de 1967; la lucha armada palestina no est bien vista. Todo es terrorismo.

En Colombia cada vez que en una accin de combate la guerrilla captura a un soldado o un polica se habla de secuestro. Y cada vez que se pone encima de la mesa el reconocimiento de derecho de la figura de fuerza beligerante, tal y como reconoce el Derecho Internacional, se reacciona con la etiqueta de terrorismo. El presidente de Colombia, lvaro Uribe, no es precisamente un intelectual. Es un hombre simple y un personaje sin relieve, capaz de decir una cosa y su contraria sin despeinarse. Un hombre obsesionado con la derrota militar de la guerrilla y un personaje tan sumiso a los intereses de su gran patrn, los EEUU, que no tuvo el menor reparo en ser el nico presidente latinoamericano en apoyar la invasin, ilegal, de Irak. Uribe dio una patada al Derecho Internacional apoyando la invasin del pas rabe y la vuelve a dar ahora cuando se menciona la posibilidad de reconocer, de derecho, una figura jurdica de la que ya goza la guerrilla colombiana de hecho.

Guste o no, las organizaciones que componen la guerrilla colombiana no son, como dicen Uribe y todo el frente meditico-militar que le arropa, organizaciones terroristas que cambiaron sus viejas ideas de revolucin marxista por el mercenarismo financiado por las drogas ilcitas y, adems, engendraron el terrorismo paramilitar (1) sino organizaciones poltico-militares con un programa concreto, pblico y reiterado. Tanto que el antecesor de Uribe en la presidencia, Andrs Pastrana, el hombre que propici las conversaciones de paz en San Vicente del Cagun, reconoci que el carcter poltico del conflicto armado colombiano es innegable y que tiene su origen y se alimenta en situaciones estructurales de injusticia y exclusin social, poltica y econmica.

Pero Pastrana se acongoj cuando la guerrilla de las FARC-EP puso encima de la mesa la reformulacin de la poltica econmica. A la oligarqua colombiana no le preocupa la bsqueda de una solucin negociada, siempre y cuando no se toque la poltica econmica que la ha enriquecido desde siempre. Ese, y no otro, fue el motivo por el que Pastrana decidi romper unilateralmente las conversaciones y poner fin a la zona de distensin. En repaso a cmo el frente meditico-militar trat las reivindicaciones econmicas de las FARC es muy instructivo al respecto. Y aprovechando que se haba producido el famoso 11-S y que Bush buscaba terroristas por todo el mundo, decret que las FARC, y el ELN, eran organizaciones terroristas. As, sin ms y por arte de birlibirloque.

Hobbes y los actos de hostilidad contra la disidencia

El comunicado que Uribe y su frente meditico-militar han difundido sobre por qu la etiqueta de terrorista debe colgarse a la guerrilla no tiene desperdicio, por su simpleza. Primero, achaca a la guerrilla la formacin del paramilitarismo. Viene a decir que si no hubiese existido la guerrilla, los paramilitares no habran surgido. Por esa regla de tres, si no existiese el capitalismo y no se fortaleciese con situaciones de violencia estructural y pobreza no surgiran ni sindicalistas, a quienes se asesina ao tras ao antes, durante y lamentablemente despus de Uribe, ni luchadores sociales a quienes se asesina ao tras ao antes, durante y lamentablemente despus de Uribe puesto que el asesinato de este tipo de luchadores es inherente al sistema poltico colombiano. Pero, adems, es que la falacia de Uribe y su frente meditico-militar es eso, una falacia. Los paramilitares fueron creados por el Estado, actuaron bajo su amparo y personajes como Uribe siempre han estado medrando al calor de la sangre que estos personajes hicieron correr por todo el pas y a quienes ampararon y amparan.

Durante el mandato de Uribe 150 dirigentes de la izquierda han sido asesinados, el ltimo Alirio Gutirrez, un joven perteneciente a las Juventudes Comunistas que estaba exiliado en Venezuela. Durante el mandato de Uribe, 282 dirigentes sindicales han sido asesinados, segn datos de la Central Unitaria de Trabajadores. Durante el mandato de Uribe, se han contabilizado 936 ejecuciones extrajudiciales atribuibles a la Fuerza Pblica segn la Coordinacin Colombia-Europa-Estados Unidos en un informe hecho pblico el pasado mes de octubre en Medelln. La propia ONU ha solicitado una investigacin sobre 37 ejecuciones de dirigentes sociales por parte del Ejrcito a quienes se present como guerrilleros cados en combate. Y a estas cifras habra que sumar las de desaparecidos.

En Colombia hay un terrorismo de Estado. Los dirigentes y las fuerzas de seguridad colombianas han pasado por alto, con impunidad, los valores y las normas que subyacen al derecho que dicen representar y han convertido la estructura legal en un arma de opresin para sus enemigos internos. Es lo que Hobbes denominaba actos de hostilidad, es decir, actos dirigidos contra alguien que no es polticamente obediente al Estado, a la autoridad legal,. Y en estos actos de hostilidad, para Hobbes cualquier imposicin de castigo es legtima. Es decir, en Colombia no hay lmite para la violencia contra los disidentes, sean izquierdistas, sindicalistas o defensores de los derechos humanos.

El texto oficial del gobierno colombiano explica que los guerrilleros son terroristas porque se financian con el narcotrfico; secuestran, ponen bombas indiscriminadamente, reclutan y asesinan nios, asesinan mujeres embarazadas, asesinan ancianos y utilizan minas antipersonales dejando a su paso miles de vctimas inocentes; destruyen el ecosistema; lo nico que han producido es desplazamiento, dolor, desempleo y pobreza; secuestran en cualquier parte. Simple, propagandstico y falso. Pero supongamos que es as. En ese caso, la guerrilla habra perdido hace mucho tiempo apoyo.

Al gobierno colombiano y a su frente meditico-militar habra que exigirle, al menos, un cierto rigor intelectual y reconocer que se estara, por lo tanto, ante un terrorismo revolucionario. Y, en ese caso, entramos dentro de la categora de partidos y movimientos revolucionarios en los que el terror se emplea como arma auxiliar puesto que no es de recibo que un ataque a un puesto militar, o una comisara de polica sea considerado acto terrorista ya que el objetivo es claro. Salvo que entremos en la misma paranoia que utiliza Israel contra los palestinos, como indicaba ms arriba y que tan de moda est entre el frente meditico-militar que se opone a cualquier acuerdo de paz negociado si no es entendido como paz igual a rendicin.

Cada vez que se utiliza el trmino terrorista se hace con una finalidad peyorativa contra los insurgentes. Sin embargo, hay importantes diferencias, tericas y prcticas, entre la guerra de guerrillas, sea urbana o rural, y el terrorismo. La guerrilla puede combatir con escasez de miembros y de armamento pero puede luchar, y as lo hace con frecuencia, de acuerdo a las convenciones de la guerra, capturando e intercambiando prisioneros y respetando los derechos de los no combatientes. Los terroristas no hacen esto con frecuencia. Esa es una diferencia importante entre un terrorista y un guerrillero.

La Convencin de Ginebra

Uribe y su frente meditico-militar quieren poner puertas al campo. Piensan que un simple calificativo puede cambiar de raz el rumbo del conflicto armado en Colombia. Pero, an as, el calificativo de terroristas que no oculta el hecho de que se pueda negociar por razones humanitarias aunque esa negociacin se haga con una interlocucin guerrillera claramente definida y con atribuciones esencialmente polticas. Ese estatus poltico de la guerrilla no se perder, ni ahora ni nunca, al igual que EEUU en Irak, Israel o Colombia, exponentes del terrorismo de Estado, no pierden su condicin de Estados.

Tampoco la guerrilla pierde la condicin de fuerza beligerante puesto que cumple, a carta cabal, los presupuestos que son reconocidos en el Derecho Internacional Pblico para establecer tal condicin y que, tanto en su vertiente terminolgica como aplicativa, es de aplicacin al conflicto interno colombiano tal y como ha sido sancionado por la Convencin de Ginebra de 1948 y los Procololos I y II adicionales, de 1977, suscritos por Colombia. As, el Protocolo I establece como combatientes legtimos a los rebeldes que a) lleven un uniforme conocido por el adversario; b) que lleven abiertamente las armas; c) que estn a la dependencia de un comando responsable; d) que respeten las leyes y costumbres de la guerra. No cabe duda que esta es la realidad en Colombia, quiera o no Uribe y su frente meditico-militar. Y no es a Colombia a quien le compete su reconocimiento, sino a terceros Estados, tal y como sucedi en 1984 cuando Francia y Mxico reconocieron al Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional de El Salvador como fuerza beligerante.

Uribe lo que pretende es la guerra total. Sabe que el reconocimiento de la guerrilla como fuerza beligerante humanizara el conflicto al tiempo que pondra unas bases slidas para el inicio de un dilogo de paz. Un dilogo en el que se abordasen los aspectos que estn el origen de la aparicin de la guerrilla y que an se mantienen vigentes. Mantener lo contrario no es otra cosa que fuegos de artificio, apostar por ms sufrimiento y enconar el conflicto.

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(1) Comunicado de la Presidencia del gobierno colombiano. 11 de enero de 2008.



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