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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2008

La campaa electoral y su desenlace en el Reino de Espaa

G. Buster y Antoni Domnech
Sinpermiso


Terminada la campaa electoral, pudo decirse que las elecciones legislativas que han tenido lugar hoy en Espaa parecan ms bien presidenciales. Lejos de estar en solucin de continuidad con la legislatura anterior, la campaa ha querido comprimirla y transformarla en una mercanca, cuyo principal valor aadido pareca la sola credibilidad de los mercaderes ante unos ciudadanos trocados en inermes consumidores de poltica preempaquetada. Los intensos procesos de cambio social vividos en la Espaa de las dos ltimas dcadas; la reubicacin geopoltica y geoeconmica del pas en su relacin "reconquistadora" con Amrica latina, no menos que en su relacin con la UE pos-referndum o en sus rspidas relaciones con la poltica belicista norteamericana; las nuevas pero ya no tan incipientes tensiones sociales derivadas de la precarizacin del trabajo y de la continuada prdida de la proporcin de la masa salarial en relacin con el PIB; la estupefaciente beligerancia de una jerarqua eclesistica recrecida en el nacionalcatolicismo; las fricciones acumuladas entre el pas real y unas estructuras administrativas y territoriales cada vez ms arcaicas y deslegitimadas; todo eso, y acaso ms, ha intentado condensarse en un dilema formulado a modo de pregunta publicitaria: Zapatero o Rajoy?

El dilema responde a la fuerte polarizacin social, poltica e ideolgico-cultural de estos cuatro aos, que no es exclusiva de Espaa, pero que adopta aqu rasgos singulares. Si en Alemania u Holanda, por ejemplo, se expresa esa polarizacin en la creciente prdida del peso electoral sumado de los dos grandes partidos tradicionales con base popular la socialdemocracia y la democracia cristiana que se disputan un "centro" menguante y en el paralelo robustecimiento de la pluralidad poltica con el auge de otras opciones ms a la izquierda la Linke en Alemania, el nuevo partido socialista de Marijnissen en Holanda o en la radicalizacin de otras opciones de derecha la FDP de Guido Westerwelle en Alemania, los nuevos grupos abiertamente xenfobos en Holanda o en Blgica, en Espaa, en cambio, el encogimiento del "centro" se expresa en forma bipartidista. Con una radicalizacin real de la "oferta" poltico-ideolgica del PP, el partido nico y tradicional de la derecha, que coloca, quieras que no, al partido mayoritario de la izquierda, el PSOE, en una posicin a la izquierda de lo que en la UE se entendera por "centro", si no en cuestiones de poltica econmica bsica, s en materia de derechos civiles, en la defensa ms o menos consecuente del laicismo y en los alardes de retrica social.

Ya en las elecciones de 2004, marcadas por el atentado terrorista del 11 de marzo, el voto del PSOE y del PP alcanz el 80% del sufragio total, sumando entre los dos partidos 312 de los 350 diputados de las Cortes. (Ahora, tras las elecciones de hoy, suman ya 323, y recogen de consuno cerca del 85% del sufragio popular.) Desde entonces, la fuerte movilizacin institucional y extraparlamentaria de una derecha autoconvencida de la falta de legitimidad de la victoria de Zapatero y capaz de forjarse una capilaridad social otrora patrimonio de la izquierda, as como el consiguiente amedrantamiento de una izquierda estupefacta y enigmticamente desmovilizada ante la perspectiva del regreso de esa derecha extrema y empeada en el desquite, no han hecho sino reforzar la tendencia a que la polarizacin cobre en Espaa la forma del bipartidismo. Una forma, claro est, a la que contribuye de modo eminente una ley electoral diseada precisamente para castigar a las opciones polticas a la izquierda del PSOE, sealadamente a Izquierda Unida, cuyos diputados le cuestan unas siete u ocho veces los votos que les cuestan a los dos partidos mayoritarios.

La abstencin como problema poltico crucial

La opinin poltica pblica espaola est dominada por la izquierda y por el centroizquierda. Ningn socilogo poltico competente discute eso. Como record la semana pasada el director de campaa del PP en una controvertida entrevista al Financial Times, la nica posibilidad de que la derecha gane unas elecciones en Espaa es provocando la abstencin de una buena parte de la izquierda social, la "izquierda voltil", o, como prefieren llamarla los peritos electorales socialistas, la "izquierda exquisita" en torno a 2 millones de potenciales electores, que slo a regaadientes sale a veces de la abstencin para votar al PSOE de mala gana (y que tampoco parece distinguir ya muy bien entre la oferta del PSOE y la de IU).

No es de extraar, por eso, que el eje de la campaa del PSOE y del PP haya sido la abstencin. El PSOE necesitaba movilizar electoralmente a un 25% de sus potenciales votantes para asegurar unos resultados similares a los del 2004, con ms de 4,5 puntos de ventaja sobre el PP (42,5% frente al 37,7%). Pero la alta participacin final del 75,3% le sita a solo unas dcimas de las tasas extraordinarias del 2004, que superaron la media de participacin electoral habitual del 69%.

La legislatura ha estado marcada por una gestin "en fro" por parte del PSOE de su victoria del 2004, conseguiendo "fidelizar" institucionalmente por esa va el mayor ciclo de movilizacin social tras el franquismo, el que se dio entre 2002 y 2004, al tiempo que evitaba la continuidad autnoma de la misma en la calle. Frente a la fuerte movilizacin de la derecha social y poltica, la respuesta de la direccin federal del PSOE fue la de no responder en la calle, y a medida que se acercaban las elecciones, evitar o limitar cualquier movilizacin de la izquierda social, poniendo obstculos a la participacin de los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT. Los ejemplos ltimos ms notables han sido la desconvocatoria de la manifestacin antifascista del 2 de diciembre en Madrid o las relativas al 8 de marzo en defensa del derecho al aborto en el da de la mujer. Para no hablar de la falta de apoyo a las luchas sindicales del transporte municipal o a los servicios de limpieza en Madrid o Barcelona.

Conscientes de eso, y desde el activo electoral de contar con su propia base social tensamente movilizada en su totalidad despus de cuatro aos de "gimnasia" reaccionaria, los peritos en tcticas del PP han fundado su estrategia en crear las condiciones para la abstencin de los votantes socialistas. Con toda transparencia, Gabriel Elorriaga lo explicaba incautamente as al corresponsal del Financial Times en la entrevista antes mencionada: "Sabemos que nunca nos votarn. Pero si podemos sembrar suficientes dudas sobre la economa, sobre la inmigracin y sobre cuestiones nacionalistas, entonces quiz se quedarn en casa".

Cmo cohonestar esa perentoria necesidad de movilizacin del electorado socialista con la negativa a movilizar a la izquierda social? La respuesta de los peritos electorales del PSOE ha sido el "viaje al centro". La bsqueda de un supuesto elector moderado, nada entusiasta de la movilizacin callejero-clerical de la derecha, y al que, a falta de estmulos ideolgicos positivos, los estrategas electorales del PSOE han querido atraer a las urnas o por el disgusto ideal ante el espectculo de una derecha energumnica o por el gusto material de unas golosinas fiscales.

Un "viaje al centro" pauloviano de estmulos fiscales

El "centro" del electorado ha sido construido as socialmente de una manera pauloviana, con estmulos fiscales que contrarresten el otro "miedo" alimentado por el PP en esta campaa, el miedo a la crisis econmica. Tras doce aos de crecimiento ininterrumpido, basado en un insostenible modelo de ladrillo y deuda familiar para el consumo, las clases medias han alcanzado unos niveles de consumo que se ven amenazados por la desaceleracin econmica. "Viajar al centro" se ha convertido, para los peritos en estrategia del PSOE, en la necesidad de responder al miedo de esas clases medias "la gente corriente que no llega a fin de mes", en el idioma de Rajoy, lo que ha resultado en una pattica subasta con un PP insincera y falsariamente catastrofista.

El "ofertn" estrella del PSOE fue la rebaja fiscal de 400 euros en las declaraciones del IRPF, que afectaran a 13,5 millones de contribuyentes. Su carcter lineal excluye per se a los sectores con menos ingresos, que no estn obligados a declarar (el 40% de los asalariados, segn CC OO, no llega a los 1.200 euros brutos mensuales), y sus efectos sobre las rentas ms altas es mnimo. Se trata, por lo tanto, de una medida diseada para las clases medias, plagiada de las medidas anticclicas de la administracin Bush y cuyos resultados econmicos son harto cuestionables.

Por parte del PP, las ofertas fiscales incluyeron una rebaja lineal del 16% en la declaracin del IRPF, eximir del impuesto a todos los asalariados con ingresos anuales inferiores a los 16.000 euros y una devolucin fiscal de 1.000 euros a todas las mujeres contribuyentes. Ambos partidos coinciden en rebajar los impuestos sobre los beneficios de sociedades y en acabar con el impuesto sobre el patrimonio.

Puestos a contabilizar esas rebajas fiscales, las ofertas del PSOE alcanzan los 5.000 millones de euros, mientras que las del PP que se ha negado a hacer las cuentas con exactitud, podran alcanzar los 15.000 millones de euros. Si se tiene en cuenta que el supervit anual ha sido de un 2% del PIB en 2007, y que el total del supervit esperado es de unos 40.000 millones de euros, las rebajas fiscales para las clases medias supondran entre el 12% (PSOE) y el 37% (PP) del supervit, antes de entrar en otras promesas electorales destinadas a otros sectores y que, en el caso del PSOE, llegaran hasta los 22.000 millones de euros.

La respuesta del PSOE al miedo a la desaceleracin econmica estimada, en el peor escenario, en una cada del crecimiento del PIB del 3,8% a un 2,4% en el que la economa espaola no sera ya capaz de crear empleo adicional se escenific en el primer debate televisivo de la campaa electoral entre el Vicepresidente Solbes y el pretendido economista estrella del PP, el expresidente de Endesa Manuel Pizarro. Si el objetivo era vender credibilidad para la gestin econmica de la desaceleracin, Solbes consigui deshacer macro-econmicamente con su supervit las preocupaciones de esas "familias que no llegan a fin de mes" de las que se pretenda portavoz Pizarro. Eso pinch desde el primer momento uno de los balones capitales de la campaa electoral del PP.

Solo Izquierda Unida, desde los mrgenes, se molest en sealar que el objetivo no deban ser los recortes fiscales, sino, por el contrario, converger con la UE en gasto social, calculando el dficit social en unos 70.000 millones de euros y proponiendo un aumento del 1% del PIB anual en gasto social a travs de una poltica de acceso universal a derechos ciudadanos.

La TV como gora electoral prioritaria

La televisin se ha convertido en el gora electoral por definicin, y se ha centrado en los dos debates entre Zapatero y Rajoy. El debate con el resto de los partidos, tambin en dos partes, quedaba marginado por el propio formato, que imitaba el de Rajoy y Zapatero pero en el que no participaban stos, sino dos candidatos secundarios del PSOE y del PP. Hasta los actos electorales pblicos se han diseado como espectculos televisivos que pudieran ser recogidos por los telediarios en su momento culminante.

De un debate poltico colectivo y ciudadano se ha pasado, as pues, a un gora virtual prisionera de sus propias condiciones de puesta en escena y de una gramtica meditica parda. La contienda electoral plural troca un duelo singular, del que se hace depender la suerte de todos: hay que tomar partido, es decir, que hay optar por uno de los dos partidos.

En los debates entre Zapatero y Rajoy, seguidos por ms de 13 millones de espectadores de un cuerpo electoral de poco ms de 25, el resultado del duelo fue ligeramente favorable a Zapatero, en el primero, y claramente, en el segundo. Todos los temas de la legislatura reaparecieron: Irak, ETA, el terrorismo islamista, las polticas econmicas y sociales, las reformas estatutariasDe nuevo, como en el debate entre Solbes y Pizarro, pareca un pulso por la credibilidad en el que el PP tena que superar el estigma de su gestin de los atentados terroristas del 11-M y el PSOE los del dialogo con ETA para el proceso de paz en Euskal Herria. Ambos candidatos se acusaron continuamente de faltar a la verdad, de manipular cifras y hechos, o simple y bochornosamente, de mendacidad.

En el comn deseo de dar forma y apariencia bipartidista a la real polarizacin poltico-ideolgica de la vida pblica espaola, los debates acabaron siendo la palabra de uno, en nombre de la derecha, contra la palabra del otro, en nombre de una izquierda, ay!, que quera "viajar al centro". En el segundo debate, los asesores de Zapatero creyeron poder escapar de este dilema con el "libro blanco" de los datos que aportaba. Pero las encuestas demostraron que ninguno haba convencido a los votantes del otro. Que Rajoy, abandonada ab initio cualquier pretensin de dirigirse al "centro" desde el veto a la presencia de Gallardn en las listas del PP, estaba completamente solo, mientras que el discurso de Zapatero llegaba, ciertamente, al resto de los votantes que no eran ni del PSOE ni del PP, pero slo consegua robustecer el bipartidismo, no a cuenta del xito de su pretendido "viaje al centro, sino a costa de las terceras partes excluidas a su izquierda IU-ICV y ERC. Porque el centro-derecha nacionalista cataln y vasco de PNV y, sobre todo, CiU ha podido rentabilizar a su favor en estas elecciones el ser la alternativa a los socialistas en su propio mbito poltico diferenciado.

Lo que estuvo ausente de los debates fue una perspectiva de cambio poltico y social. Nada de enfrentar de cara los problemas acumulados de modernizacin tras un fuerte ciclo de crecimiento econmico que ha presionado hasta el limite muchas de las estructuras administrativas y polticas diseadas e instituidas en la Transicin de finales de los aos 70 y comienzos de los 80. La "nia de Rajoy", la grotesca metfora ya utilizada en varias campaas en Amrica Latina por la derecha para visualizar los retos del futuro, lleg en el caso del PP a limites esperpnticos. Zapatero se limit a prometer vagarosamente ms de lo mismo: se ve que sus asesores de imagen le haban convencido de ser la personificacin del mejor de los mundos posibles.

El miedo a la emigracin

El nico tema nuevo de esta campaa ha sido el tratamiento de la poltica emigratoria por parte de Rajoy. Calco de las propuestas de Sarkozy en Francia, su adaptacin espaola se la debemos al consejero de la Comunidad de Madrid y exdirector de la FAES, Jos Fernndez Lasquetty. Al miedo a los nacionalistas que rompen Espaa, a la crisis econmica que no deja llegar a fin de mes a las familias, el PP ha decidido aadir el racismo y la xenofobia en la figura amedrentante del inmigrante ganapn que compite con los espaoles por unos servicios pblicos y unos derechos sociales escasos.

Con unos porcentajes de poblacin inmigrante que han pasado en siete aos del 4% al 12%, Espaa ha aguantado razonablemente bien esta formidable transformacin demogrfica sin precedentes, gracias a las altas tasas de crecimiento econmico, a la elevada proporcin de emigrantes latino-americanos, ms cercanos lingstica y culturalmente, y no hay que olvidarlo a la solidaria memoria colectiva de un pueblo que fue l mismo emigrante hace slo dos generaciones. Pero el miedo a la emigracin se enquista en los sectores mas desfavorecidos de la poblacin espaola, los que compiten en la precariedad y en un paro friccional del 8% que implica una reforma del mercado laboral encubierta. El intento de "fidelizacin" del voto asalariado del PP y, al mismo tiempo, la bsqueda de la abstencin de los votantes socialistas coinciden en este tema, de creciente relevancia a medida que se desarrollaba la campaa.

La propuesta del PP de un "contrato de integracin" que deberan firmar los inmigrantes residentes legales en Espaa, comprometindose a aprender el espaol (no, por supuesto, las lenguas cooficiales) y a respetar las costumbres, llen de estupor a la audiencia cuando Rajoy explicaba que era la nica forma de evitar la poligamia o la ablacin ritual del cltoris en territorio espaol, como si no se tratase de delitos perfectamente tipificados ya en el cdigo penal y de prcticas sociales de rara incidencia. Con tendenciosa lgica "securitaria" se converta en problema una inmigracin de la que depende ya una parte substancial de las pensiones espaolas (ms de un milln, probablemente), y, con la estlida afirmacin de que "no cabemos ms", se ha llegado a rechazar de antemano cualquier legalizacin de emigrantes irregulares que se acercaran ya al medio milln-, a condenar la regularizacin del Gobierno Zapatero de otros 700.000 al comienzo de la legislatura y a prometer la expulsin inmediata del pas de todos los emigrantes, legales o no, que sean condenados a menos de 6 aos de crcel, dando as a entender de pasada una espuria correlacin entre inmigracin y criminosidad.

En una precampaa electoral no se olvide marcada en parte por las manifestaciones y actividades de organizaciones fascistas y xenfobas contra los emigrantes, Rajoy ha hecho suyas en buena medida sus propuestas por la va rodeada de la derecha francesa "respetable". Lo ms grave es el eco que ha tenido el "contrato de integracin", aceptado segn las encuestas por el 56% y rechazado slo por el 42%. La aparicin de esta posicin poltica xenfoba de la emigracin en el debate bipartidista de "Estado" supone una seria amenaza de futuro.

ETA y la crnica de un atentado anunciado

El vil asesinato del militante socialista vasco Isaas Carreo por ETA el ltimo da de la campaa hizo baj de la peor forma posible la campaa virtual del PSOE y el PP a las duras realidades de los conflictos marginados. La ilegalizacin de las opciones polticas de la izquierda abertzale tras los atentados de ETA que pusieron fin al "alto el fuego indefinido", impidindole concurrir a estas elecciones responde al miedo de la direccin del PSOE a que el fracaso de las negociaciones de paz se convirtieran en el centro del debate de la campaa electoral. De hecho, el PP hizo todo lo posible por convertir el atentado de la T-4 del aeropuerto de Madrid en el 11-M del atentado de la Estacin de Atocha, contraponiendo las mentiras ciertas de Aznar en 2004 a las pretendidas mentiras de Zapatero en 2008.

El "cordn sanitario" de detenciones selectivas al comienzo; cada vez menos, despus contra la izquierda abertzale; los macrosumarios contra sus organizaciones sociales fundados en la "doctrina Garzn" de que "todo es ETA"; la negativa a cualquier contacto directo o indirecto con la direccin de Batasuna, incluso cuando, como en el caso de Otegui, seguan defendiendo el proceso de paz como nico horizonte posible; todo ha cumplido la funcin de proteger a Zapatero de las criticas del PP, avalando la afirmacin de que el actual Gobierno haba hecho en cualquier caso menos concesiones que el de Aznar, a pesar de las hinchadas expectativas.

Pero el efecto sobre ETA de esta estrategia era presumible tambin: una escalada terrorista para mantener su propia base social, fuertemente erosionada y cada vez ms tentada de buscar alternativas claramente hostiles a la violencia. El atentado mortal de ETA era una crnica anunciada por el mismo Rubalcaba, quien slo poda la capacidad policial y en la suerte para frustrar el golpe. En la retorcida tctica de ETA, la eleccin como vctima de un militante socialista, y no del PP, trae consigo el mensaje de que no le interesaba volcar hacia la derecha el resultado electoral. Por lo dems, el clima de perceptible hostilidad contra la izquierda abertzale generado por el atentado entre la poblacin vasca les hace, de hecho, ms difcil a los militantes de la izquierda abertzale acercarse a las urnas y ejercitar otra opcin que no sea la abstencin exigida por ETA, incapaz ya hasta de de controlar la disciplina del voto en blanco propiciada al comienzo de la campaa.

Estn por ver las consecuencias de los ttricos clculos tcticos de ETA. Lo que es ya evidente es que, lejos de mantener un pabilo de esperanza en una solucin pacfica del conflicto, refuerza an ms, si cabe, la marginacin de la izquierda abertzale, excluyndola definitivamente como posible parte poltica en la campaa por el derecho a decidir anunciada por el Gobierno Vasco para el prximo otoo.

Los retos de la prxima legislatura

Los resultados finales suponen la subida de algo ms de un 1% del PSOE, que obtiene 5 diputados ms. Lo mismo que el PP, el cual, sin embargo, aumenta en casi un 3%. CiU mantiene su nmero de escaos, con una ligera cada de 0,3%, mientras que ERC es fuertemente castigada, pasando de 8 a 3 diputados y perdiendo la mitad de su electorado. El PNV prcticamente se mantiene, aunque pierde 1 diputado y el 0,4% de sus votos, y el PSE le desplaza como primera fuerza poltica en Euskadi. Lo mismo ocurre con el BNG, en coalicin con el PSOE en la Xunta gallega, que repite escaos y porcentajes. O con Nafarroa Bai. Coalicin Canaria pierde un escao y el 40% de sus votos, tras la crisis que dividi al nacionalismo canario en opciones de derecha e izquierda. IU-ICV ha sido la fuerza ms castigada al perder 3 de sus cinco parlamentarios, el propio grupo en el Congreso y el 20% de sus votos, aunque, con cerca de un milln de votos, sigue siendo la tercera fuerza poltica del Reino de Espaa. Rosa Daz y la UPyD han conseguido entrar en el Congreso por Madrid, con el 1,22% de los votos.

Los resultados dan un amplio margen de maniobra al PSOE en esta segunda legislatura. Al mismo tiempo que se consolida la forma bipartidista de polarizacin poltica a nivel nacional, abre probablemente una crisis de sucesin en el PP, y hace del PSOE el eje de cualquier poltica de alianzas tanto a nivel territorial como social, con un abanico de fuerzas que slo pueden aspirar a influir parlamentariamente sobre su orientacin, no a determinarla.

A medida que la derrota de Rajoy se haca ms probable, en especial tras el primer debate, una parte del discurso de los candidatos del PP ha girado hacia la posibilidad de acuerdos entre los dos grandes partidos. Es decir, a reclamar de nuevo un derecho de veto del PP sobre las polticas de cambio. Los resultados electorales, que dan una subida de cinco escaos a cada una de las dos grandes fuerzas polticas del Reino, vendrn a reforzar las exigencias de la derecha social y poltica de buscar una salida institucional que lime las aristas de las estrategias de confrontacin tenazmente mantenidas en esta legislatura. Para sectores significativos de la derecha empresarial y financiera la otra formula, no incompatible con los "pactos de Estado" con el PSOE-PP, es un gobierno de coalicin PSOE-CiU que asegure la gestin de la desaceleracin econmica y la problemtica transicin hacia un nuevo modelo de desarrollo conforme a sus intereses.

Zapatero ha reiterado en la campaa su voluntad de mantener la actual situacin de alianzas ocasionales, ora con la derecha nacionalista, ora con IU-ICV y las izquierdas soberanistas. Cualquier cambio de orientacin depender ante todo de la capacidad de presionar desde la movilizacin. La acumulacin de conflictos parciales sindicales como consecuencia de la presin de la desaceleracin econmica es patente en los ltimos meses. La direccin de CC OO se ha implicado de manera inusual en el apoyo a la campaa de Izquierda Unida, ms consciente de este dilema del Gobierno Zapatero, aunque el resultado de esos esfuerzos haya sido nulo. Y junto a la cuestin social, el conflicto territorial toma cuerpo en el desafo del Gobierno Vasco de impulsar en otoo una consulta sobre el derecho a decidir y en las decisiones del Tribunal Constitucional sobre el recurso contra el nuevo Estatuto de Catalua y sobre la negociacin de la financiacin Estado-Comunidades Autnomas, decisiones de las que depende en buena parte la legitimidad social de las nuevas reformas autonmicas.

Para todo ello sera, no solo conveniente, sino imprescindible un "giro a la izquierda". Hoy la izquierda alternativa cuenta desgraciadamente con menos instrumentos polticos para impulsarlo, en la medida en que IU-ICV pierde peso sustancial en el Congreso. Tanto en Madrid como en Barcelona se ha visto que lo que queda de la izquierda institucional (IU y ICV) no puede ya seguir viviendo electoralmente de la inercia de un pasado heroico. Ni con dogmas arcaicos, ni con obtusos sectarismos impolticos, ni menos con vagarosas esperanzas y promesas de futuro acomodables a voluntad a las duras realidades del presente. Las bases socio-electorales potenciales de esa izquierda siguen, desde luego, existiendo. Pero si algo ha dejado claro este 9 de marzo es que para sacarlas de la abstencin asqueada, de la abulia apoltica, de la inocua exasperacin de la antipoltica o del voto til nacido del miedo bien fundado a una derecha postfranquista reafianzada socialmente no basta una labor parlamentaria honrada y relativamente eficaz, y no basta, y aun sobra, la retrica publicitaria del zascandil autocomplaciente ("ms izquierda", "la izquierda de verdad"). Es preciso un trabajo programtico y organizativo que arranque desde la base, que se construya capilaridad social, y que sea intelectualmente ms serio, ms concienzudo, polticamente ms profundo, ms democrtico, ms tenaz, ms consistente; ms al estilo de la Linke de Lafontaine y Gissy o del nuevo partido socialista radical de Marijnissen. Esa es la tarea que tiene ahora verosmilmente por delante.

Gustavo Bster es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, Antoni Domnech es el Editor general de SINPERMISO.




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