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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2008

Mumbai, la elite india y los naxalitas

Alberto Cruz
CEPRID


Los atentados de Mumbai (Bombay en castellano) realizados a finales de noviembre han desatado todo tipo de anlisis, especialmente geopolticos. Sin duda los intereses de los EEEU, Gran Bretaa e Israel no hay que olvidar que entre India e Israel hay una alianza estratgica que tiene mucho que ver en el reciente auge del islamismo en India- estn en juego, as como el intento de balcanizar la zona y, de forma especial, Pakistn. Este pas es la clave en la regin pues tiene fronteras con Irn, Afganistn, India y China adems de estar situado muy cerca de las repblicas ex soviticas de Asia Central, ricas en recursos energticos y, sobre todo, en gas. Afganistn, al igual que Irak y a pesar de la guerra y del auge de la insurgencia talibn, ya est lo suficientemente desestructurado como para que represente problema alguno en cuestiones energticas. Slo faltan Pakistn e Irn. Esos son los objetivos a largo plazo del eje imperialista-sionista. Y de los dos pases, el ms dbil es el primero.

Sin embargo, pocos anlisis por no decir ninguno- han abordado el frente interno de India. Y es aqu donde, tambin, hay que mirar de forma especial. Los ataques de Mumbai han sido un golpe a los smbolos de la elite econmica india y, por primera vez, este sector privilegiado donde le haya ha sentido miedo de forma directa. En un pas donde las cuatro quintas partes de la poblacin viven con poco ms de un euro al da no sorprende que cuando se ha tocado la esencia de la oligarqua india se haya desatado el infierno.

Muy al contrario de lo ocurrido en otras ocasiones. En la misma ciudad de Mumbai, en el ao 1993, dos atentados masivos e indiscriminados, y coordinados, provocaron 257 muertos en barrios populares. En el ao 2006 una serie de ataques coordinados contra la red de trenes ocasionaron 186 muertos en esa misma ciudad. Ni la prensa, ni la elite poltica, ni la econmica mostraron preocupacin alguna. A fin de cuentas, estos muertos eran de los otros, de los de siempre, de las clases populares. Si no les matan en atentados indiscriminados como stos, a fin de cuentas morirn por no tener que comer, as que qu ms da!, pensaban.

Han sido muy pocas las voces que han podido traspasar la barrera de clase que se ha levantado con los atentados de Mumbai. Una de ellas, la de Farzana Versey, escritora, artista y periodista alternativa y freelance residente en Mumbai (1), pone el dedo en la llaga cuando afirma que ella se niega a meterse en el mismo saco que los dems colegas y no utiliza la palabra condena cuando habla de los recientes atentados. Eso le ha costado represalias en los medios con los que colaboraba, que ya no la publican sus anlisis y artculos. Farzana Versey pone el nfasis no en los hoteles de lujo atacados, o en las cafeteras chic, sino en la estacin de tren, o en el hospital, o en los policas que se enfrentaron a los atacantes con armas poco menos que de la edad de piedra, segn dicen. Y eso no gusta a la elite poltica y econmica: les han acatado a ellos, por favor, y hay que solidarizarse con ellos y slo con ellos. Las otras vctimas son prescindibles, por qu preocuparse de los desechables?

La Agencia France Press viene a recoger algo parecido en uno de sus cables cuando afirma que los millones de privilegiados de este pas de 1.100 millones de habitantes tienen la sensacin de que esas tragedias [los atentados con vctimas ms numerosas que las que ha habido en este ltimo de Mumbai] apenas los conciernen, porque afectan principalmente a las clases populares (2).

Antes de los ataques de Mumbai en otras ciudades de India (Varanasi, Jaipur, Bangalore, Nueva Delhi, Surat y Ahmadabad) se haban producido atentados masivos e indiscriminados en el mes de septiembre sin que el lloriqueo meditico fuese similar al de ahora. Apenas un breve o un suelto en pginas interiores y nada en las televisiones. Tambin los responsables de los mismos fueron islamistas, pero la diferencia es que las vctimas no eran representantes de la elite econmica.

Nadie habla, ni habl entonces, de por qu los islamistas han comenzado, al menos desde 2003, una serie de atentados indiscriminados por todo el pas. Nadie ha recordado, como bien pone de manifiesto Farzana Versey, que en 1992 la demolicin de la mezquita de Babri en Ayodhya (Uttar Pradesh) provoc una revuelta que termin con 900 muertos, que los responsables policiales de la matanza fueron ascendidos y que ni un solo responsable poltico dimiti; o que en 2002, en Gujarat, tuvo lugar una matanza de ms de dos mil musulmanes.

Y es que en India hay 160 millones de musulmanes que son los parias de los parias, es decir, estn muy por debajo de los intocables, de los dalit en el sistema de castas, y ningn gobierno ha hecho mucho por cambiar la situacin, como denuncia Kavita Srivastava, Presidenta de la Unin para las Libertades Civiles de los Pueblos (PUCL por sus siglas en ingls). Lo mismo sucede con los cristianos, los adivasi (indgenas) o los dalit.

Y todo ello por no hablar del fundamentalismo hind que se est extendiendo por toda la sociedad y que ha llevado, tardamente, a que hayan sido detenidos militares, uno de ellos teniente coronel, de una clula hindusta que haban atentado en la ciudad de Malegaon, una accin que haba sido atribuida a los islamistas. Hablamos slo de los aspectos religiosos, no de la comn represin policial sobre los movimientos populares, como la ocurrida en el mes de mayo de 2008 que caus 16 muertos en Rajastn y que an est por investigarse, por mencionar una con un nmero de vctimas elevado. Pero hay ms, muchas ms sin que el Estado indio se haya rasgado las vestiduras. Y no digamos la oligarqua.

El envidiable desarrollo indio

India como la mayor democracia del mundo. India como el pas con el desarrollo ms envidiable del planeta. La India democrtica como contrapeso de la China autoritaria en esa parte de Asia. India dentro del tren de la modernidad occidental. India y Bollywood. Estos son los tpicos y estereotipos de los nios bien, de la clase media acomodada de Delhi, Mumbai o cualquier otra de sus ciudades satlites, que comen sus hamburguesas o sus pizzas como en cualquier cafetera de occidente porque se niegan a comer la comida ladaqu o beber el tradicional t con mantequilla porque prefieren los refrescos de cola, compran la ropa en las tiendas Versace o Mango, los relojes en Cartier, hablan ingls, se pasean con sus coches de lujo ellos no utilizan el tren ni los masificados y casi imposibles medios de transporte pblicos- o en sus motos de gran cilindrada y muestran sus mviles de ultimsima generacin mientras, condescendientemente, lanzan una moneda a quien hace unas gracias en la acera con piruetas o cualquier tipo de actuacin para poder comer algo ese da.

Son los privilegiados, ese poco menos de 250 millones de personas la poblacin total es de 1.097 millones- que han hecho de India su cortijo particular desde que en 1990-1991, aprovechando la cada de la Unin Sovitica, el pas arrojase por la borda la poltica socializante, que no socialista, desarrollada por Nehru y abrazase con la fe del converso el liberalismo econmico. El actual primer ministro, Manmohan Singh, era entonces el ministro de Finanzas. Al impulsar el neoliberalismo, el Estado abandonaba, de hecho, cualquier pretensin de igualdad social, tal y como haba pretendido siempre Nehru.

Esa poltica econmica, tan alabada, ha desintegrado el entramado local de interdependencia, ha debilitado los lazos familiares y comunitarios y ha puesto al consumo en el centro de la vida si se quiere tener reconocimiento social. Lo dicen los propios empresarios espaoles (4) cuando afirman, en un extenso informe donde se alaban las oportunidades de inversin en India, que el aumento de la inversin que hace el gobierno central en la economa rural implica que el poder de compra de este gran segmento de poblacin aumentar y esto es una noticia muy buena para fabricantes de telfonos mviles y proveedores locales o extranjeros de hipotecas para la compra de viviendas, as como fabricantes de bienes duraderos como electrodomsticos y otros aparatos electrnicos.

Los empresarios espaoles consideran, adems, signos de progreso la eliminacin de las obsoletas leyes laborales de India que en la dcada anterior disuadieron la inversin extranjera y alaban la creacin de las Zonas Econmicas Especiales que, en nmero de 339 quiere impulsar el gobierno central por todo el pas. En estos momentos hay 40 ZEE en funcionamiento y son reas que, gracias a las desgravaciones fiscales que hacen que las empresas no paguen ningn impuesto, gozan de ventajas fiscales y econmicas para favorecer la productividad y donde se puede eludir la legislacin normal del pas en materia laboral, sindical y ambiental con el objetivo de atraer inversores locales y extranjeros.

Por lo tanto, el envidiable desarrollo de India se asienta sobre otra realidad mucho menos conocida. Digmoslo en palabras de Arjun Sengupta, Presidente de la Comisin Nacional para las Empresas del Sector No Organizado: el 77% de la poblacin de la India, 853 millones, es pobre y vulnerable y tiene una capacidad de consumo inferior a las 20 rupias diarias (0,40 euros aproximadamente). Sengupta clasifica a la poblacin en seis grupos: los extremadamente pobres, los pobres, los marginalmente pobres, los precarios o vulnerables, los que tienen ingresos medios y los de ingresos altos. Dice que el porcentaje de extremadamente pobres ha descendido desde 1994 del 30,7% al 21,8% pero slo para engrosar las filas de los marginalmente pobres y los precarios, cuyo ndice de consumo se sita en esas 20 rupias diarias. Esos son los prescindibles, las vctimas de los atentados masivos que en los ltimos cinco aos, por lo menos, viene sufriendo India de forma peridica.

La divisin entre la enorme mayora de pobres, esos 853 millones, y el resto, 244 millones, para ser exactos, es total y absoluta. No se mezclan y son los privilegiados, que se pueden dividir a su vez en clase media, ms o menos acomodada (unos 200 millones), y ricos (unos 44 millones), quienes controlan el pas, quienes controlan el parlamento, quienes controlan los medios de comunicacin. Pongamos un ejemplo reciente: a mediados de noviembre, antes de los atentados de Mumbai, se realizaron elecciones locales en varios estados. En uno de ellos, Chhattisgarh, bastin de la guerrilla naxalita, de los 687 candidatos oficiales figuraban 42 millonarios (en India se considera millonario a cualquiera que posea al menos 10 millones de rupias). De ellos, 19 pertenecan a las listas del Partido del Congreso (autocalificado como centrista y en el gobierno estatal, al que tambin perteneci Nehru), 7 al Bharatiya Janata (Partido del Pueblo, derecha hindusta) y cinco al Bahujan Samaj (clase media). Adems, haba otros 53 inmersos en procesos por corrupcin (3). Como en muchas otras partes, la historia de India es una historia de clase.

Y es la clase econmicamente ms poderosa, la oligarqua y los terratenientes, la que, antes de los atentados de Mumbai que les han afectado directamente, se senta amenazada por la expansin naxalita y presionaba al gobierno central para que el Ejrcito se sumase a la lucha contra los maostas. El Ejrcito indio tiene una larga tradicin de fuerza laica y apoltica. Al contrario que la polica, que suele apoyar a los nacionalistas hindes (Hindutva, supremaca hind) en los enfrentamientos inter-comunitarios, el Ejrcito siempre ha actuado como una fuerza neutral. Pero para la elite econmica eso tena que cambiar ante el auge naxalita. Sus intereses estaban en juego a largo plazo.

Los maostas indios nutren sus filas de combatientes de todas etnias, castas y religiones. Por ejemplo, en Orissa, la mayora de naxalitas provienen de las comunidades cristianas, mientras que en otros estados son dalit e, incluso, de origen musulmn. La utilizacin del Ejrcito contra los maostas supone un problema para el gobierno indio, pero no para la oligarqua.

El 23 de noviembre, tres das antes de los ataques de Mumbai, el primer ministro Singh haba pronunciado un discurso ante un auditorio selecto de altos cargos de la Polica y otros organismos de seguridad en el que, una vez ms, consider a los naxalitas como el principal problema interno de India (5) reconociendo que a pesar de los esfuerzos que se han y se estn realizando, las medidas adoptadas hasta el momento no han dado los resultados deseados", en referencia al plan gubernamental para contener el avance de la guerrilla: iniciar un programa de desarrollo de las zonas ms empobrecidas de India, modernizacin de la Polica, creacin de infraestructuras viales que sirvan tanto a las poblaciones como para facilitar el traslado rpido de las fuerzas policiales y la creacin de seis escuelas de guerra, es decir, la formacin de unidades antiguerrilleras para poder atacar y destruir los campamentos naxalitas en la selva.

Al mismo tiempo, pidi a los medios de comunicacin una mayor beligerancia contra los maostas. Tambin insisti en el tema el ministro del Interior, Shivraj Patil, para quien "una adecuada poltica de medios de comunicacin ayudara a la polica a obtener la confianza de los ciudadanos (6) en la lucha contra los maostas.

El fracaso de las medidas del gobierno central se debe a dos razones: primera, la expansin naxalita parece imparable, actuando en 14 (15 segn el Centro Asitico de Derechos Humanos) de los 28 estados de India (Chhattisgarh, Jharkhand, Uttar Pradesh, Asma, Uttaranchal, Kerala, Tamil Nadu, Bengala Occidental, Gujarat, Andhra Pradesh, Madhya Pradesh, Orissa, Maharashtra y Bihar) lo que, en cifras, significa que en 182 distritos, de un total de 602 en que est dividido administrativamente el pas, son los maostas quienes controlan la situacin. Adems, los naxalitas estn comenzando a extenderse a las ciudades, especialmente a las zonas obreras e industriales de Delhi, Mumbai, Raipur, Pune y Jammu alternando las acciones propagandsticas con las militares. El propio gobierno indio consideraba hace un ao que entre el 30% y el 35% del territorio de India est bajo el control de los naxalitas (7) porcentaje que ser mayor en la actualidad y de ah la ensima preocupacin del primer ministro y la oligarqua india; segunda, porque los maostas han logrado crear su propio sistema de distribucin pblica en amplias zonas rurales de al menos cuatro estados en los que actan: Jharkhand, Chhattisgarh, Bihar y Bengala Occidental.

Esto, de hecho, supone un gobierno de poder popular y los terratenientes de esos estados estn muy asustados ante la posibilidad, real, de que los campesinos busquen la proteccin de los maostas en los conflictos de tierras como ya ha ocurrido en Uthar Pradesh. Y en las ltimas semanas se han incrementado sustancialmente las acciones maostas contra destacamentos policiales (el ltimo, con cinco muertos, el pasado da 6 en Jharkhand) u ordenando paros armados (como en los distritos de Gajapati, Kandhamal y Rayagada, del estado de Orissa) en protesta por la represin policial contra campesinos y que han sido secundados de forma masiva. Incluso en las elecciones locales que han tenido lugar estas ltimas semanas, en las zonas donde operan los naxalitas el boicot ha sido masivo, de forma especial en Chhattisgarh, donde pese a que el porcentaje total de voto se ha situado en el 53% (y aqu los paramilitares de Salwa Judum han tenido un papel preponderante, amenazando a quien no fuese a votar) en determinados distritos apenas ha llegado al 21%, como ocurri en Bijapur, por mencionar slo caso de ese boicot.

La elite econmica, la oligarqua india, est cada vez ms preocupada por el auge naxalita. Los maostas indios plantean una guerra popular prolongada, mientras que los atentados de Mumbai les han llegado sin avisar. Pero para la elite econmica y la oligarqua india hay un orden de prioridades claro: a pesar de los ataques terroristas de Mumbai, la nacin [India] tiene otra amenaza, ms grave, ms insidiosa, y la representa la extrema izquierda naxalita. () Los maostas no son un enemigo a tomarse a la ligera. A menos que sean eliminados, pueden causar mucho dao (8).



Notas:

(1) www.farzana-versey.blogspot,com, 5 de diciembre de 2008.

(2) AFP, 7 de diciembre de 2008.

(3) Prensa Latina, 19 de noviembre de 2008.

(4) La empresa espaola ante el reto de la India, Casa Asia, 2007. Pg. 15 y 16.

(5) AFP, 23 de noviembre de 2008.

(6) Times of India, 24 de noviembre de 2008.

(7) Alberto Cruz, La Izquierda en India (I): la revolucin naxalita http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article278

(8) The Pioneer, 8 de noviembre de 2008.


Alberto Cruz es periodista, politlogo y escritor especializado en Relaciones Internacionales.

[email protected]


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